martes. 05.03.2024

Bill O’Reilly, unos de los presentadores más conspicuos de la cadena ultraconservadora Fox News, le espetaba al presidente Obama sobre el asalto a la embajada estadounidense de Bengasi: “Sus detractores sostienen que usted ha ocultado el hecho de que se trataba de un ataque terrorista debido a las necesidades de su campaña electoral. Eso es lo que piensan”. A lo cual el presidente replicó: “Y lo piensan porque se lo dice gente como usted”.

“Lo que dice gente como usted” es el sujeto comunicacional del que nos hablaba Hegel, el que le da forma a unos hechos para arrojarnos la construcción de esa realidad y mostrárnosla como quiere que la veamos. La ideología posmoderna convertida en sujeto comunicacional abomina de la historia como totalidad, como camino de progreso, para convertirla en elementos fragmentarios enfrentados entre sí y de esta forma dar cobertura filosófica a la irracionalidad de los mercados y a la lucha entre individuos. El efecto de esas ideas es desarmarnos intelectualmente y desactivarnos políticamente: la explotación promueve la democracia, no hay alternativa al mercado y la historia, fragmentaria y caótica, no puede ser construida por la acción del individuo. Todo ello supone el extermino social de la gente corriente.

El efecto de esas ideas es desarmarnos intelectualmente y desactivarnos políticamente

En España esta deriva ultraconservadora para gestionar la sociedad y la historia es semilla que se ha estercolado con gran aprovechamiento por los grandes grupos mediáticos. Escuchar a la señora Ayuso definir la libertad como tomarse unas cervezas al salir del trabajo o al señor Guerra afirmar que en España existe censura al no poder contar chistes de homosexuales o enanos, aireado todo ello por los mass media sistémicos como parte del sentido común dominante es entrar en las tinieblas de un espacio severamente autoritario. La hegemonía cultural es un concepto gramsciano, fronterizo a lo que el sociólogo Pierre Bourdieu llamaba violencia simbólica, que designa la dominación de la sociedad, culturalmente diversa, por una minoría dominadora, cuya cosmovisión, creencias, moral, explicaciones, valores o costumbres se convierte en la norma cultural aceptada y en la ideología dominante, válida y universal. La hegemonía cultural justifica el statu quo social, político y económico como natural e inevitable.

Milton Friedman, uno de los padres del neoliberalismo, afirmó que había que conseguir que lo políticamente imposible fuera políticamente inevitable

¿Quién manda en España? ¿Qué limites tiene el poder fáctico? Son preguntas que nadie formula a pesar de que plantean la realidad sumaria que condiciona nuestra cotidianidad material y nuestra convivencia democrática. Vivir en una permanente crisis institucional se ha convertido en la agrimensura ordinaria del régimen político. El carácter autoritario de la jefatura del Estado, la capilaridad fáctica entre poderes, calco de la “unidad de mando y diversidad de funciones” del caudillaje y por lo que Montesquieu andará revuelto en su tumba; la imposibilidad de implementar en un ciclo amplio y transformador políticas progresistas de altura es por lo que España es el paraíso por parte del conservadurismo fáctico y político de los golpes de Estado blandos o golpes suaves, golpes encubiertos o golpes no tradicionales al uso, sino vertebrados por un conjunto de técnicas no frontales y principalmente no violentas, de carácter conspirativo, con el fin de desestabilizar a un gobierno y causar su caída, sin que parezca que ha sido consecuencia de la acción de otro poder. La expresión ha sido atribuida al politólogo estadounidense Gene Sharp

Los grandes grupos comunicacionales, vinculados a las élites posfranquistas, son los encargados de consolidar esa fantasmagoría supuestamente patriótica enriscada en una España inexistente mediante la agresión verborreica de una impuesta y autoritaria hegemonía cultural gramsciana como violencia simbólica. Todo ello, en lo que podríamos calificar de comunicación patafísica, ese descubrimiento de Faustroll, que nos mostró Alfred Jarry y cuya ciencia se fundamenta en el estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan lo inexistente. No otra cosa que patafísica fue la consigna que uno de los padres del neoliberalismo, Milton Friedman, cuando afirmó que había que conseguir que lo políticamente imposible fuera políticamente inevitable.

“Lo que dice gente como usted”