TRIBUNA

Feijóo cambia el Falcon por democracia

Feijóo en una imagen de archivo.
La ambición por el poder y la renuncia a cualquier principio.

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Feijóo, por más que se presente ante el respetable como moderado y europeísta, no tendría reparo alguno en entregar la llave de su hipotético gobierno de España a Santiago Abascal —lo está haciendo en varias comunidades autónomas— con tal de ser presidente de la nación aunque fuera solo a título decorativo. 

Es cada vez más significativa la facilidad y aparente indiferencia con que el PP —en las CCAA donde gobierna— está aceptando las condiciones que le impone la ultraderecha, así como también imitandola en su postura ante temas como el aborto o la inmigración.

En el supuesto de que una coalición PP-VOX gobernara España, sería inevitable que cada decisión a tomar pasara por el filtro ideológico de la ultraderecha, circunstancia que convertiría a Feijóo en un mero ejecutor de las exigencias de sus socios de gobierno.

Si llegara a producirse, la hipotética alianza entre Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal no sería un simple pacto parlamentario sino más bien la capitulación del PP ante una extrema derecha dispuesta a arrasar con los cimientos de la convivencia constitucional. Y no hablamos de concesiones menores, ni mucho menos, pues esta situación sería la entrega del los populares a VOX a cambio de un Falcon disponible a demanda y un asiento en La Moncloa, todo un trueque de poder que sacrificaría sacrosantos principios históricos por una mera ambición, un sometimiento que no sería abstracto ni simbólico ya que se  materializaría en políticas que transformarían al gobierno en una extensión de VOX con las consecuencias que ya se empiezan a ver día a día con el desesperado esfuerzo del PP para recuperar los votos que antes eran suyos y ahora de la extrema derecha. 

La hipotética alianza entre Feijóo y Abascal no sería un simple pacto parlamentario sino más bien la capitulación del PP ante una extrema derecha dispuesta a arrasar con los cimientos de la convivencia constitucional

Como consecuencia de todo esto, la actitud del gobierno en el poder ante la inmigración se endurecería hasta volverse casi militarizada y proclive a deportaciones aceleradas y restricciones a quienes solicitaran asilo, ignorando, por supuesto, cualquier compromiso europeo. 

También los derechos sexuales y reproductivos retrocederían, restringiéndose así el aborto y erosionándose la autonomía de la mujer. De hecho, algo de eso se está viendo ya.

La educación se sometería a contenidos ideológicos conservadores y modelos diferenciados por sexos. 

La memoria histórica sería borrada, paralizándose cualquier reconocimiento a víctimas del franquismo.

Se limitaría la visibilidad de minorías y colectivos LGTBI. 

Incluso la libertad de expresión ciudadana se resentiría a expensas de medidas de control más estrictas frente a las protestas y un aparato represivo más presente que nunca en la vida cotidiana.

El mismo Feijóo que con ganas o sin ganas se esfuerza por vender al personal una imagen de moderación y solvencia, se metamorfosearía en un político dispuesto a entregar su alma ideológica a los ultras poder con tal de aferrarse al poder.

Un acuerdo así no solo quebraría la coherencia del Partido Popular, sino también socavaría la propia democracia, normalizando la influencia de quienes buscan retroceder derechos conquistados a lo largo de décadas. 

La historia no recordaría esta alianza como un acto de responsabilidad, pues la vería como una rendición estratégica, un pacto con la extrema derecha a cambio del gobierno, un precio demasiado alto por un poder que, en realidad, no sería de nadie más que del miedo a quedarse fuera del tablero político.