TRIBUNA

Cuando el político se vuelve irracional

La irracionalidad política erosiona la democracia y aleja a los líderes del pueblo que representan.

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Hablar a veces de lo insensato y de lo absurdo que tienen algunos hechos y decisiones que toman nuestros políticos resulta, a veces, gracioso y hasta circense y, por desgracia, muchas veces cruel y frustrante para la democracia y para el bienestar, la igualdad y, sobre todo, el respeto del pueblo como ser humano y de su dignidad. Y es que muchas decisiones, por ser partidistas o egoístas, están cargadas de irresponsabilidad y de “sumisión” a agentes económicos que les apoyan, sin tener en cuenta las consecuencias finales. Esto demuestra que el “ser político”, muchas veces, está perdiendo su racionalidad y alejándose del ser humano.

De insensato, absurdo, irracional, es observar todo lo que nuestros políticos, sobre todo los de derecha y ultraderecha, están publicando en sus redes sociales, en sus mítines, congresos, argumentaciones, pues unos y otros han demostrado la diferencia que hay entre el “ser político” y el ser humano. Entre los intereses particulares de los partidos políticos y los intereses reales y prioritarios que el pueblo desea, entre ellos: su libertad, su igualdad.

De insensato, absurdo e irracional es la respuesta que los seudomedios informativos y sus “tertulianos” hacen y utilizan su palabrería para provocar el enfrentamiento y, utilizando argumentos a favor y en contra, lo único que pretenden es diluir problemas como el de la corrupción, la falta de propuestas sociales para mejorar el bienestar y, sobre todo, el de la falta de libertad e igualdad del pueblo.

Dejen de “jugar”. Dejen de “mentir”. Dejen de hacer “malabares” y “trilerismo”. Señores jueces que imparten una justicia parcial e interesada, respeten al ser humano, al pueblo y su dignidad. Con insensateces, irracionalidades y provocaciones, en su modo de impartir justicia o buscar alegatos para inculpar a personas, no se conseguirá lo que la democracia desea y el pueblo necesita.

No sean absurdos e insensatos, señores dirigentes políticos de la derecha y ultraderecha: hagan de la política un respeto de humildad, sensatez, coherencia y, sobre todo, alejada de lo absurdo e irracional. Así es como se hace una democracia grande, y así el pueblo creerá y confiará en la política, en sus políticos y en el “ser político”.

Con argumentaciones y exageraciones irracionales y absurdas, como las de la señora Ayuso, el señor Abascal, Feijóo, Aznar, Felipe González, entre otros, no se puede hacer una democracia real y verdadera con todos los derechos que esta democracia conlleva, pues demuestran con sus actos y sus palabras que, para ellos, la ciudadanía es lo último, pues solo les importan sus intereses y sus estatus falaces y alejados de aquello que el pueblo necesita y quiere, incluso de ellos mismos.