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martes. 04.10.2022
Foto: ccoo.es

Cada día nos sorprende con un nuevo record en los precios de la electricidad, una nueva subida de los precios de los carburantes, un susto renovado en el precio de los bienes básicos de consumo de nuestras familias. El coste de la vida ha crecido un 5´5% dicen los economistas en los medios de comunicación, sin ir más lejos.

Con una inflación descontrolada, el sector empresarial intenta justificarse en la pandemia para convencernos de que ya tenemos bastante con no haber perdido nuestros trabajos. La realidad es que los ERTEs, pagados con dinero público, son los que han permitido salvar esos empleos.

Ahora, también con dinero público de todos los europeos, algunos piensan sólo en recuperar cuanto antes los beneficios empresariales. Luego, con las sobras, ya subirán los salarios, siempre de forma limitada, para que los altos beneficios no se espanten y alimenten la inversión y la creación de empleo. Al menos eso es lo que nos vienen contando los ultraliberales desde tiempo inmemorial.

Por eso, los empresarios españoles, con una inflación situada en el 5´5% y sin visos de disminuir, nos plantean subidas salariales del 0%, congelaciones salariales que suponen la renuncia a cualquier intento de mantenimiento del poder adquisitivo.

Que el futuro se decante hacia la igualdad, o hacia la injusticia, dependerá sobre todo de que la clase empresarial no se empeñe en bloquear la negociación colectiva

Ignora, este tipo de empresarios, que las empresas se componen de empresarios y trabajadores y que los beneficios empresariales deben verse acompasados con las subidas salariales. No tiene explicación alguna que se congelen los salarios en un contexto de recuperación de beneficios. Sin embargo es muy frecuente que los salarios se contengan cuando una empresa enfrenta situaciones complicadas para su supervivencia. 

Los sindicatos se concentran estos días ante las sedes de las organizaciones empresariales como forma de visualizar la exigencia de unas rentas salariales que garanticen la suficiencia económica. Reivindican la necesidad de una negociación colectiva enriquecida con contenidos que tienen que ver con la calidad del empleo, el justo reparto de beneficios y salarios, la protección de la salud y la promoción de la formación de las trabajadoras y trabajadores.

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Algunos sectores empresariales van entendiendo que sobre salarios de miseria no es posible construir calidad de nuestros productos y servicios y se aprestan a mejorar la productividad sin recurrir a bajar salarios, imponer largas jornadas de trabajo y  la precariedad de los empleos. 

Empresarios que negocian convenios que toman en cuenta el mantenimiento y la mejora del poder adquisitivo y de las condiciones de trabajo, especialmente en aquellos sectores peor pagados y con mayor temporalidad. La propia crisis sanitaria nos ha revelado que algunos de estos sectores son esenciales para nuestras sociedades. 

Acabo de leer una notica en la que los sectores empresariales de residencias privadas (uno de los sectores más golpeados por la pandemia), en una determinada provincia, plantean subidas salariales del 21´7% hasta 2026. Parece mucho, pero estamos hablando de sectores en los que una auxiliar de residencia cobra poco más de 13.000 euros al mes. 

Tenemos que ser muy prudentes, el futuro es incierto, pero somos conscientes de que terminaremos saliendo de esta crisis. Esa salida no puede producirse a costa de dejar en el camino a millones de personas trabajadoras condenadas a la precariedad laboral, altos niveles de paro y salarios miserables.

Que el futuro se decante hacia la igualdad, o hacia la injusticia, dependerá sobre todo de que la clase empresarial no se empeñe en bloquear la negociación colectiva y que empresarios y sindicatos consigan crear unas relaciones laborales que apuesten por la estabilidad de los empleos y la dignidad de los salarios. 

La batalla de los salarios