sábado. 02.03.2024
C. Tangana y Fernando Savater
C. Tangana y Fernando Savater

Han despedido a Fernando Savater de El País. (Ese es el titular y no vamos a estropearlo por decir la verdad). Y según la tele lo mismo le hicieron a C.Tangana en Pans & Company. Bueno, lo mismo no. Hay algunas diferencias. La más importante (la que a mí me importa, quiero decir), es que hasta hace poco C. Tangana solo tenía vida laboral mientras que Fernando Savater tenía curriculum vitae (es un detallito, pero me gusta recordarlo). Ahora las cosas están cambiando. Y creo que ese cambio es lo que tiene a la vieja guardia de intelectuales orgánicos hiperventilando en los pseudomedios digitales: la gente como C. Tangana son unos "intrusos" en su mundo.

Y es que no se nos perdona nacer pobres, de familia pobre, genéticamente pobres. La pobreza se hereda más que la riqueza. La desigualdad es, como decían los estructuralistas pequeñoburgueses de la gauche divine, histórico-genética. Y sí: es una cuestión de clase, no de individuos. A nosotras, (como clase, se entiende) la historia nos tendrá siempre reservado un puesto en Pans & Company. ¡Ojalá algún día me despidan a mí de El País como a Savater! Y además pueda decir lo mismo que ha dicho él: "Sé que había razones para que me despidieran, lo sé. Pero no creí que ocurriera". Esa es la gran diferencia. Yo he vivido mis despidos siempre al revés: "Sé que no hay razones para que me despidan, pero no tengo ninguna duda de que ocurrirá". A nosotras nos despiden y nos despedirán siempre de alguna de las franquicias del Grupo Ibersol, los dueños de Pans & Company, y otras 24 marcas similares, algunas tan conocidas como KFC, Pizza Hut o Cañas y Tapas. Y otro detalle (¡el diablo se esconde en los detalles!) a nosotras, cuando nos despiden, calculamos si vamos a poder seguir pagando la hipoteca o el alquiler. A nosotras, cuando nos despiden, (y nos despiden mucho porque es fácil, rápido y barato), buscamos trabajo y tenemos, y no tenemos, prisa (perdón por el juego de palabras). A nosotras, cuando nos despiden, no esperamos a que nos llamen de los medios de comunicación para dar nuestra versión. Con suerte, nuestra versión la daremos en el sindicato y en los juzgados.

Ahora las cosas están cambiando. Y creo que ese cambio es lo que tiene a la vieja guardia de intelectuales orgánicos hiperventilando

Por eso lo de Pans & Company y C. Tangana me parece mucho "más real" que lo de El País y Savater. Y me parece real porque lo Real es siempre un exceso. Lo otro es calculado victimismo por intoxicación literaria. Nosotras no queremos ser víctimas. Las hijas de las pobres de siempre odiamos la pobreza desde siempre. Por eso obedecemos. Obedecemos porque tenemos miedo, y eso nos hace odiar (a los otros y a nosotras mismas). No es fácil vivir así; con mucho miedo y bastante odio. Lo sé, lo sabemos. En El exceso-la fábrica, un texto de Leslie Kaplan publicado originalmente en 1982 (traducido al castellano en Arena Libros) se retrata, con gran precisión y enorme potencia poética, como el trabajo termina siempre por absorbernos y convertirnos en "cosas". Es el trabajo lo que odiamos y lo que nos hace odiar. Odiamos el trabajo y tenemos miedo a perder el trabajo. Aquí no hay espacio posible para la romantización de la explotación. Kaplan expone con sutileza como el poder siempre cosifica al sujeto (alienación, reificación, cosificación, ¡qué maravilla!, conceptos de fondo de armario que nunca pasan de moda) Savater ya sabía eso en 1977: "Porqueel poder practica un dominio esencialmente coercitivo, basado en la instrumentalización de lo dominado, en su conversión en cosa". Así se expresaba el Savater de hace casi 50 años en "Para la anarquía y otros enfrentamientos". Hoy es más interesante que nunca esa reflexión de aquel Savater (que parece que nunca existió). C. Tangana lo sabe, lo actualiza y lo dice más breve (y con musiquita): "Cuando estamos mal, lo paso bien" (C. Tangana. Bien duro). Esa es nuestra realidad: "bicho no se muere hasta que no se mata". Lo pasamos mal de verdad y sufrimos de verdad. No, "no estamos bien", y ya ni siquiera queremos estar bien, -signifique eso lo que signifique-. Ya ni siquiera sabemos qué es estar bien. Por eso bailamos con C. Tangana: para al menos no sentirnos "cosas". 



A nosotras, cuando nos despiden, no esperamos a que nos llamen de los medios para dar nuestra versión. Con suerte, nuestra versión la daremos en el sindicato y en los juzgados

Savater sabe que la vida es un problema sin solución. Es imposible que ignore todo esto. Savater fue el traductor e introductor de Cioran en el mundo hispano (esa es, sin duda, su mayor contribución a nuestra historia de la filosofía) y no puede haberse olvidado de lo que repetía Cioran, con su habitual tono de sermón: "Nuestro rencor procede del hecho de haber sido inferiores a nuestras posibilidades y no haber podido alcanzarnos a nosotros mismos. Y eso nunca se lo perdonaremos a los demás". Quizás Savater lo sabe y lo sufre ahora (porque parece que es eso lo que nos reprocha). Quizás no ha sabido, no ha podido o no ha querido estar a la altura de sus propias posibilidades. A C. Tangana le está pasando algo parecido a lo de Savater. Tiene miedo de no estar a la altura de la situación, de las expectativas (las propias y las otras), de no aprovechar la ocasión (y quizás ya sabe que no va a tener una segunda oportunidad). El vértigo de la exposición pública, el síndrome del impostor, etc., ninguna novedad. Como podría decir el propio Cioran: jodete y baila.

Savater parece estar feliz de que por fin le hayan despedido de El País. C. Tangana pide que se haga boicot a Pans & Company como venganza personal. En realidad, no hay tantas diferencias entre C. Tangana y Fernando Savater. Es solo cuestión de detalles.

 

Cioran baila con C. Tangana