domingo. 14.07.2024

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Afortunadamente, se han iniciado los trabajos para un Pacto por los cuidados y se desarrollan varios estudios en el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 acerca de temas que interesan mucho para las personas mayores, para las políticas públicas: Hoja de ruta de la Estrategia estatal de cuidados, y con el IMSERSO el primer censo sobre centros residenciales, las actuaciones del SEAM (Servicio Estatal de Atención a Personas Mayores), Investigación cualitativa sobre diagnósticos y planes de ciudades y comunidades amigables con las personas mayores. Una visión global de la Red Española. Por supuesto, con otras actuaciones que serían demasiadas para enumerarlas aquí.

Destaca la intervención de la Directora del IMSERSO en la reunión del Grupo de   Composición Abierta sobre Envejecimiento (OEWGA) en Naciones  Unidas, que este año tuvo lugar los días 20 al 24 de mayo en Nueva York, donde se valora la posibilidad de comenzar a trabajar en una Convención Internacional sobre los derechos de las personas mayores.

Una Convención de las Naciones Unidas sobre los derechos de las personas mayores debería garantizar: autonomía, dignidad, participación social y relaciones interpersonales. Superando sin abandonar los derechos a la salud, al cuidado, la seguridad o el envejecimiento activo desde el ejercicio físico, considerando el envejecimiento desde lo emocional, lo social y la participación. Se explican sus objetivos en los siguientes términos:

1.- Proporcionar un marco integral para promover y salvaguardar sus derechos, abarcando áreas como la atención médica, la protección social, el empleo y la participación en los procesos de toma de decisiones.

Naciones Unidas designó hace más de una década el 15 de junio como Día  Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez

2.- Servir como una herramienta poderosa para combatir la discriminación por edad, la discriminación y el abandono, al mismo tiempo que fomenta una sociedad inclusiva y amigable con las personas de edad para todos.

3.- Abordar la acuciante cuestión del abuso y la negligencia hacia las personas mayores, que sigue siendo una preocupación mundial

4.- Establecer pautas y mecanismos claros para prevenir, detectar y abordar casos de abuso, ya sea físico, emocional o financiero.

5.- Promover la importancia de la dignidad, la autonomía y la independencia de las personas mayores, garantizando al mismo tiempo que tengan acceso a la justicia y a sistemas de apoyo.

6.- Contribuir a un cambio en las actitudes y prácticas sociales creando conciencia y estableciendo estándares para el tratamiento de las personas mayores, fomentando en última instancia una cultura de respeto y cuidado de nuestra población mayor [1].

En este marco es de esperar que este mes de junio se realicen acciones contra los abusos y el maltrato en la vejez, en la medida en que se insiste, con mucha razón, en las condiciones de salud y seguridad en las residencias pero no se destacan las situaciones vividas en otros centros o en el domicilio. En general, da la impresión de correr un tupido velo sobre las actitudes de la familia hacia sus mayores más vulnerables.

Naciones Unidas designó hace más de una década el 15 de junio como Día  Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, considerando que: “El maltrato a las personas mayores es un problema  social mundial que afecta a la  salud y los derechos humanos de millones de personas mayores en todo el mundo y es un problema que merece la atención de la comunidad internacional”

Por esto, en este artículo pretendemos hacer visible la importancia de la toma de conciencia, de la realización de campañas de sensibilización contra los abusos y el maltrato. El ejercicio de la violencia es lo más evidente en términos físicos, pero los diferentes tipos de abusos o discriminaciones en especial sobre las mujeres mayores, no son tan percibidos como tales. 

Tenemos la obligación de visibilizar otros tipos, que por problemas, ignorancia o negligencia se producen en el trato con la vejez

En particular, algunos de los efectos de ciertos edadismos, como ese estilo de paternalismo que trata a las personas mayores con actitudes que infantilizan, reforzando dependencias que no son necesarias mientras la persona pueda realizar determinadas actividades. También, impidiendo el ejercicio de la toma de decisiones se está ejerciendo una forma de maltrato que limita y atenta contra la dignidad de la persona mayor.

Hemos asistido a demasiados abusos comerciales o financieros, con engaños que no se persiguen como acciones ilegales, pero que se transforman en un atentado contra los derechos de las personas mayores. Incluso en los servicios sociales o la sanidad también existen tratamientos o relaciones que contribuyen a la falta de respeto a la toma de decisiones o la discriminación de no escuchar por considerar de forma negativa las actitudes o las necesidades de las personas mayores.

Desde un punto de vista personal puedo manifestar, sin complejos, la evidencia de que los años nos traen dolencias y limitaciones, pero que un médico muy joven me diga casi como regañina “señora, son los años” o “eso es por la edad” como diciendo que no es necesario tratamiento porque es lo natural, no debe ser muy positivo ni adecuado. Que un familiar ejerza violencia o insultos cuando una persona mayor dependiente tiene un problema de incontinencia, no puede considerarse inevitable. 

Los niveles de abuso pueden tipificarse, porque algunos no lo parecen o han sido tan habituales que no se consideran abuso. En la vida cotidiana, cuando se exigen más compromisos de los que puede asumir física o mentalmente la persona mayor. Y algunas tareas emocionalmente gratificantes, se transforman en pesadas cuando la salud se resquebraja. Elaborar una comida que significa estar mucho de pie o con esfuerzos de las manos, si hay artritis por ejemplo, no puede hacerse para satisfacer el deseo de un familiar. El tema de los nietos o nietas, si conlleva obligaciones penosas, a veces extralimitan las capacidades de personas con determinadas dolencias, pero no se valoran las acciones necesarias ni la edad de las personitas a cuidar [i]. 

Más ejemplos que muestran la necesidad de caracterizar el tipo de abusos o de maltrato y el perfil de las personas que abusan o maltratan

Dejando de lado el abuso sexual, que como las meigas, existe. Tenemos la obligación de visibilizar otros tipos, que por problemas, ignorancia o negligencia se producen en el trato con la vejez. Abandonos relacionados con la higiene, con la comida o con los medicamentos o hábitos que parecen inofensivos, como no dar agua a partir de una hora determinada para que no mojen la cama, cuando la hidratación es fundamental para la salud (sobre todo cerebral); no comer al mismo tiempo cuando la persona mayor necesita el contacto social y se siente aislada. La contención física puede ser maltrato si se aplica sin necesidad real o con métodos inadecuados.

El maltrato psicológico, reconociendo que es muy difícil soportar el comportamiento de algunas personas mayores, sin formación para discernir qué conductas son negativas y cómo neutralizarlas, puede plantear un empeoramiento de la salud emocional. Las amenazas, castigos, humillaciones, insultos, el menosprecio, rechazo de opiniones y deseos, ridiculización, infantilización, impedir formas de autonomía o autogobierno, tienen distintos niveles, pueden ser poco frecuentes o repetitivos. 

En estos tiempos que nos ha tocado vivir,  un abuso habitual en la familia y muy grave en las instituciones (ilegítimo como poco)  es la falta de respeto de la voluntad de voto, negando su independencia, preparando la papeleta sin consultar ni respetar la elección de la persona mayor. 

El abuso económico se refiere a toda explotación, aprovechamiento o uso impropio de los bienes y enseres de la persona cuidada. Puede consistir en sustracción, falsificación de objetos y/o documentos, apropiación ilegal de bienes del otro… En algunos casos puede conllevar daños, forcejeo, sustracción, amenazas, etc.

Otro tipo de maltratos son los derivados de la institucionalización en centros o residencias, sea por escasez de personal, por el modelo de gestión o por la concepción sobre el trato que debe darse a las personas mayores dependientes, aparecen intervenciones inadecuadas, reacciones impertinentes, incluso violencias. Por eso, la importancia de abordar la desinstitucionalización, la adopción de otras soluciones que tengan en cuenta la voluntad de la persona (un 80% quiere quedarse en su casa), atendiendo el problema de la vivienda, desde la atención domiciliaria hasta la convivencia intergeneracional.

Combatir el edadismo, ya que es una de las principales razones por las que el maltrato a las personas mayores recibe tan poca atención

Por muchas de estas razones es relevante conocer los análisis existentes y promover estudios o investigaciones para caracterizar las formas del abuso y el maltrato en la vejez y los perfiles de quienes lo ejercen. Acompañados de los factores de riesgo, individuales, socioculturales, relacionales, de género, de clase social, por el nivel de estudios y sobre todo: la trayectoria de vida de la persona mayor, que engloba lo anterior y puede significar el definitivo reconocimiento de la heterogeneidad del envejecimiento [2].

Incluir siempre la perspectiva de clase y de género, teniendo en cuenta la trayectoria vital de cada persona mayor, nos permite huir de las soluciones estandarizadas, rutinarias o mecánicas, tipo receta para todo. Por eso, la tipología del abuso o el maltrato tiene que ir acompañada de los factores de riesgo y de las características de la persona que cuida. 

No podemos olvidar los abusos y los maltratos que se cometen contra las cuidadoras profesionales, en sus condiciones de trabajo, en sus salarios, en sus horarios, en las exigencias que llegan al abuso sexual o el control que esclaviza. Bien por parte de la persona mayor bien por sus familiares, la degradación de la función de cuidado transforma en indecentes muchas de las actitudes y situaciones que viven las trabajadoras. Si el cuidado lo ejerce alguien de la familia (casi siempre mujer) hay que tener en cuenta los factores de riesgo o los efectos del tipo de vida que implica el cuidado, desde la sobrecarga emocional hasta el cansancio físico o los conflictos por el deterioro de las conductas de la persona mayor. Sobre todo: es un trabajo no remunerado, sin horarios ni condiciones objetivas, marcado por la presión social y costes vitales.

Volviendo al meollo de la cuestión, un capítulo especial del 15 de junio (2022) cuando la OMS recomendaba:

  • Combatir el edadismo, ya que es una de las principales razones por las que el maltrato a las personas mayores recibe tan poca atención.
  • Generar más datos y de mejor calidad para concienciar sobre este problema.
  • Concebir soluciones rentables para poner fin a este tipo de maltrato
  • Elaborar un argumentario a favor de la inversión en este tema para convencer de que es un dinero bien empleado.
  • Recaudar fondos, ya que se necesitan más recursos para abordar este problema.

Lo imprescindible pasa porque las políticas públicas asuman el problema, sensibilizando con campañas, demostrando con estudios, promoviendo la visibilización que consiga sacar del cajón de las costumbres las formas de abuso o maltrato que se viven como naturales. Ya existen estadísticas diferenciadas sobre el maltrato institucional en residencias o en la familia, con muy altos porcentajes sufridos por las personas mayores más vulnerables. Además, si de cada 6 personas que sufren abuso o maltrato, 4 no denuncian, el conocimiento es una herramienta fundamental. Saber las modalidades y los niveles de conciencia de todo tipo de discriminaciones y en particular del edadismo, el abuso o el maltrato es fundamental [3].

Denunciar y visibilizar el ejercicio de la violencia, distintos tipos de abusos, en especial sobre las mujeres mayores

Por estas y otras muchas razones, este 15 de junio 2024, Día mundial de toma de conciencia del abuso y maltrato en la vejez debemos reclamar:

1. Concienciación, campañas de sensibilización, contra los abusos y el maltrato, incluidos los prejuicios edadistas, el paternalismo que infantiliza, etc.

2. Denunciar y visibilizar el ejercicio de la violencia, distintos tipos de abusos, en especial sobre las mujeres mayores 

3. Crear protocolos específicos en sanidad, servicios sociales, entidades financieras o comerciales, para detectar los abusos

4. Promover estudios o investigaciones para caracterizar las formas del abuso y el maltrato en la vejez y los perfiles de quienes lo ejercen

5. Incluir siempre la perspectiva de clase y de género, teniendo en cuenta la trayectoria vital de cada persona mayor

Sin olvidar, que las desigualdades sociales, las amplias brechas de clase generan los mayores riesgos producto del desconocimiento, de las sobrecargas de tareas, y otras alteraciones basadas en la pobreza, que, además, se entronca mayoritariamente con el género. Sin analizar la clase social, el género, el nivel de estudios, el origen étnico, la autonomía real, en suma la trayectoria de vida, no se pueden proyectar intervenciones eficaces.


[1] Help Age Internacional y otras organizaciones sociales
[2] Infolibre 
[3] Help Age (2020): La discriminación de edad en España
[i] Infolibre 

Visibilizar y combatir el abuso y el maltrato en la vejez