Podemos: se equivocó la paloma, por ir al norte fue al sur
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Hace solo diez días publiqué en mi blog un artículo titulado: 'Prudencia, Pablo. Prudencia Podemos', en el que expresaba mi preocupación de que Podemos, quizás sin pretenderlo, estuviera alimentando la estrategia de la derecha. Pero hoy, diez días después, ese llamamiento suena ingenuo. Lo que entonces podía parecer confuso o matizado es ahora una estrategia clara, a mi juicio, nada prudente y profundamente equivocada.
Podemos ha decidido anunciar sin ambages el final del ciclo del Gobierno de coalición progresista: “El Gobierno ya ha muerto”. Con ello insinúa —y a veces ya ni se molesta en disimularlo— que Pedro Sánchez debe dimitir. Que no pudo no saber lo que hacían Santos Cerdán o Ábalos. “No es un caso de manzanas podridas. Es el caso PSOE”. Es, palabra por palabra, el guion de Feijóo, Ayuso, Marhuenda y compañía.
Se puede entender la frustración, el cansancio, el deseo de no callar. Pero hay momentos en los que, incluso desde la crítica, es necesario tener claro quién es el adversario
Mientras la derecha acelera su ofensiva —con encuestas que le sonríen y una maquinaria mediática y judicial desatada—, Podemos pone su altavoz al servicio del mismo relato. Lo hace desde una supuesta pureza. Desde una indignación calculada. Desde la nostalgia de un 15M que ya no está en las plazas, sino en los algoritmos de las redes.
Este país no está donde estaba hace más de diez años. Aquella indignación masiva, aquella rabia colectiva que llenó la Puerta del Sol, la Plaça de Catalunya y tantas otras, gritando ¡arriba los de abajo!, ha cambiado de lugar, de tono, de protagonistas. Hoy, los gritos más frecuentes en estadios, plazas de toros y redes no son de esperanza, sino de odio: “¡Pedro Sánchez, hijo de puta!”. Y eso debería hacer reflexionar. ¿De verdad piensa Podemos que sobre esas posible cenizas va a reconstruir algo? ¿De verdad cree que ha llegado su momento porque Sumar está débil y el PSOE atraviesa su mayor crisis? Basta con mirar las encuestas: en algunas, Podemos aparece por detrás incluso de esa caricatura de partido que lidera Alvise Pérez.
Ese cálculo es suicida. No solo para Podemos, sino para el conjunto de la izquierda. Especialmente cuando su estrategia se articula en dos frentes evidentes.
Hoy el adversario no está en el Gobierno. Está fuera. Está en esa derecha que sueña con revertir cada una de las leyes aprobadas en estos años, también con el voto de Podemos
El primero: sumarse —por acción o por omisión— a las descalificaciones del PP. Desde acusar a Sánchez de mentiroso por su compromiso de no alcanzar el 5% de gasto militar, hasta minimizar —o burlarse— del reconocimiento del Estado palestino, calificando al presidente de cobarde o de “señor de la guerra”. Cuando en realidad ningún otro jefe de gobierno europeo ha dado un paso tan firme frente a Israel como este.
Y el segundo: la campaña constante de desprecio, ataque y deslegitimación contra Sumar y sus liderazgos. Una batalla por la hegemonía de un espacio ya minúsculo por la división.
Se puede entender la frustración, el cansancio, el deseo de no callar. Pero hay momentos en los que, incluso desde la crítica, es necesario tener claro quién es el adversario. Y hoy el adversario no está en el Gobierno. Está fuera. Está en esa derecha que sueña con revertir cada una de las leyes aprobadas en estos años, también con el voto de Podemos.
La paloma se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el mar era el cielo. Como hoy Podemos, que cree ir en ascenso cuando, en realidad, se dirige al abismo. Cree que recogerá los restos de un PSOE en crisis y de un Sumar debilitado, pero no ve que el huracán que se aproxima —al que también están alimentando— puede barrer a todos. A todos. Y que el resultado será un país más injusto, más duro, más autoritario.
Aún estamos a tiempo. Pero para eso hace falta levantar la mirada. Ver más allá del tuit, del titular fácil. Ver el país. Su gente. Sus miedos. Sus esperanzas. Y entender que hoy hace falta algo más difícil que levantar el puño: hace falta levantar la mirada.