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Hay un barco acercándose a nuestras costas, uno de esos barcos que normalmente la hostelería local acoge con alborozo. A bordo van algunas personas enfermas, ni siquiera muchas, personas como ustedes y como yo que necesitan atención médica, y otras que podrían necesitarla. Se acercan a las costas de un país que tiene los medios necesarios para atenderlos, y que cumple además al hacerlo con sus compromisos internacionales en la materia.
Hace ya mucho que Albert Camus escribió 'La peste', en ella describía la llegada y los efectos de los nazis bajo la metáfora de una epidemia que pudría los cimientos de la sociedad
Pero lo que se encuentran no es la acogida humana que les cabría esperar, sino una reacción digna de la Edad Media por parte de quienes quieren hacernos retroceder a la Edad Media.
Como en los viejos cuentos góticos, en las redes nos cuentan que lo que se aproxima es el barco de la muerte, los telediarios dedican las tres cuartas partes de su espacio a narrar las medidas que este país supuestamente civilizado tendrá que tomar para que esas personas enfermas no se acerquen siquiera a nuestro sanísimo país, mientras la oposición política exige dimisiones a las autoridades por estar cumpliendo con su deber, mientras las formaciones más salvajes acusan a las autoridades de querer provocar una pandemia.
La imagen del presidente de Canarias reconociendo que sí había hablado con la ministra, reconociendo que mintió para obtener un cutre beneficio político, resume el espectáculo de estos días.
Un espectáculo de cinismo y mentiras. Los valerosos antivacunas son ahora los que más temen al contagio, los que se opusieron al confinamiento quieren ahora que el crucero fondee en alta mar y sus pasajeros no puedan salir. Esa es la credibilidad que cabe esperar de ellos.
También para sus mensajes más recientes: entre los pasajeros de ese crucero hay compatriotas, y ni siquiera son los que están enfermos, pero no hay prioridad nacional para ellos, la prioridad consiste en hacer uso de la enfermedad para que este país solidario, el primero en el mundo en trasplantes, se convierta en un instrumento más para la toma del poder por asalto.
Que tomen nota muchos que creen que se les va a tener en cuenta por su nacionalidad. Se les rechazará si no resultan útiles. No lo son los que van en esa nave.
Hace ya muchos años que Albert Camus escribió una novela titulada La peste, y en ella describía la llegada y los efectos de los nazis bajo la metáfora de una epidemia que pudría los cimientos de la sociedad.
Es esa podredumbre la que estamos viendo en estos días. Mucha gente debería avergonzarse. Mucha más debería despertar. La peste está llegando. Pero no viene en barco.



