martes. 27.02.2024

Si hacemos el ejercicio de clasificar a los diputados en el eje izquierda–derecha parece claro que en las Cortes actuales hay una mayoría de derechas. Si esa mayoría no ha cuajado en un voto mayoritario al candidato del PP es porque, como bien señala el PNV, ellos “no pueden estar en la misma ecuación que Vox”. Cuando Feijóo ha dicho que podía haber conseguido la investidura aceptando las exigencias de Junts oculta el dato de que negociar con Junts le enajenaría los votos de Vox. Y como tampoco ha conseguido ningún voto disidente del PSOE, a Feijoo no le queda otra que reclamar otras elecciones. El interés de Feijoo es, pues, repetir elecciones.

En las Cortes actuales es evidente que solo hay un gobierno posible: la coalición PSOE–Sumar apoyada por nacionalistas vascos y catalanes. Si esta fórmula se rechaza o bien la negociación con cualquiera de aquellos partidos fracasa, la consecuencia es la repetición electoral. Por tanto, la cuestión sobre la que los militantes socialistas han de pronunciarse es si quieren un gobierno de coalición PSOE – Sumar con los apoyos necesarios para hacer posible la investidura, o prefieren que se repitan las elecciones.

Hace cuatro años hubo una repetición electoral en la que Sánchez pidió al electorado una mayoría suficiente para no tener que hacer coalición con UP. No la obtuvo y, finalmente, tuvo que pactar la coalición que hemos tenido estos cuatro años. Algunos creen que Sánchez debería repetir elecciones y reclamar al electorado una mayoría suficiente para no depender del voto de los indepes. Pero, a tenor de lo que dicen algunas encuestas, un resultado así no es probable. En el mejor caso volveríamos a una situación como la actual, es decir, a tener que resolver el mismo sudoku. Más probable sería que de las urnas saliera un gobierno PP – Vox. Ese es un riesgo que conviene no correr.

Los militantes socialistas han de pronunciarse si quieren un gobierno de coalición PSOE – Sumar con los apoyos necesarios, o prefieren que se repitan las elecciones

En las presentes circunstancias me guío por un lema: lo que sea antes que gobierne la extrema derecha. Esa es la primera y principal razón para votar sí en la consulta interna del PSOE. Y quizás valga la pena explicar el porqué de mi aversión a que gobierne la extrema derecha. Creo que Vox hoy produce más risa que miedo. Y por eso, quizás, algunos líderes del Antiguo Testamento, sencillamente ignoran a Vox en sus análisis sobre la gobernabilidad. Mirar fuera de España ayuda a explicar las razones del miedo.

El fenómeno político más preocupante después de la gran crisis de 2008 ha sido el surgimiento de la extrema derecha en todas partes, definido a veces como populismo reaccionario o anarquismo de derechas aunque prefiero la definición de nacionalismo reaccionario. Afortunadamente, no hay una internacional reaccionaria. En Europa, ni siquiera militan todos en el mismo grupo parlamentario. Pero con todas las diferencias que se quiera, hay un denominador común a todos los partidos de extrema derecha europea: la reclamación de la soberanía nacional por encima de lo que llaman la burocracia de Bruselas. La construcción europea ha sido un lento proceso de ceder parcelas de soberanía de los Estados- nación a la Unión Europea. La extrema derecha, reclamando la devolución de la soberanía nacional completa se propone revertir ese proceso. La ola de nacionalismo reaccionario amenaza con o bien desmembrar la UE o bien dejar a los órganos de gobierno de la Unión reducidos a la impotencia. 

Hace unos años, en el Reino Unido, había un pequeño partido llamado UKIP que proponía recuperar la soberanía del Reino Unido, sacándolo de la UE. El UKIP tenía muy poco peso en el Parlamento, pero fue poco a poco contaminando al Partido Conservador. Finalmente, hubo un referéndum con el Partido Conservador dividido en dos. Bajo el lema “Take the control back” ganó el bando del Brexit. Siete años después parece que hay consenso sobre dos cosas importantes: el Brexit ha sido muy perjudicial para el RU y las promesas que hicieron los brexisters no se han cumplido. 

Sobre la mesa hay dos posiciones opuestas en materia de política económica: una que propone incrementar el papel del Estado y otra reducirlo

La lección es que si un pequeño partido ultranacionalista fue capaz de sacar al Reino Unido de la UE, ¿por qué otros partidos ultranacionalistas no van a ser capaces de destruir la UE? Cuando además gobiernan en algunos grandes países de la UE. Y donde no gobiernan, sus propuestas colonizan a los partidos de la derecha tradicional. 

Pero hay algo más. Aunque no hay perspectiva histórica suficiente para comprender la gravedad de la crisis del 2008, muchos opinan que fue el acta de defunción del neoliberalismo, reinante desde la década de los 70. La cuestión es esta: ¿qué va a sustituir al neoliberalismo como la referencia estándar en política económica?. En torno a esta cuestión apuntan líneas absolutamente divergentes, para explicar las cuales podemos recurrir a dos casos opuestos.

En Argentina, Milei propone, motosierra en mano, suprimir ministerios como el de Educación y el de Sanidad y organismos como el Banco Central. En resumen, desmantelar el Estado. Es una vieja idea de los neoliberales llevada al extremo: si quitas de en medio al Estado, el mercado lo arreglará todo. El neoliberalismo fracasó porque la dosis aplicada era pequeña. Hacía falta una dosis de caballo. Lo peligroso es que con este discurso, Milei ha pasado de ser un personaje ridículo e intrascendente a tener un tercio del electorado y puede que se convierta en Presidente de Argentina.

En dirección opuesta apunta la nueva política industrial de Biden. El Estado no se debe limitar a arreglar los fallos del mercado, sino que debe ser un agente inversor de primer orden. Lo cual no equivale a un sector público más grande, pero sí más activo desde el punto de vista económico. Claro que la política industrial de Biden se basa en razones de seguridad nacional. Pero sea por lo que fuera conviene tomar nota de que sobre la mesa hay dos posiciones opuestas en materia de política económica: una que propone incrementar el papel del Estado y otra reducirlo.

Nada está decidido en política económica. Mucho dependerá del resultado de las próximas elecciones europeas. La ultraderecha tiene un plan. La izquierda necesita un plan

Nada está decidido en política económica. Mucho dependerá del resultado de las próximas elecciones europeas. La ultraderecha tiene un plan. La izquierda necesita un plan. El peligro es que las ideas de la ultraderecha vayan abriéndose a la derecha más tradicional. O, lo que es peor, evitando que surja una nueva política económica, algo así como un nuevo keynesianismo.

Y finalmente, algo sobre la amnistía.

Me ha gustado la explicación de Sánchez respecto de la amnistía: hacer de la necesidad virtud. Claro que Sánchez ambiciona seguir siendo presidente del Gobierno. A lo largo de mi ya larga vida he conocido a muchos políticos. Pero no conocí a ninguno que no fuera ambicioso. Hay una biografía de Suarez que se titula, precisamente, “Historia de una ambición” y que explica que Suarez, con tal de ser Presidente, traicionó a todos los franquistas que le promocionaron. Muy cierto, pero, oye, bendita ambición. Aquí el asunto es si el interés personal de un político (que, por lo general, es ocupar el poder o seguir en él) coincide con un interés más general que el suyo propio, y digo “un” porque “el interés general” es imposible de definir. Un interés general puede ser el interés de la mayoría del partido. Me parece que este es el caso. O puede ser el interés de una parte del electorado. Porque si el interés personal de un político no coincide con el interés de algún colectivo amplio no va a durar mucho.

La incógnita es si Junts pasa de ser un partido disruptivo, como hasta ahora, a integrarse en la gobernabilidad de España

En este sentido es evidente que la amnistía responde al interés personal de Sánchez pero también me parece que ese interés personal está alineado con el interés de su partido y con un sector amplio del electorado, como se deduce de lo que ha pasado con los indultos. La amnistía sirve, seguramente, para hacer presidente a Sánchez y puede que sirva para superar la crisis institucional catalana de 2007. Esto último no es seguro, porque la superación de la crisis depende mucho de la evolución del movimiento independentista.

La incógnita es si Junts pasa de ser un partido disruptivo, como hasta ahora, a integrarse en la gobernabilidad de España. Creo que el voto a la investidura va a dar una pista porque lo que, al final, cuentan son los hechos y no los discursos, que seguirán siendo tan delirantes como siempre. 

En el Reino Unido algunos de sus promotores están haciendo balance del Brexit: salen números rojos. Si aquí hicieran balance del procés algunos deberían simplemente irse de la política porque el procés ha costado una década perdida a Cataluña y ha sido un factor decisivo en el ascenso de la extrema derecha en España. Pero, lejos de hacer balance del procés sus promotores siguen empeñados en mantener un discurso delirante para regocijo de la extrema derecha. En todo caso, el movimiento indepe post procés está abocado a renovar liderazgos. Pero eso va a tardar, me temo.

Mientras tanto, lo más parecido a la “mayoría de investidura”, si es que, finalmente, la hay, es un circo con seis pistas. Eso es lo que el noble pueblo español con sus votos ha decidido y con esos bueyes hay que arar. Algo no muy diferente del circo que hemos tenido estos cuatro últimos años. A pesar de lo cual, se han aprobado multitud de leyes de gran calado (algunas de chiripa) y el Gobierno puede presentar un balance económico y social bastante razonable.

Repetir gobierno de coalición, soportado en una “mayoría de investidura” parecida es la segunda razón para votar sí en la consulta del PSOE.

Dos motivos para votar sí