viernes. 14.06.2024

“Te ha votado hasta Txapote”, se leía en una pancarta portada por un fan de Ayuso la noche del 28M, frente a esa sede del Partido Popular sita en la calle Génova que Casado quiso vender para que no se recordara cierta financiación irregular. Esto último se ha olvidado porque para los liberales conservadores no tiene ninguna importancia, como si fuera el pan suyo de cada día. Sin embargo, una ocurrencia muy desafortunada se airea como lema del partido. Aquello gracieta proferida por Ayuso de que a Sánchez debía votarle Txapote, alias de un terrorista etarra. Es una gracieta que no tiene ninguna gracia la de frivolizar con tamaña desgracia como lo fueron los asesinatos y las extorsiones del terrorismo. Muestra una escalofriante insensibilidad ante las desgracias y el dolor ajenos, que parece una marca de la casa.

Se dirigía que a la presidenta madrileña las contiendas electorales le parecen un juego infantil y que gana quien se las ingenie para chapotear sobre los problemas de la ciudadanía como hacen los niños al encontrar un charco. Los críos, cuando chapotean en un charco, se lo pasan pipa y contagian su alegría. Se da por bueno que se mojen y nos remojen. En el fango suelen chapotear más bien las piaras de cerdos y ahí más nos vale mantener las distancias para no mancharnos con su salpicadura. Las contiendas electorales tienden a embarrar los campos de juego y se diría que pueden salir mejor parados quienes tengan mayor habilidad para enfangarlo todo, recurriendo a la infamia y la ignominia como sus mejores bazas electorales.

En el fango suelen chapotear más bien las piaras de cerdos y ahí más nos vale mantener las distancias para no mancharnos con su salpicadura

Lo suyo sería presentar balances de la propia gestión o programas alternativos a las gestiones que ya tienen un rodaje. Pero eso se obvia por completo y las campañas pasan a ser concurso de popularidad e impopularidad. Se piden los votos contra el adversario político, planteando grandes dilemas épicos como el de Libertad o Socialismo, España o Sánchez. Un honor por cierto comparar a un simple vanidad con el país cuya ciudadanía busca quienes gestionen la esfera pública. Parece haber hecho fortuna el asociar sanchismo con una casa de los horrores donde cabe absolutamente todo. Cuanto se antoje descalificatorio se añade al rosario de una letanía injuriosa que no tiene fin: comunismo, independentismo, terrorismo…

Lo que se diga en contra del Partido Popular es una conspiración (¿judeo-masónica?) contra las gentes de bien. Pero al contrario sus líderes y lideresas tienen carta blanca para decir lo que se les antoje sin sonrojarse. Paulatinamente, jaleados por la extrema derecha, van reconociendo su admiración hacia el franquismo y el golpe militar que mediante una guerra civil derrocó al régimen republicano. Les incomoda pagar impuestos y cuanto quiebre un idílico paisaje donde no caben pobres, gente de mal vivir e inmigrantes. Allí donde gobiernan desmantelan las prestaciones públicas y rebajan los impuestos a quienes más podrían contribuir al erario público. Este modelo ultra neoliberal es el que se opone a otro con mayor sensibilidad para luchar contra las desigualdades.

Triunfarán quienes mejor chapoteen con el fango. Pero ciertamente no debería ser esa la clave para elegir ente una u otra papeleta electoral

El fin de la humanidad tiene muchos frentes abiertos. Ese cambio climático que no existe según los negacionistas provisto de una maceta. Unos conflictos bélicos que precisan utilizar costosos armamentos casi obsoletos para una industria muy rentables. Las pandemias cuya huella pueda persistir en la población de muchas maneras. Una precariedad laboral insostenible. Los increíbles avances de una Inteligencia Artificial cuyo poderío ya no podemos tan siquiera imaginar. La lista es muy larga. Pero en suma las desigualdades que proliferan por doquier sus están diezmando nuestro bienestar presente y futuro.

Triunfarán quienes mejor chapoteen con el fango. Pero ciertamente no debería ser esa la clave para elegir ente una u otra papeleta electoral. Porque no estamos ante un divertido juego infantil, sino ante una cosa muy seria. La orientación de las políticas europeas puede verse confirmada o contrarrestada por lo que decidamos el 23J. Tomémonos en serio esta cita electoral y participemos en ella sopesando las opciones para escoger la que sea menos nociva en orden al interés mayoritario.

A Ayuso le habrá votado hasta Txapote pero las elecciones no van de chapotear ni tener...