viernes. 12.04.2024

Jean Cocteau afirmaba que Víctor Hugo era un loco que verdaderamente se creía Víctor Hugo. Will Smith, en la Gala de los Oscar, pudo convencerse de estar constituido por la carnosidad con pocas meninges de los héroes urbanos que interpreta. ¿Acaso no es eso lo que se premia? Digamos que hay una meta muy satisfactoria por ser creíble en los roles que consolidan arquetipos cinematográficos y privados patriarcales, machistas, violentos, intolerantes… Empero en estas galas se ejerce una retórica retorcida de equidistancia con los valores que supura el celuloide. Quizá porque el negocio y el control social radique en eso. La secuencia que dio lugar a la agresión de Smith es de una simpleza homínida evidente: el “espalda plateada” protege con violencia a su hembra.

Con la pandemia, la subida exponencial del precio de las energías, la invasión de Rusia a Ucrania, el peligro nuclear, el capitalismo canalla posmoderno, la entrega de los oscars quizá no podía ser de otra manera, el mundo vive lo que los marxistas llamaban, y por ello hoy desprestigiado aunque sea  muy cierto, una aceleración histórica con vértigos complejos y letales. Otra bofetada fantasmagórica, hay quien dice que nunca se produjo, quiso salvar el honor machista de la España del caudillaje. Aconteció con la llegada del actor y cantante mexicano Jorge Negrete. Su trayecto de la estación al hotel fue espectacular, pues fue asaltado por varias mujeres que querían despojarle de su ropa en arrebatada expresión de sus deseos o de sus fantasías eróticas. Este furor fanático se repitió durante sus días en la capital española hasta el punto de que en otra enésima ocasión, en la sala de fiestas del Florida Park, también en Madrid, ante el reclamo de otra mujer exclamó la famosa frase “¿Es que en España no hay hombres?”, a lo que parece que fue contestado por Miguel Primo de Rivera, preboste del régimen, con una bofetada, no se sabe si replicada por el mexicano.

Es curioso como el machismo se defiende a bofetadas incluso en diferentes escenarios y malentendidos. Son, en el fondo, épocas degradadas por los excesos, que en sí mismos resultan socialmente tóxicos con independencia de los materiales morales o amorales que los constituyan. Will Smith subió al escenario no para recoger un premio, sino empuñando un rifle para interpretar esos papeles que tanto le van de último héroe patriota en un mundo en descomposición porque la gente no es como él

Cuando Joaquín Romero Murube, poeta y director-conservador del Alcázar hispalense, recibió en Sevilla a Filippo Tommaso Marinetti, el artífice del movimiento futurista, germen metafísico del fascismo, se vio sorprendido por las propuestas del italiano cuya cosmovisión de un mundo nuevo se compendiaban en un original y atrevido entendimiento estético: “un automóvil rugiente, que parece correr como la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia.” Marinetti proponía, entre otras cosas no menos jocundas, quemar todas las góndolas  y “rellenar los apestoso pequeños canales” de Venecia “con las ruinas de los palacios desmoronados y leprosos” o convertir las plazas de Florencia en aparcamientos es un grave desorden que la violencia acabe siendo material ideológico o, peor aún, corriente de causa moral.

Hostia a la mejor interpretación masculina