martes. 16.04.2024
Un familiar con la fotografía de Miguel Ángel González durante su funeral.
Un familiar con la fotografía de Miguel Ángel González durante su funeral

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No puedo entender que partidos catalanes de izquierdas que dicen luchar por conseguir un mundo más justo, libre y pacífico no manifiesten su repulsa ante el asesinato de los dos guardias civiles asesinados en Barbate (Cádiz). Ni puede tener explicación política (es una muerte que ha provocado el deterioro neoliberal de los servicios públicos), ni justificación humana. Lo digo con todo pesar, pero con todas las letras: el comportamiento del PSC, Comunes, ERC y CUP, evitando mostrar ni un ápice de solidaridad con las familias de las víctimas, una de ella nacida en Barcelona, me indigna por la torpeza política que supone, y me da asco y vergüenza como ser humano.

¿Qué tipo de nuevo mundo pueden traer de su mano quienes son insensibles ante el dolor que produce un crimen como el de Barbate, quien no se estremece ante la muerte tan injusta y brutal de dos personas inocentes? ¿Qué justicia y qué paz puede esperarse de quien hace distingos, vociferando si la brutalidad y el crimen vienen de un lado, y callando si procede de otro? La izquierda que no es capaz de condenar la violencia criminal y el terror, sea quien sea quien lleve la iniciativa a la hora de denunciarla y la produzca quien la produzca, es una izquierda reaccionaria e inútil, inhumana, inoperante como motor de cambio social; una izquierda degenerada que traiciona los ideales universales de la Ilustración y el progreso. Sin ellos, sin valores ni principios e imperativos éticos que sean comunes y exigibles por igual a todos los seres humanos, no hay proyecto de liberación social posible.

La izquierda que no es capaz de condenar la violencia criminal y el terror, es una izquierda reaccionaria e inútil, inhumana, inoperante como motor de cambio social

Los partidos que en el Parlamento catalán no han querido mostrar ahora su repulsa y solidaridad se han mostrado como una perfecta imagen espejo de la extrema derecha que se niega a reconocer y condenar la violencia y el dolor cuando cuestiona sus creencias ideológicas o su posicionamiento político. Tal para cual, e igual de despreciables, en este caso.

No valen las etiquetas, sino el contenido de nuestras acciones. Y lo que a mí me parece deshonesto es utilizar una especie de metro de goma, extensible, para establecer nuestra posición frente a lo repulsivo o condenable allí donde nos convenga en cada caso, en función de nuestro interés o creencia de cada momento.

Sólo haciendo que principios como la paz, la libertad, la justicia, la igualdad de oportunidades, el rechazo de los privilegios y el respeto a los derechos humanos se conviertan en valores asumidos universalmente; y sólo si se combate cualquier tipo de atentado contra ellos, lo cometa quien lo cometa y sin excepción, se puede cambiar el mundo de violencia e injusticias lacerantes en que vivimos.

Indignación, asco y vergüenza