Partidos políticos: ‘la ley de hierro de las oligarquías’

Ignacio Muro | Economista. Profesor Universidad Carlos III

nuevatribuna.es | 13 Septiembre 2012 - 13:18 h.

La “ley de hierro de las oligarquías” fue desarrollada hace un siglo por Robert Michels, alumno de Max Weber. Esta tesis, reivindicada desde el movimiento 15M, señala que las formas oligárquicas son consustanciales a toda organización, incluso a aquellas, como es el caso de los partidos de izquierda, cuya razón de ser estriba precisamente en la superación de tales formas oligárquicas.

Es más, sus conclusiones surgieron precisamente de la experiencia militante del autor en sindicatos y partidos socialdemócratas alemanes. Desde ahí, Michels sufrió su particular transición ideológica: en 1911, aún hablaba de democracia como mal menor; después se decantaría por las tesis nazis y la “exaltación del jefe”.

La insistencia actual en culpabilizar a la “clase política” de los males de España parece incidir en el mismo diagnóstico (la democracia como estado fallido en lo social y en lo autonomico, los partidos como fuente de burocracia y corrupción) y apunta a los mismos riesgos (la recuperación de un poder centralizado y fuerte).

Algunas preguntas estratégicas

La tesis de Michels, tienen cierto paralelismo con las de otros autores (como Pareto o Mosca) que hoy resultan actuales por cuanto justifican y fortalecen el elitismo tecnocrático vigente. Para contrarrestarlas conviene hacerse una serie de preguntas:

• ¿Es la oligarquización una tendencia inexorable que afecta a los partidos, los sindicatos, la política, el Estado?

• ¿Constituye el elitismo tecnocrático un paradigma funcional al que están necesariamente sujetos todos los colectivos que desean resolver cosas?

• ¿Es solo ideología? ¿O es el modo adecuado que corresponde a una etapa y a un nivel concreto de organización social y tecnológica que internet está trastocando en lo más íntimo?

Si el debate es importante para la democracia es esencial para la izquierda, al menos la que contínua defendiendo los impulsos reformistas y transformadores.

Un breve repaso a la historia reciente de los conflictos partidarios, desde el PP a IU, o a los sindicatos, confirma que el sectarismo de los grupos de poder corre paralelo a la ausencia de tensión ideologica y a gestión mortecina y rutinaria de la cosa pública. La participación interna sigue siendo considerada, como en la época de Michels, como un mal menor que dificulta la eficacia de la maquinaria del partido, la democracia interna parece solo una consigna reclamada desde las minorías.

La actualidad de las tesis de Michels

Merece la pena detenerse en las tesis de Michels, expuestas en su libro Los partidos políticos (1911).

“La evolución democrática de los partidos tiene un curso parabólico: con el avance de la organización, la democracia tiende a declinar a medida que la influencia de los líderes aumenta”. (…) “Con la institución del liderazgo comienza, como consecuencia de lo prolongado de la función, la transformación de los líderes en una casta cerrada.” (…) “Cuando en una organización la oligarquía ha alcanzado un estado avanzado de desarrollo, los líderes comienzan a identificar con su persona, no sólo las instituciones partidarias, sino también la propiedad del partido. Este fenómeno es común tanto en el partido como en el Estado.” (Robert Michels, 1911).

La complejidad de las decisiones, la necesidad de tomarlas con rapidez, impide a la colectividad  intervenir en la resolución de las controversias que van marcando el futuro. Aquellos individuos que conocen cómo tratar los temas complejos con los que se enfrenta la organización se van volviendo imprescindibles, formando la élite.  En paralelo, la propia psicología de las masas hace deseable el liderazgo fuerte, “puesto que son apáticas, con tendencia a la alabanza y al culto al lider”.

La conclusión es que, por razones psicológicas, técnicas y administrativas, el liderazgo y la democracia, entendida como el gobierno de la mayoría, son incompatibles entre sí. Poco a poco -dice Michels- el liderazgo inicial se transforma en el gobierno de una oligarquía en “un proceso inevitable” en el cual los líderes más idealistas terminan sucumbiendo a la burocratización inherente al poder y a la profesionalización de la política.

La realidad de hoy: problemas similares, contexto diferente

Cien años después, mientras desde las redes sociales se discute si la forma partido es la más adecuada para resolver la organicidad de la política, el conflicto entre participación y liderazgo fuerte sigue vivo en los términos señalados por Michels. A finales del 2011,  mientras los promotores de una  cena frustrada de exministros de Felipe González (renuentes a primarias) reclamaba del congreso del PSOE un partido más profesional  el sociologo de la nueva izquierda Paolo Flores dÁrcais  reclamaba lo contrario: “disposiciones que impidan que la política se convierta en una actividad profesional” entre las que destacaba la limitación de mandatos.  ¿Qué es mejor? ¿Qué es peor?

Los problemas son similares, el contexto diferente.

• De un lado, la verdadera oligárquía, la que provoca la absoluta centralización del poder global en manos de unos pocos que controlan los mercados y las finanzas del mundo, desarrolla, desde lo más alto, una agenda antisocial implacable.  ¿Puede esa estrategia ser combatida con éxito “solo desde asambleas” o desde organizaciones abiertas y poco cohesionadas y profesionalizadas?

• De otro, desde abajo, la lógica del networking, dominante en las redes sociales y educadora de una nueva actitud ciudadana,  desarrolla un concepto de eficacia en red que necesita la participación de las mayorías. ¿Pueden los partidos de izquierda seguir organizándose como hace 10, 20 o 100 años, cuando el modelo productivo se basaba en la jerarquía inflexible en todos los escalones de mando?

Es indiscutible que internet proporciona un nuevo escenario que facilita la conciliación entre eficacia y participación, entre la aportación de los individuos y la inteligencia colectiva, entre minorías y mayorías, ofreciendo un nuevo tipo de liderazgo no reñido con la institucionalización de pautas equilibradas de poder. Pero tambien lo es, que desde el modelo exportado de las grandes empresas, paradigmas organizativos impuestos como símbolos de modernidad, se nos bendice a los primeros ejecutivos que controlan todo el poder. El pensamiento elitista pasa a la ofensiva. La reforma laboral recientemente aprobada sanciona la discrecionalidad de la cupula directiva como principio organizativo elemental de las organizaciones productivas.

La oportunidad del momento

El conflicto entre esas dos formas de entender la sociedad afecta a todo y, en particular, a la esencia misma de la lucha política hoy. Si la izquierda no sabe resolver la tensión entre el espacio de lo espontaneo y lo organizado, de la participación interna y el liderazgo cohesionador, de las redes abiertas y las militancias cerradas, de la institucionalización del poder y la burocracia de los aparatos, dificilmente podrá transformar la terrible realidad social presente.

Pero el momento parece oportuno. Nunca como hoy la madurez social y tecnológica confluyen en la democratización del sistema de poder, nunca como hoy, estaremos en condiciones para dejar atrás “la ley de hierro de las oligarquías” elaborada por Michels.

Ignacio Muro | POLI-TIC

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