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Manuel Sánchez | @ManuSanchezG
No voy a glosar su biografía (está muy completa en la imprescindible Wikipedia), ni quiero caer en los tópicos que siempre trae el “día de las alabanzas”, ni tampoco relatar su gran labor en Extremadura (poco reconocida). Sólo quiero recordar algunos apuntes de mis encuentros con él, mis conversaciones y el gran lujo que he tenido de conocer a un político con mayúsculas. Guillermo sí es de otra casta, además de una gran persona.
La primera vez que conversamos fue en la campaña electoral de 2007, cuando para sorpresa de muchos el ex presidente extremeño, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, le nombró candidato a la Junta de Extremadura y su sustituto al frente del partido. Vara ya había sido consejero de Ibarra, pero llamó la atención la elección por ser dos personalidades casi antagónicas. Ibarra siempre fue impulsivo, atrevido, ideológicamente más a la izquierda que Vara. Por el contrario, el nuevo candidato era dialogante, conciliador y con una ideología que estaba mucho más al centro.
Ese primer encuentro fue en una cena de la caravana electoral del PSOE en aquellas elecciones y, al finalizar, intercambié unas palabras con él. Estaba inquieto por el resultado electoral y yo le aseguré que iba a ganar con toda seguridad: “No sé, Ibarra es mucho Ibarra, y yo soy todavía muy poco conocido en la región”. Una vez más (lo siento por la inmodestia pero casi siempre ganó en las apuestas electorales) Vara arrasó con el 52% de los votos, sacó más de 25 puntos al PP y logró mayoría absoluta. Meses después, me lo encontré en un desayuno informativo en Madrid y le recordé mi vaticinio. Me puso esa sonrisa bonachona y me dijo: “Aún no me lo creo. ¡Si he sacado más que Ibarra en las últimas elecciones!”. Y no reímos.
En su primera legislatura puso los pilares para cambiar la región extremeña, apostando por la sanidad y la educación
En su primera legislatura puso los primeros pilares para cambiar la región extremeña, con dos apuestas muy claras: Sanidad y Educación. Extremadura estuvo en este mandato a la cabeza de las regiones que más invertía en Sanidad por habitante y redujo significativamente el fracaso escolar, una obsesión de Vara desde que llegó a la Junta.
Nada de ello le sirvió, porque en 2011 volvió a ganar pero no logró revalidar la mayoría absoluta. En una incomprensible decisión de Izquierda Unida, la coalición de izquierdas apoyó al PP para hacer a José Antonio Monago presidente de la región. Como en otras comunidades de España, Vara no fue penalizado por su gestión. La crisis económica de 2008 arrastró a muchos dirigentes del PSOE a la oposición y Vara no salió indemne.
Pero este factor no se tuvo mucho en cuenta, y todo el mundo predecía entonces que el PSOE extremeño debía buscar otro candidato para 2015. Sin embargo, para asombro de propios y extraños, Vara dijo que se quedaría en la oposición los cuatro años y que si el partido lo quería volvería a ser el candidato. Y así ocurrió.
En los comicios de 2015, Vara volvió a ganar las elecciones pero sin mayoría absoluta. Y, en esta ocasión la izquierda, representada por Podemos en la Asamblea de Extremadura, le dio el suficiente respaldo para que el PP no volviera al Gobierno.
Cuatro años después, en las elecciones de 2019 parece que los extremeños ya sí valoraron su gestión, ya no había factores externos y logró la mayoría absoluta. Pero no fue un momento feliz para Vara. Quince días antes de la fecha electoral falleció el ex secretario general del PSOE y ex vicepresidente del Gobierno, Alfredo Pérez Rubalcaba. Vara estaba desolado. Le hice una entrevista en Mérida pocos días antes de las elecciones y ya a micrófono cerrado me dijo: “¿Y a quién llamo yo ahora? Alfredo y yo hablábamos varias veces a la semana. Cada vez que tenía un problema, una duda le llamaba, y él siempre contestó. Además, no sólo hablábamos de política, también conversábamos de muchas otras cosas. Manolo, ¿y a quién llamo yo ahora?”. Lo vi ciertamente compungido y para quitar hierro al asunto le respondí: “Supongo que de fútbol no hablaréis mucho, ¿no?”. Y logré que esbozara una mueca de sonrisa (baste recordar que Rubalcaba era un madridista furibundo y Vara era del Barça).
Cuatro años después, pese a su gestión (hizo una labor ingente por potenciar el turismo en la región) y pese a haber conseguido importantes inversiones para Extremadura (como la giga factoría de litio en Navalmoral de la Mata) volvió a ganar las elecciones pero no revalidó la mayoría absoluta. PP y Vox tenían la Asamblea de Extremadura. Esta vez sí, Vara tiró la toalla. A petición de Pedro Sánchez aceptó ser vicepresidente segundo del Senado y dejar Extremadura, algo a lo que siempre se había negado pese a haber tenido varios ofrecimientos para ser ministro.
La política tendría que ser como fue él: dialogante, conciliadora, generosa. Eso es lo que hizo Guillermo durante su vida
La última vez que estuve un tiempo con él fue en abril de 2024. Un año antes le habían diagnosticado cáncer de estómago. Le pedí que presentara mi libro en Cáceres -”Zapatero, el legado progresista”- y me dijo que lo haría. Fue en un acto en el incomparable marco del Complejo Cultural San Francisco de Cáceres. Antes de la presentación estuvimos hablando en un reservado sobre su enfermedad: “Voy mejor, aunque no te engaño y esto no tiene un buen pronóstico. Pelearé hasta el final. Por cierto, no voy a ningún acto desde lo del cáncer, esto lo hago porque eres tú y también porque me lo ha pedido mi hijo que dice que me vendría bien salir un poco”. Se me puso un nudo en la garganta.
Luego nos reímos recordando una anécdota en Granada en 2013, cuando se aprobó la llamada “Declaración de Barcelona” sobre el modelo territorial del PSOE. Durante la presentación, a varios periodistas (incluido yo) se nos cayeron en la cabeza unas mamparas que había colocado la organización. Vara salió corriendo del grupo de barones socialistas en el que estaba durante el acto al grito: “Dejadme pasar, soy médico”. Recuerdo que le contesté: “Guillermo, que tú eres forense, y no nos ha pasado nada”. Y nos echamos unas risas. En la presentación del libro fue la última vez que lo vi.
Mucha gente opinó sobre Vara durante mucho tiempo que no era un político. Incluso, se dudó de su ideología socialista en las propias filas del partido. Para mí, que he conocido a centenares de políticos, la política tendría que ser como fue él. Dialogante, conciliadora, generosa, sin estridencias, sin egoísmo, buscando el bien de tus conciudadanos y de tu tierra. Eso es lo que hizo Guillermo durante su vida.


