lunes. 22.04.2024

En estas elecciones municipales y autonómicas cabe destacar que han tenido un carácter estatal, cual si fueran una primera vuelta para las generales. Es de lamentar que se ha hablado muy poco de las competencias de los municipios y de las autonomías. De estas parecería lógico que se hubiera hablado de la financiación autonómica. Un tema clave, del que todos los dirigentes autonómicos  se quejan amargamente por su déficit de financiación, lo que les imposibilita, dicen, mantener o mejorar sus competencias en sanidad y en educación.  Y en un alarde de cinismo, todos ellos a la vez prometen rebajar impuestos autonómicos, cual si fuera una carrera de fondo. 

Tampoco se ha hablado de sanidad, cuando está en una situación crítica. Por ello, lo haré yo. Ingenuos pensamos que los problemas de la sanidad pública eran por el covid. Mas, no. Se ha reducido casi completamente su incidencia y la verdad desagradable asoma: urgencias desbordadas, falta de personal sanitario, insuficiencia de camas hospitalarias, insoportables listas de espera en especialistas y en operaciones quirúrgicas, saturación en los Puntos de Atención Continuada, retrasos en atención primaria… Todos los partidos que han gobernado en las comunidades autónomas son responsables de esta situación sanitaria, ya que es competencia suya.

Unos más que otros. Obviamente las gobernadas por el PP hacen lo que llevan en su ADN. Son coherentes con su ideología neoliberal: privatizar la sanidad pública. Los casos más significativos: Isabel Díaz Ayuso y Moreno Bonilla.  Por otra parte, no parece coherente que gobernantes autonómicos socialistas –en teoría defensores de lo público– no corrijan los brutales recortes del PP. Lo tienen complicado al reducir impuestos de patrimonio, sucesiones o donaciones, lo que supone hacer regalos a unos pocos para perjudicar a la gran mayoría. Y con menos ingresos, menos servicios públicos. Es de cajón.

Por ello, una atención deficiente en la sanidad pública, y quien puede recurre a la privada, que se está incrementando en alto grado. No han servido para nada las palabras de Joan Baldoví: “Cuando todo esto pase, que todos estos aplausos que resuenan hoy en los balcones se conviertan en un refuerzo para nuestra sanidad pública, en denuncias cada vez que alguien tenga la tentación de privatizar un cachito de nuestro Estado del bienestar”. Insisto, todos los partidos políticos son culpables de esta crisis sanitaria. No han sido capaces de preverla. No sé si por ineptitud o por dejadez.

Tampoco la sociedad ha sido suficientemente reivindicativa para defender lo público, y además ha sucumbido al populismo de la rebaja de impuestos. Quiere servicios públicos suecos con impuestos subsaharianos.

Existe el mantra de que faltan médicos. No faltan. Es que se van muchos. En los últimos 10 años, miles de médicos españoles –somos el país después de Corea del Sur con más médicos formados en cifras relativas, formación que cuesta como media unos 90.000 euros– se han marchado atraídos por mejores sueldos y por la estabilidad (en España un tercio no tiene plaza fija), y por las agendas cada vez más saturadas o las jornadas laborales extenuantes. Un éxodo que repercute en la atención primaria: faltan 6.000 médicos de familia, sobre todo en zonas rurales.

Déficit que amenaza a otras especialidades, ya que 80.000 profesionales se jubilarán en una década y con el agravante de una población más envejecida. La solución es muy fácil. Contraten y paguen bien, y no se irán. Por ende, en las elecciones autonómicas se debería votar la gestión de sus dirigentes autonómicos y no el tamaño de la bandera.

De la educación se ha hablado muy poco. Prácticamente nada. Salvo un día en el programa de Ángels Barceló Hoy por Hoy.  Y todo el mundo habla de su importancia. Pura hipocresía. ¿Interesa de verdad la educación en España? Tengo mis serias dudas. Y si alguna vez se debate en tertulias o se escribe en medios, se limitan a comentar 4 lugares comunes. “Que hay muchas leyes educativas en nuestra democracia”. “Que según los informes Pisa los alumnos tienen rendimientos bajos en matemáticas o lengua”. “Que el fracaso escolar es de los mayores de la Unión Europea”…No se habla sobre qué educación se imparte. ¿Se educa para el ejercicio democrático? ¿Cómo debe atenderse adecuadamente la atención a la diversidad?  ¿Se produce segregación en la escuela concertada? O lo más importante es el tablet y el inglés.  ¿Está valorado convenientemente el profesorado en nuestra sociedad? Si es así, debería plasmarse en una reducción horaria, en mejores retribuciones, en programas de formación continua. 

El relato ha sido “ETA sigue viva”. Y en los últimos días el tema del racismo y de la compra de votos. La derecha política y mediática muestra una gran habilidad. Es ella quien diseña la agenda política. Se habla de lo que ella quiere. Y la actuación de la izquierda es siempre reactiva.  Y la izquierda ha mordido el anzuelo. En lugar de hablar y replicar, a lo que dice la derecha-que es lo que ella quiere-, la izquierda debería haber  pasado y explicar lo hecho en estos 5 años. Ahí está y no lo voy a recordar.  No obstante, si el pueblo español se presta a votar por el eslogan de TXAPOTE, allá él.

Tras 40 años de democracia se supone que ya ha alcanzado un nivel de madurez política. Pero la derecha sabe  muy bien que muchos, pero que muchos conciudadanos, cuando les pasan una bandera por los ojos se emocionan con auténtico frenesí, casi orgásmicamente. Y ya no ven más. “ETA está viva”  es un bulo de libro. Los bulos incitan al odio, son píldoras que necesitan propagarse y lo grave es que los adversarios colaboran a ese propósito. Cuando uno se indigna ante un bulo, rápidamente lo comparte con aquellos que también se indignan. Hay dos mecanismos detrás de ese impulso  de compartir el bulo, quienes no creen en él. Uno, es el  empático por el que sentimos contacto con quien sabemos que comparte nuestro estado emocional. El segundo, es el placer de tener razón; el presentar algo que confirma con contundencia nuestras opiniones. Al compartirlo hacemos el juego a su emisor. Todos hablamos de “ETA está viva”.  El bulo es más efectivo, es más dañino, cuanto más se repite. Se trasmite como un virus. Le hemos hecho el juego a la derecha. ¿Aprenderemos la lección algún día?

Manifiesto mi queja profunda por el escasísimo interés en la campaña electoral del tema educativo. Por ello, reconforta conocer la noticia  de que Nuccio Ordine, profesor de Literatura italiana en la Universidad de Calabria, ha sido elegido premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2023. Lo tiene merecido, por su labor docente y por sus publicaciones en defensa de  las humanidades y la enseñanza. Voy hablar de él. Sus aportaciones al tema educativo me parecen muy interesantes y que deberían servir de motivo de reflexión para toda la sociedad española.

He tenido la gran suerte de conocer y leer con auténtico placer dos de sus libros, sobre cuyo contenido fundamental tratan las siguientes líneas.

Hoy cuando son predominantes los valores mercantilistas y economicistas, reconforta como réplica la lectura de  un  librito precioso, que pretende fundamentar la existencia humana en otros valores, La utilidad de lo inútil. Manifiesto, del año 2013.  El título aparentemente contradictorio tras su lectura comprobamos que es plenamente coherente. Lo que nos quiere señalar es que hoy se consideran inútiles todo un conjunto de saberes, como la filosofía, el arte, la música, la historia, la ciencia, porque no producen directamente beneficios; cuando son muy útiles, ya que son fines por sí mismos-precisamente por su naturaleza gratuita, alejada de todo vínculo mercantilista-, permiten desempeñar un papel clave en el cultivo del espíritu y en el desarrollo de la humanidad. En definitiva, todo aquello que nos ayuda a ser mejores personas.

En cambio, lo que se denomina hoy como útil, el beneficio, el lucro, el tener, el dinero es plenamente inútil, ya que no sirve para desarrollarnos como personas. En las sociedades actuales el conocimiento no se valora. El artista, el científico, el intelectual, se valora mucho menos que el influencer, el futbolista…En otras épocas no fue  así, el respeto ha cambiado de bando. No se admira al que sabe, al que crea, al que lee, sino al que es capaz de acumular poder, lujos y riquezas, incluso al que se lucra de manera amoral.

Para justificar la tesis expuesta, Nuccio recurre a pensadores clásicos y actuales, recogidas tras largos años de experiencia docente.

Ovidio, profundo fustigador en la Metamorfosis, de la infame pasión por el poseer, afronta explícitamente la cuestión de la utilidad de lo inútil. En una carta a un amigo le dice:Por más que te esmeres en encontrar qué puedo hacer, no habrá nada más útil que estas artes (la poesía), que no tienen ninguna utilidad. Gracias a ellas, consigo olvidarme de mis desgracias (su destierro)”.

 Demócrito hace 2.500 nos habla ya sobre la inutilidad de lo útil: “Me río del hombre, lleno de estupidez, desprovisto de acciones rectas…que con ansias desmesuradas recorre la tierra hasta sus confines y penetra en sus inmensa cavidades, funde el oro y la plata, los acumula sin descanso y se esfuerza por poseer cada vez más para ser cada vez menos.”

Una cita extraída de la novela Los Bunddenbrok. Decadencia de una familia de un clásico Thomas Mann: De un padre para su descendiente, se leía aquella célebre máxima: «Hijo mío, atiende con placer tus negocios durante el día, pero emprende sólo los que te permitan dormir tranquilo durante la noche».

Nuccio en una entrevista nos dice que no está en contra del beneficio y del dinero, que son necesarios para vivir, lo que no puede ser que se conviertan en un fin por sí mismos. Que un empresario tenga beneficios no es malo, siempre que tenga la conciencia tranquila. Como lo fue Adriano Olivetti que nos enseñó que una empresa no debe producir sólo beneficios, sino también belleza y libertad. Él se dio cuenta de que con ellas el hombre aprende a entender cuál es el camino para la felicidad. Olivetti invirtió sus beneficios en bibliotecas, en casas y en guarderías para los hijos de los trabajadores. Se preocupó de darles una dignidad humana y así levantó una empresa competitiva a nivel internacional.

Y en este callejón sin salida, todo mercantilizable, debemos abrir alguna puerta, si no queremos un suicidio colectivo. Para Nuccio como docente, la puede proporcionar la educación, pero desde una concepción distinta a la neoliberal.

La escuela, el instituto, la universidad, antes que para conseguir un diploma son  para mejorarnos como personas. Los docentes tenemos que ayudar a los jóvenes a eliminar esa idea, propia de estas sociedades utilitarias, de que el estudio es para conseguir algo material. En las familias, en la sociedad, en los medios, y sobre todo en las escuelas, es donde hay que trabajar intensamente para cambiar esta percepción tan nociva, esa degeneración de la enseñanza enfocada a obtener resultados como única meta, olvidando que el saber debe llevar a los estudiantes a entenderse mejor a sí mismos y al mundo que les rodea, a amar el bien común, a ser tolerantes, solidarios, utópicos, críticos frente a la injusticia, valores que nos hacen más humanos. 

Las escuelas y las universidades son el lugar idóneo para demostrar que las leyes del mercado no valen, basadas en el principio de la pérdida y la ganancia; en cualquier intercambio comercial siempre hay algo que sale y algo que se queda. Pero el intercambio entre profesor y estudiante es un proceso virtuoso donde el que da y el que recibe se enriquecen ambos. Nadie pierde. Las escuelas deberían ser ese lugar donde las leyes del beneficio acabaran rompiéndose, naufragando. Nuccio pone un ejemplo a sus alumnos  “Hoy con el dinero podemos comprar cualquier cosa,  a los jueces, a los parlamentarios, a las cadenas de televisión y que si se es rico se puede obtener el éxito y el erotismo. Pero, hay algo que, sin embargo, no se puede alcanzar con todo el oro del mundo, el conocimiento”

En otro libro de 2016 Clásicos para la vida. Una pequeña biblioteca ideal,  Nuccio defiende la idea de la trascendencia de los autores clásicos, hoy marginados, para la educación y para la vida en general. En la introducción señala que en los últimos 15 años, en el primer semestre de cada curso, todos los lunes ha leído un pequeño fragmento en verso o en prosa de autores clásicos, y posteriormente realizaba unas reflexiones.

La experiencia ha sido muy bien acogida por los alumnos, y considera que el acercamiento a los clásicos no debería hacerse con el objetivo de aprobar un examen, sino por puro placer, y para entendernos mejor y entender el mundo que nos rodea. Un libro clásico es aquel que es capaz de responder a las preguntas que se generan los lectores a través de los siglos. Cada lector, cada siglo, se hace preguntas, y los clásicos las responden y siempre nos hablarán del presente. Ya que tienen muchas cosas que enseñarnos en nuestro vivir cotidiano. Y en esta tarea es clave la existencia de buenos profesores.

Es muy grave que en los sistemas educativos actuales solo se piensa en los currículos cara el desempeño de una profesión futura. De ahí, la marginación de las disciplinas humanísticas. Pero está demostrado que la excesiva profesionalización mata la curiosidad y la creatividad. Por otra parte, perseguir la quimera del mercado es una pura ilusión. Lo estamos constatando con el excesivo paro de los jóvenes. Las necesidades profesionales exigidas por el mercado cambian con una rapidez vertiginosa, y por ello es muy complicado adaptar los currículos escolares.

La formación requiere plazos largos. No se necesitan muchas reformas, lo que se necesitan son buenos profesores. Los alumnos necesitan profesores con vocación, que ejerzan su profesión con pasión y con ilusión. Todos conocemos algunos de ellos que nos dejaron una profunda huella, y que nos hicieron amar y elegir una determinada disciplina o carrera. Albert Camus en el discurso de concesión del Premio Nobel recuerda y le muestra su agradecimiento a su maestro, Louis Germain.

Sigue diciéndonos Nuccio que la buena escuela no la hacen ni las tablets en cada pupitre, ni la pizarra conectada a Internet, ni el director que ejerce como manager. ¿Estamos seguros que los alumnos aprenden más y mejor a través de los recursos multimedia y de materiales didácticos on line? En lugar de tanto gasto destinado a las nuevas tecnologías, que no hay que despreciarlas, y que sirven para generar grandes beneficios en el mundo empresarial, hay que invertir en la formación inicial y continua del profesorado.

En España ambas muy deficitarias, aunque no en la preparación o dominio de su disciplina que el nivel es muy alto. Mas, una cosa es tener conocimientos en historia o matemáticas, y otra muy distinta es saber enseñarlos para un aprendizaje adecuado de sus alumnos. Como también modificar completamente el acceso actual a través del sistema de oposiciones. Un buen modelo sería el de Finlandia, que es muy exigente, y que supone un gran reconocimiento social. Según la pedagoga sueca Inger Enkvist el éxito educativo en este país se debe a cuatro factores: los alumnos estudian, los padres apoyan, los profesores trabajan bien y el Estado les crea un marco adecuado.

Un buen profesor tiene que ser obviamente competente en su disciplina. Pero además y sobre todo su función esencial, no es la de producir masas de diplomados y graduados, sino la de formar ciudadanos libres, cultos, capaces de razonar de una manera crítica y autónoma, y solidarios con el mundo que les rodea. La escuela y también la universidad deberían educar a las nuevas generaciones para la herejía y la utopía, instándolas a tomar decisiones contrarias a la ortodoxia dominante, como la del pensamiento neoliberal.

Hablemos de sanidad y educación, las grandes ausentes en la campaña electoral