martes. 16.04.2024
residencia

Que son exactamente el número de mayores instalados en residencias a quienes les fue negado un derecho básico que gozan todos los ciudadanos: ser atendido y cuidado por los servicios de sanidad disponibles. Una sentencia a muerte en toda regla, porque regla hubo, una tan inhumana que el responsable de su firma optó por dimitir antes que manchar sus manos con la sangre que ahora los madrileños masivamente aclaran entres las suyas.

Y no hay eximente. En los meses duros de la pandemia este asunto pudo soslayarse por encontrarnos inmersos en un sinfín de problemas médicos, sociales, económicos y de salud mental. Pero ha pasado el tiempo, se ha reposado el ajetreo, hemos tenido tiempo de ver con distancia y con claridad que la comunidad de Madrid, en particular su presidencia, forzó la máquina para que a unos ciudadanos cautivos en una red tan sórdida como las propias cárceles se les aplicase la pena máxima. El protocolo que se ejecutó con saña es idéntico en su función al de las condenas a muerte que se dictan en Irán o Tailandia contra personas desprotegidas o sin posibilidad de escapatoria. Con la diferencia que el convicto de Madrid jamás supo que hubiese cometido delito o falta alguna.

Suena duro, pero no hay espacio moral para esconderse. Lo que se hizo en Madrid exige un levantamiento al estilo del dos de mayo

Suena duro, pero no hay espacio moral para esconderse. Lo que se hizo en Madrid exige un levantamiento al estilo del dos de mayo, y esta ciudad-comunidad ha optado por lo contario, por hacerse el sueco, desentenderse, resultar comprensivo con la abrumadora avalancha y la escasez de medios. Si tal era la escasez, entonces ¿por qué no se hizo por sorteo por ejemplo? ¿Por qué cebarse con los más desprotegidos? Por una sencilla razón, porque ellos seguramente no mejorarían las ratios de deshospitalización e iban a ser muy visibles para los medios acampados en las puertas de los centros. Así es que así se hizo, tal como los Nazcas ofrecían sacrificios a los dioses de las cosechas, la presidencia de la comunidad entregó a miles de ciudadanos a una muerte desoladora porque murieron solos, abandonados, probablemente confundidos y llevándose con ellos el peor de los regustos que esta puta vida nos pasa por la boca. Y los madrileños aplauden y premian. Quién sabe, quizás sea una manera de evitarse el maltrago de pugnar con nuestras conciencias por no haber actuado cuando el daño y el dolor se producían ante nuestras narices y bastaba con salir a aplaudir a la ventana para aliviarse.

Vivo en Madrid y asumo la parte de la culpa que me corresponde por no haber actuado con la dignidad que otros sí mostraron. Y sé que ese camino de dignidad tiene una única dirección, la de navegar al margen de la comunidad a la que aludo. Qué le vamos a hacer, no soy el primero ni seré el último. Quienes desde el siglo XVII hemos ansiado un mundo mejor, laico, basado en la razón y acunado en la cultura conocemos bien nuestro destino: preguntad por el relatado hereje Cipriano Salcedo, por Goya, Machado, Sert o Picasso. Todos los esfuerzos por incorporar la atrasada realidad española a la modernidad han acabado desplazados por las arteras maniobras de quienes se benefician del atraso, apoyándose en los zotes, los merluzos y los incapaces, que son muchos.

En breve tendremos una nueva contienda en la que parece que el presidente del actual gobierno desea contrastar modelos políticos y herramientas de gestión frente a las crisis. Anda el hombre convencido de que el suyo, y en parte el de los progresistas, desbordará al rácano discurso del odio, la rabia y el sinsentido. Lamento decir que esto no va a ocurrir, es efectivamente un sinsentido y por ello no puede abordarse como si lo tuviese. Personas que han tenido su pensión congelada con un aumento pírrico del 0.25 con el gobierno anterior del PP, han logrado un incremento indexado a la inflación de un 8%, pero han votado por el señorito. ¿Por qué lo han hecho? ¿Por razones morales? ¿Ésas que les eximen de su responsabilidad en los muertos inaceptables de las residencias de mayores?

Los madrileños se corresponsabilizan de la muerte de 7.291 personas