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Las víctimas ya no tienen que corear aquello de “Mazón dimisión”, pero sí se oye alguna voz que demanda prisión. Su despedida como honorable presidente de la Generalitat Valenciana no ha podido ser más chabacana y bochornosa. En lugar de asumir su inexplicada negligencia, se ha presentado como una pobre víctima que no puede seguir en el cargo al sentirse perseguido. Se considera objeto de una cruel campaña que le utiliza como chivo expiatorio, por utilizar la expresión de su amigo Abascal que suscribe Feijóo. Su desafección para con los fallecidos y sus familias ha perseverado hasta el final.
Mantendrá unos privilegios vitalicios que desde luego no parece merecer su penosa gestión y no deja el acta de diputado, porque le da pánico declarar ante la juez instructora del caso. Unas elecciones anticipadas, le dejarían al pie de los caballos e intentarán acordar cualquier candidatura para evitarlo, dejando el gobierno autonómico en manos de Vox, que ganaría poco adelantando elecciones, porque ya tiene la sartén por el mango. A Mazón le deben los pactos autonómicos por doquier y que Feijóo no tuviese tan buenos resultados en las generales como esperaba. No podían tener mejor infiltrado en las filas del PP.
Las declaraciones de su comensal en el Ventorro nos dicen que firmaba documentos y recibía llamadas mientras comía. Cabe suponer que le informaron de cómo iba gestándose la tragedia, pese a lo cual niega haber tenido conocimiento de nada y eso que según Feijóo le mantuvo puntualmente informado desde un primer momento. No duda en exhibir de nuevo sus propias mentiras y contradicciones para justificar una inhibición incomprensible. Al ir hacia el parking hablaba de fútbol y de madrugada negó que supiera nada de cuanto acontecía mientras estuvo comiendo.
Hay detalles un tanto escabrosos como lo del cambiarse de ropa durante la comida y el rato en que anduvo completamente desaparecido. Pero en cualquier caso, tarde o temprano, tendría que rendir cuentas ante la justicia y enfrentarse a una realidad que no coincide con sus fantasías. Que presente ahora una baja médica para no acudir a la comisión del Congreso le retrata como un cobarde y hace pensar que, al no reconocer su lamentable y fatídica negligencia, quizá sea simplemente “una mala persona”.



