viernes. 01.03.2024
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Feijóo en el panel del Pleno del Congreso, durante su sesión de investidura. (Foto: Congreso de los Diputados).

He oído a un político decir que a la política no se viene a hacer amigos y lamento expresar mi disconformidad con esa afirmación. Los amigos, o su equivalente de aliados, son imprescindibles.

Lawrence Freedman escribió la auténtica biblia sobre la historia de las técnicas para dirigir un asunto o proceso, ya se deba desarrollar en una campaña militar, una actuación política o una actividad empresarial. Naturalmente, lo tituló "Estrategia". Quien quiera adentrarse en esas técnicas debe saber que le esperan 1.004 páginas pero, si me permiten decírselo, merece la pena.

En esas páginas, ya desde las primeras, se pone de manifiesto que una de las estrategias básicas para acometer cualquier actividad, por muy poca complejidad que conlleve, es la colaboración con los aliados adecuados. Desde los chimpancés, como antecesores del sapiens, que se unen en bandas para proteger sus vidas, hasta la firma de tratados militares, comerciales o de cualquier tipo, la consecución de aliados que aporten recursos complementarios a los propios, es algo primordial.

Esa tendencia de los chimpancés para buscar protección agregándose a otros para evitar ser presa fácil en la jungla, fue incorporada a sus sucesivas evoluciones hasta llegar al sapiens. De ahí la vida en colectividad. Según Noah Harari, hace unos 35.000 años, día más, día menos, el sapiens inventó el mito, algo que, trascendiendo lo concreto, servía para convencer a otros congéneres de la utilidad de unirse para acometer ciertas tareas con mayor eficacia. Seguramente cazar o construir algo parecido a un refugio serían las primeras tareas colectivas que hizo aquel sapiens. A partir de ahí, el colegueo empezó a desarrollarse. El trabajo en red y las redes sociales quizás sean los penúltimos eslabones de esa cadena.

En política el colegueo se hace imprescindible, especialmente en la tesitura de querer ahormar mayorías para ostentar el poder, aunque sea compartido

Pero, en política, en democracia y en parlamentos fragmentados, mucho antes que las redes sociales, el colegueo ya se hizo imprescindible, especialmente en la tesitura de querer ahormar mayorías para ostentar el poder, aunque sea compartido.

Porque, y esa es otra obviedad, la política, y los políticos, tratan de conseguir el poder. Hay quien agrega características a ese poder, como la ética, la religión, la utilidad para obtener riqueza personal o, incluso, la consecución de un beneficio para la sociedad. Está bien que se quiera conseguir algo con el poder, pero hay que considerar este como un instrumento neutro y la política como una actividad cuyas reglas son bastante simples y cercanas a una ciencia exacta.

Una de esas reglas, insisto que en democracia, así como se dice que el que no tiene padrinos no se bautiza, el que no tiene los aliados necesarios, no se entroniza. Salvo que consiga la felicidad completa en forma de mayoría absoluta.

Naturalmente, tan largo preámbulo tiene que ver con Alberto Núñez Feijóo y con su pretensión de ser presidente del gobierno con el único apoyo de su partido. Se dice que le han puesto un cinturón sanitario, pero es más cierto que se lo han puesto ellos mismos para no contaminarse con ninguna idea que no sea propia. Esa es, quizás, la razón por la que su partido lo importó de Galicia. Feijóo, acostumbrado a las mayorías absolutas, venía a hacer lo mismo en el gobierno de España, ganar por mayoría absoluta. Al fin y al cabo, Ayuso y Moreno ya lo habían hecho en sus respectivos territorios y, entre eso y la tendencia al absolutismo de don Alberto, la cosa parecía posible.

Pero, el no conseguirlo el pasado 23 de julio, les pilló con el pie cambiado y se vieron abocados a lo que, para ellos, era el plan B, es decir, buscar aliados, algo que, no solo para los demás, sino hasta para los chimpancés como ya hemos dicho, es siempre un plan A.

Lo que pasa es que la búsqueda, y convenio con aliados, no es algo tan automático como pretendía el Partido Popular. Hace falta, como mínimo, cumplir tres condiciones básicas.

En primer lugar, hace falta estar dotado para tener aliados. Eso significa tener la generosidad o, en su defecto, la inteligencia, de compartir el poder con los aliados, aunque eso suponga adoptar una dieta alimenticia en la que el sapo es un alimento imprescindible. Si se es como los gases nobles, es imposible ligar con nadie.

La segunda condición es la de la compatibilidad. Han de buscarse aliados compatibles o, al menos, no incompatibles, con objeto de que los sapos a ingerir tengan la suficiente calidad como para que su digestión no sea muy pesada. También en el mundo inorgánico hay ejemplos para ilustrar esto. No hay más que pensar en el agua y el aceite para comprobar como son estos problemas de incompatibilidad.

Y, la tercera, que tiene que ver con las anteriores, es de aplicación cuando se trata de acordar con más de un aliado. En este caso, la regla de compatibilidad ha de extenderse a la relación entre ellos. El menú de sapos, entonces, se complica y no todos los aliados pueden compartirlo. Volviendo al mundo inorgánico, se sabe que el carbón vegetal, el azufre y el nitrato potásico, son tres materiales que, dos a dos, no ofrecen mayor problema, pero juntos forman algo tan explosivo como la pólvora negra.

El PP ha elegido el camino de la soledad del corredor de fondo o el del anacoreta que se aísla del mundo para conservar la limpieza de su corazón

Feijóo, y su partido, tienen problemas para cumplir esas condiciones. Viene, como es sabido, de no tener que pactar con nadie para gobernar en Galicia aunque, como la necesidad obliga, ha podido llegar a acuerdos con VOX, a pesar de que ha renegado siempre de ir con ese partido ni hasta la esquina. Bien, con eso ha demostrado cintura suficiente para dedicarse a la política cuando las necesidades del guion le obligan (primera condición) a renunciar a su soberbia, escrúpulos o falta de generosidad. También ocurre que tiene la suficiente compatibilidad (segunda condición) para pactar con VOX y UPN, cuyos diputados son intercambiables con los del PP como es sabido.

Pero, ahí radica el problema que tiene Feijóo para gobernar si le hacen falta más votos parlamentarios que los que le aportan esos dos partidos. Y, es que VOX es incompatible (tercera condición) con el resto de los grupos del Congreso a los que, en realidad, quisiera ilegalizar, no aliarse con ellos.

Pues bien, todas esas obviedades que les acabo de contar, por supuesto que son conocidas por el Partido Popular pero, ellos, han elegido otro camino. El de la soledad del corredor de fondo o el del anacoreta que se aísla del mundo para conservar la limpieza de su corazón. Mientras, en el Congreso de los Diputados, haya comunistas, populistas, separatistas y amigos de los terroristas, al Partido Popular no le queda mas remedio que procurar aumentar sus filas hasta conseguir una mayoría absoluta purificadora. A costa de VOX y de que se hagan una transfusión de sangre ultraconservadora. A lo mejor eso les da para ilegalizar alguno de esos grupos enemigos de España.

Bueno, y la próxima semana hablaremos del gobierno. Un gobierno que precisa de aliados y de sapos.

Anacoretismo político