Pero, ¿tú sabes lo que es una nación?

Patxi López durante el debate de primarias.
Patxi López durante el debate de primarias.

Todo lo que se plantea en la propuesta de Pedro Sánchez tiene perfecta cabida en la Declaración de Granada, la Biblia socialista en la materia

A la hora en la que se celebraba el debate (lunes 15 de mayo) entre los tres candidatos a la secretaria general del PSOE, me encontraba volando hacia San Sebastián para presentar allí mi libro Los idus de octubre, una reflexión sobre la crisis de la socialdemocracia europea en general y la del PSOE en particular. No pude, pues, verlo en directo, pero después he visionado algunas partes y he escuchado muchos comentarios al respecto.

Como era de esperar, la cuestión del reconocimiento de la plurinacionalidad del Estado, planteada en los documentos programáticos de Pedro Sánchez, ha sido objeto de críticas por parte de los otros dos candidatos. No me extraña de parte de Susana Díaz, pero es más sorprendente que también lo haya hecho Patxi López, que en un momento determinado se dirige a Sánchez preguntándole, con el aire de un maestro airado, si sabía lo que era una nación y dando a entender que él lo tenía perfectamente claro.

Buena pregunta, pero dudo que quien la formulaba supiera contestarla mejor que los muchos historiadores y politólogos que han intentado hacerlo. Y no es ninguna tontería contestarla en base a elementos subjetivos de carácter emocional, como ha hecho Sánchez, atrayéndose con ello críticas poco fundamentadas.

En efecto, para saber si Catalunya es o no una nación, habría primero que ponerse de acuerdo en qué es una nación. Y el término tiene muchas definiciones y ninguna satisfactoria. Intentemos explorar el concepto para ver si aprobaríamos el examen del profesor López.

Creo haber demostrado a lo largo de mi vida política que no tengo ninguna simpatía por la idea de una Catalunya independiente, y debo ser de los pocos que ha combatido con razones y argumentos la propaganda al respecto. He empleado bastante tiempo y esfuerzo en defender que las clases trabajadoras y la mayoría social catalana no se beneficiarían con una eventual independencia de Catalunya, que en el actual contexto europeo y mundial resulta inviable y que se intenta fundamentar en mitos y falacias. Y hubiera agradecido que otros se sumaran a esa tarea en vez de enconar el sentimiento de agravio.

Desde esta posición, debo rechazar las críticas que se hacen a las propuestas de Pedro Sánchez acerca de la solución al problema de Catalunya, que en realidad es el problema de España.

Si consultan el texto programático presentado por Pedro Sánchez, verán que no propone ninguna de las barbaridades que se le atribuyen. Y, como he participado activamente en su redacción, no me resulta difícil defenderlo.

Todo lo que se plantea en la propuesta de Pedro Sánchez tiene perfecta cabida en la Declaración de Granada, la Biblia socialista en la materia. Pero la cuestión fundamental, que ha centrado la polémica, es el reconocimiento del carácter plurinacional de España, o del Estado español, como dicen aquellos para los cuales la palabra España es tan impronunciable, como para otros fue abstención o crisis.

Dentro del partido socialista hay quien se opone tajantemente a reconocer que Catalunya es una nación, que tiene cabida dentro de otra nación que es la nación española, manteniendo que la soberanía reside en el conjunto de pueblo español.

Debo confesar que en esta materia soy bastante agnóstico, casi irreverente, y que esa discusión esencialista no me apasiona. Cuando tenemos problemas como el cambio climático, las consecuencias de la era digital sobre el empleo o las crecientes desigualdades, consumir tanto esfuerzo intelectual y político en discutir sobre un concepto discutido y discutible, como dijo Zapatero y en eso tenía razón, me suena a las bizantinas discusiones sobre el sexo de los ángeles mientras los turcos escalaban las murallas se Bizancio.

Soy de lo menos nacionalista que se fabrica, y eso vale para cualquier nación de referencia. Soy tan poco nacionalista catalán como nacionalista español. He sido Presidente del Parlamento Europeo y recuerdo como resonaron allí las palabras del Presidente francés François Mitterannd, “le nationalisme, c’est la guerre”. Y en ninguna otra parte el concepto de nación ha ensangrentado a la Humanidad tanto como en Europa.

Pero sé que para muchos el sentimiento de pertenencia a una colectividad nacional, la identidad colectiva, es muy importante. E inasequible al razonamiento, porque se sitúa en otro hemisferio cerebral, el de las emociones.

La nación es un concepto reciente que nace con la Revolución francesa, antes existía tan poco como los ordenadores en la edad de piedra. Por eso suena ridícula esa competencia entre Rajoy y Mas para saber cuál de las dos naciones, Catalunya o España es la más antigua. España no existía como nación en tiempos de los Reyes Católicos y si a Viriato le hubieran dicho que luchaba contra los romanos por la independencia de España, como me enseñaron en el colegio, no hubiera sabido de lo que le hablaban.

Pero, ¿qué es una nación?, como parece que los otros dos candidatos cuestionaron a Pedro Sánchez. Refirámonos a Ernest Renan y a su célebre conferencia (¿Qué es una nación?, 1882) en la que se plantea la definición del término: tras descartar que la raza, lengua, religión, la historia, puedan ser sus fundamentos objetivos, acaba reconociendo que hay un elemento subjetivo: la “voluntad” de estar juntos de un grupo humano que se reconoce como tal, generalmente agrupado en un territorio, que tiene o cree tener elementos diferenciales, generalmente una lengua. Lo que Renan llama el “plebiscito cotidiano”.

Bien, pues una gran mayoría de catalanes cree que Catalunya es una nación y pide que se la reconozca como tal. Un día me dijo Pujol, en el apogeo de su influencia y poder, tanto que el ABC le hizo español del año, “Catalunya es una nación, pero España no lo es”. Yo le contesté que de igual manera que la gran mayoría de los catalanes lo cree, España también lo es, porque la gran mayoría de los españoles lo cree.

¿Pueden caber varias naciones dentro de un mismo Estado? En la práctica así es, en el mundo hay muchas más naciones, o identidades nacionales que Estados. ¿Tiene necesariamente una nación que convertirse en un Estado? Es lo que los nacionalistas creen y lo seguirán creyendo, digamos lo que digamos. Porque parten de la equivocada creencia de que son las naciones las que crean los Estados, cuando es al revés, son los Estados los que crean las naciones. La nation francesa es obra de la República, antes no existía. Y la nación alemana es obra de la unificación bismarkiana entorno a la matriz prusiana, de reinos y principados enfrentados. Y lo mismo pasó con Italia, aunque allí la cosa no salió tan bien.

El Estado español de los siglos XIX y XX fue demasiado débil para construir una identidad nacional y la nación española salió mal cocida del horno de la Historia.

En Cataluña los socialistas son, somos, catalanistas sin ser nacionalistas, ni soberanistas ni independentistas. Y creen que dos o más naciones pueden convivir en un mismo Estado

El concepto de nación de naciones, que hace rechinar los dientes tanto a los nacionalistas españoles como a los catalanes, puede no ser un término aceptable para la ciencia política. Pero no estamos haciendo ciencia sino política, y el concepto de realidad plurinacional del Estado puede ser una forma de desarrollar la Constitución y dar satisfacción a las demandas de reconocimiento de una parte de la sociedad catalana sin que por ello troceemos la soberanía del conjunto del pueblo español.

A fin de cuentas fue Felipe González, en un artículo publicado con Carmen Chacón en El País el 26 de julio del 2010, quien dijo “la concepción de España como nación de naciones nos fortalece a todos”. ¿A qué viene ahora tanta escandalera porque Sánchez diga lo mismo?

Habrá que encontrar fórmulas que incorporen ese reconocimiento de la personalidad nacional catalana en la Constitución española, sin que impliquen agravios ni privilegios. En el fondo, ya lo decía Peces Barba, que como yo no era sospechoso de filo nacionalismo “Acepté dese el principio que el termino nacionalidad es sinónimo de nación y que, en este sentido, España es una nación de naciones”, añadiendo “no hay más que una nación soberana que es España, que es además el poder constituyente”.

Ya en 1957, el socialista segoviano Anselmo Carretero retomó el concepto de nación de naciones: “la nación española, nación de naciones o comunidad de pueblos, es el resultado de un largo y doloroso proceso histórico en el que han tomado parte todos ellos”.

El problema son las consecuencias jurídico-políticas que se derivan de la aceptación del término nación. Pero en el planteamiento que hace Pedro Sánchez se deja claro, para el que lo quiera leer y entender, que no se identifica nación con soberanía política.

¿Catalunya es un sujeto político? Sí. Pero no es un sujeto político soberano, como dice Iceta en su libro La Tercera Vía. Ni tiene el derecho a la autodeterminación, porque no es una colonia ni está ocupado militarmente ni se niegan los derechos de las minorías nacionales, que son los únicos casos para los cuales la ONU reconoce ese derecho. A pesar de que los nacional-independentistas no quieran enterarse.

De manera que no, Sánchez no quiere romper España. Si lo quisiera yo me habría enterado, porque no creo ser el tonto útil. Más bien creo que los que están contribuyendo a agravar las grietas que amenazan la estabilidad del sistema territorial español, son las carpetovetónicas actitudes de la España unitaria y uniformizante, que se niega a sacar las consecuencias de su diversidad

Asumir el carácter plurinacional del Estado, puede caber en el desarrollo de la Constitución, tratando de acomodar en su marco las especificidades históricas, lingüísticas y culturales existentes en España.

Los que defienden lo contrario, atribuyéndose la pureza de las posiciones socialistas, no parece que conozcan bien nuestra Historia. O la presentan de forma táctica e interesada.