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La cacería inglesa del zorro, también conocida como fox hunting, es una tradición antigua que se originó en Inglaterra. Se trata de un acoso a un zorro al que un grupo de jinetes, acompañados de perros entrenados por su olor, lo persiguen hasta que lo alcanzan o se escapa. El sangriento y desproporcionado evento ha producido ya su prohibición en Escocia y que otros jinetes, ataviados con casacas negras, saboteen la caza despistando a los perros, para gran frustración de los casacas rojas tradicionales.
En España estamos viviendo una versión política de esta práctica. Mastines expertos y bien entrenados de los poderes profundos del Estado persiguen con saña un objetivo político: cazar al presidente de un gobierno democrático. Hasta el momento ya se han organizado varias monterías (de los que pueden hacer, hacen) y cobrado varias presas. Por contra, hay demasiados asesores pardillos y animalistas que imaginan proteger con piel de oveja a la pieza grande de la cacería a la inglesa que viene esta primavera. A caballo y con perros. Parece más práctico el organizar bien a los saboteadores. De frente, y también a caballo, para confrontar a los mastines. Porque no vale solo ir de zorro. A no ser que quieras ver tu piel colgando. Qué cosa esto de las metáforas.


