jueves. 04.06.2026
TRIBUNA POLÍTICA

Cuando se saltan todos los límites

No deja de llamar la atención que al Estado de Israel no le importe maltratar y hasta torturar a ciudadanos de países con los que Israel sostiene relaciones diplomáticas.

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Todas las personas que fueron detenidas por la Armada israelí por navegar en la flotilla que pretendía llegar a Gaza coinciden en el maltrato de los policías y militares israelíes, maltrato tanto más grave cuanto en realidad habían sido secuestrados por Israel en aguas internacionales. Es cierto que, como explicó Ada ColauLa Vanguardia, en comparación con el genocidio que sufre Gaza, por muy duro que fuera el trato israelí, no hay comparación con lo que sufren los gazatíes. Pero no deja de llamar la atención que al Estado de Israel no le importe maltratar y hasta torturar a ciudadanos de países con los que Israel sostiene relaciones diplomáticas y que al llegar a sus países narrarán el trato degradante que han sufrido de las autoridades de Tel Aviv.

Los extremistas israelíes, los ultraortordoxos, se han visto apoyados por la opinión pública internacional y ahora se paga porque reprimen sin límites, como ya han hecho en Gaza

Lo primero que hay que preguntarse es el motivo de este tipo de actuaciones. El periodista de El País, Carlos de Barrón, ha hecho un resumen del trato humillante a unas personas que, además de haber sido secuestradas en sus barcos, no han actuado con violencia. ¿Por qué esa respuesta de las autoridades israelís? Son muchos años de violencia con los palestinos y gazatíes y, al acostumbrarse a prácticas degradantes contra cualquier ciudadano de Cisjordania y de Gaza, con nulo respeto a la vida humana y a los restantes derechos de cualquier persona, las fuerzas represivas se acostumbran a la violencia sin límites: no se tiene enfrente a un ser humano, sino a un paria que carece de derechos.

Un segundo motivo que puede influir en el trato degradante a los ocupantes de la flotilla lo cuenta el citado periodista de El País, Carlos de Barrón. En la crónica publicada en ese diario el 7 de octubre explica que los militares que les apresaron en los barcos y les condujeron a tierra les dieron un trato correcto. El maltrato se inició al desembarcar, en el puerto de Asdod, donde estaba presente el Ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, ultraortodoxo. No es un dato baladí porque los ultraortodoxos y Netanyahu están aplicando una política de destrucción de todo lo palestino que no tiene límites. Todos los días nos recuerdan el terrorismo de Hamas, pero se habla menos del terrorismo de los ultraortordoxos que se apoyan en Netanyahu. Mientras este sector no se sienta señalado y castigado por la opinión pública internacional y mientras no se le ponga a la altura de Hamas, su violencia competirá con la del terrorismo musulmán en una espiral diabólica.

Todos los días nos recuerdan el terrorismo de Hamas, pero se habla menos del terrorismo de los ultraortordoxos que se apoyan en Netanyahu

Un tercer motivo que explica el maltrato a los ocupantes de la flotilla es de carácter internacional, por el apoyo real de Trump y el ejemplo de Estados Unidos. A diferencia de la flotilla que se dirigía a Gaza, cuando el Gobierno de Estados Unidos deporta a ciudadanos extranjeros o cuando hunde barcos venezolanos, no hay testigos o periodistas que puedan informar sobre el trato aplicado a los deportados, pero es posible que las personas enviadas a El Salvador o a Méjico hayan sido tratadas de forma muy similar por las autoridades de Estados Unidos. Se van asentando prácticas represivas que degradan a los seres humanos y que acaban considerándose usuales sin el menor escrúpulo. Lo mismo ocurrió en la Alemania hitleriana o en la Unión Soviética de Stalin.

Un cuarto motivo que explica el maltrato a los ocupantes de la flotilla es el desprecio del Derecho y, más concretamente, del Derecho Internacional. La idea de Estado de Derecho, la exigencia de limitar el poder público, la exigencia de respetar la personalidad de cada ser humano, están otra vez en retroceso en algunos países, empezando por Estados Unidos e Israel. Si un Estado secuestra barcos en aguas internacionales no ha de extrañar que a continuación maltrate a los propios secuestrados.

Si un Estado secuestra barcos en aguas internacionales no ha de extrañar que a continuación maltrate a los propios secuestrados

Un quinto motivo que explica el comportamiento de las autoridades israelíes es la hasta ahora benevolencia internacional. Han sido muchos años en los que la Unión Europea, la ONU, los demócratas estadounidenses han cerrado los ojos ante la persecución a los palestinos. La última sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas ha sido una excepción y, esperemos, un cambio de actitud, pero hasta hace muy poco se ha jugado deliberadamente a equiparar la crítica a la represión israelí con antisemitismo. Los extremistas israelíes, los ultraortordoxos, se han visto apoyados por la opinión pública internacional (salvo la de los países árabes) y ahora se paga porque reprimen sin límites, como ya han hecho en Gaza.

Cabe esperar que los maltratos a los miembros de la flotilla, que se han difundido en muchos periódicos europeos, se hayan conocido también en Israel, y que ese conocimiento refuerce a la minoritaria opinión pública israelí que defiende la paz y el entendimiento con los palestinos. Pero, desgraciadamente, no se pueden tener muchas esperanzas porque igual que la moneda mala desplaza a la buena, los extremismos en ambas partes desplazan a los moderados.

Cuando se saltan todos los límites