EL MAYOR DESAFÍO INTERNO DE LA REPÚBLICA ISLÁMICA

La “revuelta de los huevos” en Irán

Irán hierve, en un momento en que su entorno exterior inmediato vive un periodo de extraordinaria y peligrosa convulsión.

Protestas en Teherán.
Protestas en Teherán.

Irán se encuentra ante el escenario más delicado desde las protestas acaecidas en torno a las elecciones de 2009

No se trata, por supuesto, de una vulgar referencia al coraje de miles de jóvenes que se han echado a la calle en Irán para protestar por la carestía de la vida, las desigualdades en el reparto de los recursos y el hartazgo ante una situación insostenible. Los huevos, uno de los alimentos básicos en el país, han subido de manera escandalosa. Algunos manifestantes han hecho de la rabia motivada por el alza del precio de los huevos el emblema de su protesta.

Aún es pronto para calibrar el alcance de la revuelta. Pero por su origen, extensión, contexto político y efectos inevitables en el interminable pulso que se libra en el interior del régimen, ya puede asegurarse que estamos ante el escenario más delicado desde las protestas acaecidas en torno a las elecciones de 2009. De proseguir la inestabilidad, estaríamos ante el mayor desafío interno de la República Islámica, cuando falta algo más de un año para cumplir su cuadragésimo aniversario. Estos son los rasgos distintivos fundamentales de la “revuelta de los huevos”.

1) El origen. - Contrariamente a 2009, o a la propia revolución que propició la caída del Sha, las protestas se han iniciado en ciudades de la periferia, no en Teherán. Si bien, el escenario de las mayores manifestaciones ha sido Marshad, la segunda ciudad del país, la mayoría de las villas sacudidas por las protestas han sido urbes de tamaño medio o pequeño.

2) Los motivos. - Si en ocasiones anteriores las protestas se habían distinguido por la denuncia de la falta de libertades individuales, políticas y sociales, en esta ocasión el factor fundamental del malestar ha sido las condiciones de vida en los ámbitos rurales próximos a las villas donde se han registrados las manifestaciones. Desde hace años, una profunda sequía y el envejecimiento de las infraestructuras han motivado un brusco descenso de la producción agrícola y un incremento masivo de la emigración hacia las urbes próximas.

3)  Los actores. – No resulta extraño, por tanto, que hayan sido los jóvenes de estos entornos rurales los principales actores de la revuelta. En los movimientos contestatarios anteriores –de diferente naturaleza y amplitud- habían sido jóvenes urbanos instruidos, universitarios y pertenecientes a clases más acomodadas, y en particular los residentes en Teherán, más politizados, los que iniciaron las protestas. La juventud lidera la resistencia democrática en Irán. La mitad de la población tiene menos de 30 años y más de un tercio (quizás el 50%) se encuentra sin trabajo.

4) La respuesta desigual de las autoridades. – La respuesta de duros y moderados a las protestas ha puesto en evidencia, las distintas sensibilidades políticas que fracturan el establishment político iraní. Si bien unos y otros han condenado la violencia y han denunciado injerencias exteriores y manipulaciones interesadas, los moderados han admitido que los manifestantes no carecen de motivos para expresar su malestar, mientras los duros han puesto el acento en la interpretación conspirativa (“los enemigos externos”) y en el recrudecimiento de la represión y el recorte de libertades (bloqueo de las redes sociales y otras medidas restrictivas).

5) El contexto político. - Éste puede ser el elemento clave de la presente crisis. Algunas informaciones indican que notables figuras del sector duro del régimen habrían alentado las primeras protestas en Marshad, para debilitar la posición del gobierno, controlado por el Presidente Rohani, líder más visible de los moderados. Los manifestantes se alzaron contra el proyecto de presupuesto elaborado por el Gobierno, que contempla la reducción de los subsidios de productos básicos y la consecuente elevación de los precios.

De ser cierta, la maniobra tenía las alas muy cortas, porque provocó tanta o mayor indignación que en las cuentas públicas del Estado para este años se incrementaran las cantidades destinadas a operaciones militares exteriores o las dotaciones a entidades religiosas, por presión de los sectores más conservadores.

No puede asegurarse aún que las protestas hayan estado manipuladas, al menos inicialmente. Lo que parece claro es que, si fue así, el asunto se habría ido de las manos a los supuestos instigadores: a medida que crecía, la protesta no se focalizó en el gobierno, sino que se dirigió contra el resto de la compleja red de instituciones que componen la República Islámica y, en particular, la autoridad máxima, el Guía Jamenei.

Que los duros hayan querido explotar el descontento social por las medidas de austeridad a las que parece empujado el gobierno para debilitar a sus rivales en una encarnizada lucha por el control del poder es más que plausible. Estos sectores radicales han defendido siempre que un acuerdo nuclear con Occidente no iba a ser a propiciar la recuperación económica, porque los enemigos de Irán nunca iban a permitir la consolidación de la República Islámica. Ciertamente, el dividendo del acuerdo ha resultado demasiado modesto y no ha permitido la mejora del nivel de vida de la mayoría de la población, entre otras cosas porque el levantamiento de las sanciones responde a un proceso gradual y está sometido a la desconfianza entre las partes.

6) La reacción exterior. – Como era de esperar, el tuiteador en jefe Trump se ha apresurado a hacer una lectura simplista y precipitada de los acontecimientos, con mensajes agresivos en los que se insinúa el respaldo de su gobierno a los contestatarios, pero sin especificar en qué puede consistir esa ayuda y hasta donde está dispuesto a llegar. Los líderes europeos, en cambio, han sido mucho más prudentes, resaltando la necesidad de contención de la fuerza y el necesario respecto por las libertades de expresión y manifestación, sin las alharacas del molesto aliado norteamericano.

7) Las consecuencias. – A primera vista, ante la amenaza de una amplia desestabilización, es posible que las distintas tendencias del régimen se pongan de acuerdo para sofocar la revuelta. Pero si no pudieran controlarla o se desencadenaran episodios de violencia represiva, no es descartable que las tensiones internas pudieran agudizarse. Este escenario es sumamente inquietante porque no está claro cuál podría ser el resultado. Desde hace tiempo, dentro y fuera de Irán se elaboran hipótesis sobre una eventual superación del régimen (1). Los especialistas no se ponen de acuerdo sobre el escenario más plausible: reacción, reforma o revolución. De momento, Irán hierve, en un momento en que su entorno exterior inmediato vive un periodo de extraordinaria y peligrosa convulsión.


NOTAS

(1) “Iran’s Path to Democracy: ¿Reform or Revolution?”. HALEH ESFANDIARI. FOREIGN AFFAIRS. Enero-febrero.