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miércoles. 01.02.2023

Hace unos días se publicaba en El País un artículo que arremetía contra el Ministerio de Consumo al que tildaba de “Ministerio de la Culpabilidad” ya que en opinión de la autora en lugar de dedicarse a sus tareas lo que hacia era traspasar a la ciudadanía la responsabilidad de sus hábitos. No voy a hacer una valoración de las luces y sombras de las actuaciones del Ministerio de Consumo sino de tres cuestiones que me parecen importantes.

La primera es lo que he denominado cultura de la irresponsabilidad. Existe una tendencia bastante generalizada a declinar cualquier responsabilidad personal sobre lo que sucede, mucha gente piensa que “la culpa de todo la tiene el gobierno” (postura no solo hispana, recuérdese aquello de “piove, porco governo”) y que ellos nunca tienen nada que ver con nada de lo malo que sucede, si les apuras incluso parece que el gobierno esta ahí caído del cielo, y que sus votos o sus abstenciones no han influido en nada en su composición. 

El Ministerio de Consumo entre sus tareas tienen las de dar una buena información sobre los riesgos que tienen nuestras malas elecciones

Resulta muy gratificante pensar que Alberto Garzón, aparte de comunista y un tanto serio, es un aguafiestas empeñado en complicarnos la vida y en prohibirnos todo lo bueno que esta tiene, porque parece obvio que por ejemplo, si como dice la prensa hemos consumido 20 millones de roscones en estas fechas (esa contundente bomba de calorías, azúcar y grasas saturadas) ello se debe a que los regalaban, no había que hacer cola para adquirirlos, o las alternativas a los mismos (por ejemplo frutas de temporada) eran muchísimo más caras, o quizás porque los conocidos chips que nos introdujeron con las vacunas nos obligaron a consumirlos de manera compulsiva.

Bromas aparte, la realidad es que, al tomar decisiones sobre nuestro consumo, aunque una parte de ellas están condicionadas por nuestra situación económica, otras no lo están y podemos optar entre varias alternativas, algunas de las cuales son realmente muy negativas, para nosotros y/o para el resto de la población, por más que la propaganda y la costumbre nos inciten a ello. Y que esas decisiones son nuestra responsabilidad y por lo tanto podemos mejorarlas significativamente, a más que el Gobierno y el Ministerio de Consumo entre sus tareas tienen las de dar una buena información sobre los riesgos que tienen nuestras malas elecciones, y la de propiciar que las mejoremos para cuidar nuestra salud y la del planeta. La irresponsabilidad conlleva la infantilización de una sociedad a la que se considera incapaz de entender lo que hace y de asumir las consecuencias de sus actos.

Mejor sería que todos los ministerios se preocupasen sobre nuestros hábitos, aunque es obvio que se precisa valentía

La segunda es que al parecer solo el Ministerio de Sanidad es competente en dar indicaciones sobre la salud, lo que contradice lo que propugna la Organización Mundial de la Salud de colocar la salud en todas las políticas, y por otro lado parece una táctica de lo que se ha llamado retardismo porque resulta evidente que si esperamos que sea el Ministerio de Sanidad el que aborde la cuestión, aunque obviamente podría y debería hacerlo, podemos esperar no sentados sino cómodamente acostados porque en este asunto “ni esta ni se le espera”. Bueno es que al menos el Ministerio de Consumo se preocupe del impacto que tienen nuestros hábitos de consumo sobre la salud de las personas y sobre la emergencia climática, mejor seria que lo hicieran todos los ministerios, aunque es obvio que se precisa valentía y anteponer los intereses generales a la búsqueda de popularidad y de caer simpático a las redes sociales. 

Por fin esta la manera de abordar la publicidad sobre el tema, que obviamente es bastante agresiva y/o llamativa. Esto obviamente es opinable, y no soy un experto en campañas publicitarias, pero si parece claro que si lo que se pretendía es llamar la atención sobre los problemas y que se hable de ellos lo han logrado, aunque ignoro si el resultado final será una mayor sensibilidad y una actuación más responsable al respecto.

Por supuesto todo esto nada le importa a la alegre muchachada del 4x4, del chuletón y las cañas, que avanzan felices e inconscientes avasallando al resto de la humanidad, y que piensan, con la inconsistencia mental que les caracteriza, que si todo va mal su dinero acabara salvándoles, aunque se hunda el resto del mundo

La cultura de la irresponsabilidad