miércoles. 24.04.2024
pablo casado
 

Señor Casado, apenas unos minutos después de que el pasado miércoles pusiera punto y final a su intervención de despedida en el Congreso de los Diputados, pensé en escribirle una carta que finalmente he postergado hasta hoy, más que nada para dar tiempo a que se enfriara la noticia y los ánimos se templaran. 

Ahora, con algo más de perspectiva, aunque siga sin encontrar sentido a que los mismos diputados que le dejaban en la estacada le aplaudieran con fervor tras su intervención, compartiré con usted unas reflexiones a colación de su intervención en el hemiciclo que, con toda seguridad, planificó milimétricamente en cada frase, en cada palabra, en cada detalle, a fin de investir con algo de dignidad a su funesto adiós. 

Me llamó profundamente la atención el siguiente fragmento de su intervención: «…entiendo la política desde la defensa de los más nobles principios y valores, desde el respeto a los adversarios y la entrega a los compañeros, todo para servir a España y a la causa de la libertad

Nada mas escucharle me pregunté: ¿Respeto a los adversarios y entrega a los compañeros? Le aseguro, señor Casado, que me costó reconocerlo cuando pronunció esta frase, precisamente usted que tantas veces ha denigrado con lacerantes injurias a sus oponentes en el hemiciclo. ¿Tanto ha cambiado su talante que se atreve a hablar de respeto cuando en los dos años que llevamos de legislatura ha ejercido una oposición agresiva, belicosa, obstructiva e incluso antipatriótica, denigrando a un Gobierno al que, incluso, le ha negado su legitimidad?

Señor Casado, nada mas lejos de mi intención que hacer leña del árbol caído en que usted se ha convertido. No sopesaré las circunstancias que le han precipitado al fracaso, ni tampoco opinaré sobre el tiro por la culata que le ha supuesto una estrategia, quien sabe si concebida por quienes, deliberadamente, pusieron en sus manos una pistola defectuosa.

Sinceramente, le aseguro que al dirigirme a usted lo hago sin acritud. Es mas, tenga la certeza de que le deseo lo mejor en el plano personal tal cual le expresó el presidente Sánchez. Pero me es difícil olvidar que usted ha liderado una oposición agresiva y beligerante, a veces incluso grosera. Ha jugado con fuego al bloquear a las instituciones, al poner obstáculos para la llegada a nuestro país de unos fondos que nos corresponden a todos, y no digamos al desprestigiar a un gobierno que tantas veces ha calificado de ilegítimo. Es obvio que no le asesoraron bien, que no le advirtieron que su ardorosa estrategia ponía en evidencia una endeblez como estadista y también su incompetencia para presidir algún día el gobierno de España.

Pero volvamos al discurso de despedida. Estoy convencido de que cuando dijo: «respeto a los compañeros» había mucho de retintín y de reproche camuflado en sus palabras. Que error señor Casado, que inmenso error el suyo al caer en la trampa de denunciar las comisiones que cobró el hermano de la presidenta Ayuso a cuenta de una partida de mascarillas. ¿Cómo se le ocurrió iniciar una absurda cruzada para limpiar la imagen de corrupción que penaliza a su partido? ¿Cómo se le ocurrió emprender una maniobra de acoso y derribo para dejar fuera de combate a una adversaria, la señora Ayuso, con mucho más apoyo, recursos y carisma que usted? 

Cuánto mal le han hecho quienes le aconsejaron actuar de ese modo. ¿Acaso no sabía usted que en ciertos grupos de poder donde se delinque con frecuencia, una delación que destape un asunto turbio es considerada como traición y siempre paga las consecuencias quien se salta esa regla de oro que es el código de honor y de silencio?  Qué inocente ha sido usted al no percatarse de que todo el PP —incluido el Mesías Feijóo— se ha centrado en ir a por usted, mientras nadie habla de la presunta corrupción que podría dañar la imagen de la presidenta Ayuso. 

En fin, señor Casado, no le molesto más y me despido, insisto en que sin acritud, reiterándole mis mejores deseos para que todo le vaya bien en el plano personal. Y si me lo permite, me tomo la licencia de recomendarle que sea lo más cauto posible al elegir a sus nuevas compañías cuando reconduzca su vida y emprenda una nueva actividad. Nunca olvide que ser ambicioso, y a la vez pardillo y confiado, puede ser muy peligroso.

Carta abierta a Pablo Casado