lunes. 04.03.2024
12_octubre_desfile

El 12 de octubre de 1492, Cristóbal Colón llegó a las indias por mar, sin necesidad de dar un largo rodeo terrestre. O, al menos, eso creía él. En realidad había descubierto un nuevo continente que, dado su despiste geográfico, se llamó América gracias a otro navegante, Américo Vespucio, que, no solo advirtió que se trataba de un Mundus Novus, sino que escribió un libro con ese nombre para que se enterase todo el mundo.

Pero, la historia no ha recogido la fecha de edición de ese libro, sino la de la llegada de Colón a una playa de Guanahani, luego San Salvador y, en la actualidad, Watling, del archipiélago de Las Bahamas, un estado independiente que pertenece a la Commonwealth. Por eso, ese día de cada año celebran el Día del Descubrimiento, aunque no lo consideran su Día Nacional. Para ellos, ese día es el 10 de julio, al que llaman Día de la Independencia Nacional, para conmemorar que, en tal fecha de 1973, pudieron arriar la bandera británica e izar la suya propia.

Sin embargo, en España sí tenemos ese 12 de octubre como Fiesta Nacional. Y, además, por ley, la 18/1987 de 7 de octubre. En eso, España siguió la estela de algunos países coloniales que han tenido la costumbre de celebrar su patriotismo conmemorando fechas relativas a su pasado conquistador.

Hasta esa fecha de 1987, el 12 de octubre español había sido un día de celebración cambiante, denominándose por la Raza, el Descubrimiento de América o la Hispanidad, entre algún otro, compuesto de más de una de esas denominaciones.

Con la democracia se institucionalizó la costumbre de celebrar un desfile militar ese mismo día, recordando la función constitucional de las fuerzas armadas de "garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional".

Pero casi, desde el mismo momento, empezó a ser costumbre de ese día algo que, en la actualidad, pasa por ser el momento más destacado de la celebración: silbar y abuchear al presidente de gobierno cuando se trata de un socialista. Cierto es que no todos los años se ha podido seguir ese protocolo, pero, afortunadamente para los celebrantes, son mayoría los años en los que, antes y después de que desfilen los militares, se ha podido escuchar todo tipo de insultos al presidente del gobierno de turno. Siempre, repitamos, que fuera socialista.

Este año los festejantes han tenido que gritar más fuerte porque les habían separado de la zona de autoridades. Una auténtica canallada

Con Felipe González, y la costumbre recién incorporada, los silbidos fueron tenues y, los insultos, moderados, como de reproche. Con Rodríguez Zapatero la cosa arreció e, incluso, se le pedía, naturalmente a gritos, su dimisión. Pero, cuando la fiesta ha llegado a alcanzar niveles de consolidación ha sido con Pedro Sánchez. Tan es así que, hasta el partido de la oposición anima indirectamente a los manifestantes justificando preventivamente esos insultos por los "merecimientos" de Sánchez. Y, luego, dice que es una broma. Este año, además, los festejantes tenían una queja adicional y es que han tenido que gritar más fuerte porque les habían separado de la zona de autoridades. Una auténtica canallada.

Y, el caso es que los primeros eslóganes de la última fiesta podrían considerarse como de "calentamiento" ya que empezaron con el tradicional "Que te vote Txapote" para continuar con un "Puigdemont a prisión". Pero, enseguida, ya se pasó al insulto directo pudiendo, de lo que se oía en la retransmisión, destacarse un "Pedro Sánchez sinvergüenza". Por cierto que, el comentarista de RTVE, destacó la obligación que tienen los políticos de soportar insultos públicos. A mí me recordó a José María Aznar contestando con una peineta a los abucheos estudiantiles en una universidad. Si llega a hacer eso Sánchez, le estarían ya pidiendo prisión sin fianza.

Ahora, que la culpa es de los socialistas, que no envían a la fiesta a la persona más indicada. Si yo trabajara en la Moncloa, sugeriría que el presidente del Gobierno delegara en Felipe González para representarle en ese festivo día. Estoy seguro de que la posición actual del expresidente socialista recolectaría entre los tradicionalmente patrióticos asistentes, más aclamaciones que la cabra de la legión.

La Fiesta Nacional de España