jueves. 29.02.2024
BANDERAS

Accedí a un escaño en junio de 1977 siendo uno de los diputados más jóvenes del Congreso (28 años), con apenas experiencia y todo un mundo nuevo por descubrir. Llevaba afiliado al PSOE desde 1975 y a la UGT desde 1973, que lo hice en Barcelona, para luego -en la ciudad de nacimiento- Albacete, a la que fui trasladado por mi empresa, con un reducido puñado de compañeros y compañeras iniciar la reorganización de ambas organizaciones, partiendo “casi” de cero. ¿Por qué me afilié al PSOE y a la UGT y no en otras formaciones del ámbito de la izquierda?, por tradición familiar y por mi ideología socialdemócrata, laicista y republicana. No me he arrepentido nunca, la lucha sindical y la política me enseñó y me dio mucho. En 1979 sería senador (también fui de los más jóvenes) y en 1982 me volvería a mi trabajo habitual, con una pequeña inmersión electa como teniente alcalde entre 1991 y 1995, en la ciudad de Albacete, que también me ofreció muchas enseñanzas. Nunca tuve una responsabilidad por designación.

Fueron años de mucho trabajo, de hacer organización, de explorar nuevos frentes, de hablar con mucha gente y de viajar, sobre todo, por mi provincia y por Europa y América latina, por las responsabilidades que me asignaron.

Pero fueron años muy diferentes a los de ahora, donde los acuerdos, el consenso y construir puentes sociales y políticos era una prioridad. Donde lo importante no era el cargo o la escasa compensación económica de la época, sino el esfuerzo por mantener unas ideas y tratar de mejorar la convivencia, la sociedad, las leyes y las instituciones, tras casi cuatro décadas de lamentable dictadura nacional-católica.

En el seno del PSOE me situé en el ámbito más crítico, junto a un grupo de compañeros y compañeras, hecho que, a la postre, me acarrearía “consecuencias” a nivel interno.

Defendíamos el Estado federal y republicano, la más pura democracia interna y el no seguidismo a los líderes, un modelo socialdemócrata de sociedad, la redistribución de la renta y la riqueza, sin tintes neoliberales, lo público frente a lo privado, la laicidad de las instituciones, un modelo de escuela único público y laico… Todo ello en la senda del PSOE de la II República, sabiendo, no obstante, que los tiempos habían cambiado y las circunstancias también. Que había que ceder a favor de la democracia formal que estábamos construyendo… Pero -quizá- no tanto, como se hizo a favor del liberalismo más canalla, sobre todo desde 1982. Consecuencias que hemos ido pagando con creces a lo largo de estos años. Quizá porque esa situación ya no cabía en mi ideario, en el año 2000 abandonaría mi militancia en el PSOE. Tampoco me he arrepentido. A partir de ahí me he dedicado al mundo de la gestión política de la Enseñanza, a las AMPAS, a luchar por la laicidad de las instituciones, etc. etc. En suma, a participar del tejido social, de forma altruista.

Cuando hace unos días en un acto interno y multitudinario del PSOE, observé miles de banderas roja y gualda, cuando observo la deriva de reivindicación patriótica, incluso por parte de algunos destacados líderes de la “nueva izquierda”, o del nacionalismo (de todo tipo) más secesionista, lo mismo que en su día observamos en el PCE, “supuestamente a la izquierda” del PSOE -Noticia del 17 de abril de 1977: “Por 169 votos a favor, ninguno en contra y once abstenciones, el comité central ampliado del Partido Comunista de España ha tomado el acuerdo de colocar la bandera bicolor del Estado español, en todos sus actos, al lado, de la bandera comunista. Una bandera roja y gualda de grandes dimensiones estaba situada ayer, efectivamente, en la sala de la reunión. Esta decisión, unida a la promesa de apoyo a la Monarquía…”. Escenario visual de hace 46 años que se parece, en parte, a las banderas patrióticas que conservadores en sus manifestaciones y/o neofascistas despliegan en los escraches a las sedes del PSOE, o en las manifestaciones “anti amnistía” o, como comentaba anteriormente, en mítines del PSOE: la bandera bicolor patriótica como símbolo, como trampantojo.

Fue el sabio cómico Gila y que difundió el actor Fdo. Fernán-Gómez el que dijo: “El patriotismo es un invento de las clases poderosas para que las clases inferiores defiendan los intereses de los poderosos”. Los símbolos como “patrioterismo” engañoso. Los símbolos como maquinaria para imponer, desde la derecha o la izquierda (o lo que quede de ella), o desde los nacionalismos más diversos, el poder de las y los líderes políticos, para que la ciudadanía defienda “sus” intereses.

Vivimos malos y preocupantes tiempos donde los neofascismos liberales acechan y, en ese escenario, el patriótico, de muros, fronteras y banderas se mueven como pez en el agua

Han pasado 45 años desde que se aprobó la actual Constitución, se ha reformado en dos ocasiones, una por imperativo de la UE y la otra para supeditar el pago de la deuda al gasto social y se hizo (vergonzosamente) durante la gobernanza del PSOE (Zapatero), ya en este siglo. Constitución que sería necesario adecuar (actualizar) a estos tiempos en varios de sus apartados, sobre todo en lo que afecta a la cuestión territorial, al lenguaje, a la nueva sociedad tecnológica y a diversidad de nuevos factores. Y yo qué más quisiera que se adaptara a un modelo de Estado republicano, laico y federal, como reivindicábamos (exigíamos), en el seno del PSOE, las y los críticos de la época: una minoría a las que se nos “pasó factura”. Ha pasado ya mucho tiempo. Fue y es la política partidaria “en estado puro” (o conmigo o contra mí), independientemente de la ideología.

Lo expuesto hasta ahora, no significa que yo eluda mis responsabilidades políticas, soy consciente de que fui partícipe de aciertos y, también, de errores. Ya fuera por mi juventud, ya fuera por mi cobardía.

Un patrioterismo de bandera bicolor nos vuelve a inundar desde todos los ámbitos

Dicho todo esto, quizá lo más grave no es ya una Constitución algo “viejita” por el paso de tiempo, monárquica y con rasgos confesionales y liberales (la propiedad privada por encima de lo público) en algunos aspectos, sino que en su título primero, el de los “Derechos y Deberes fundamentales”, las instituciones (El Estado) y los partidos de toda ideología que los administran, en muchos de sus aspectos, hacen caso omiso, por ejemplo: “todos somos iguales ante la ley”, “derecho a una vivienda digna” o “el derecho al trabajo”, etc. etc. En suma, la Constitución NO se cumple en aspectos fundamentales, gobierne quien gobierne, aunque algunos impriman un cierto marchamo más o menos “progre”… pero de “puntillas”,  sin ir al fondo de las cuestiones, para eliminar -de verdad- las profundas desigualdades sociales existentes en varios ámbitos, como habitabilidad y vivienda, territorio, trabajo digno, salud, asistencia social, desigualdades sociales, justicia igual para todos…

Pues sí, por encima de las cuestiones importantes, de tender puentes en vez de levantar muros, un patrioterismo de bandera bicolor nos vuelve a inundar desde todos los ámbitos. Malos y preocupantes tiempos, porque los neofascismos liberales acechan y en ese escenario, el patriótico, de muros, fronteras y banderas… se mueven “como pez en el agua”. La historia nos lo ha enseñado y, hoy, ya padecemos diversos ejemplos en el Planeta y muy poco a poco nos inunda.

Francisco Delgado. Fue diputado en 1977

45 años de Constitución y el trampantojo patriótico de las banderas