martes 27/10/20

Pájaros en la cabeza

Una vez escribí un cuento titulado “Alma Cuervo” (Almario, Bala Perdida Editorial); en él, las personas nacemos con un pájaro sobre la cabeza que tiene mucho que ver con nuestras circunstancias, geográficas, por ejemplo; pero también con nuestra personalidad. Un pájaro, como una especie de alma, un ser complementario y simbiótico, inseparable. Los pájaros de verdad, los seres sin lo que clásicamente llamamos “voluntad” (que presupone libertad para elegir y medios para discernir), no actúan con bondad o maldad; son mansos o fieros, sin más. Mis pájaros alma, en cambio, son parte de nosotros, comparten virtudes y defectos.

Me he acordado de este cuento hoy a colación de un comentario de alguien a quien voy aprendiendo a apreciar en lo distantemente personal y sin embargo a veces tan cercano -la magia de las redes sociales- y cuyo trabajo admiro. Y como llevo desde ayer tan triste como enfadada por el desgobierno de la CAM y con esta sensación de desamparo  y de impotencia, de perplejidad y de desconcierto, me ha dado por preguntarme hoy qué pájaro habitaría la cabeza de IDA y en qué términos.

La poesía y el relato permiten un ejercicio de ficción -a veces tan revelador-, que resultará más tangible que las promesas devenidas en inacciones constantes de la política en esta Comunidad Autónoma y del Estado con respecto a esta región. Que no toda España es Madrid y que Madrid no es toda España ya lo sabemos todos menos IDA, a quien la metáfora se le ha ido de las manos, como casi todo. Madrid es Madrid, ni más ni menos y ya está. Pero es que yo soy de Madrid. Lo demás no es que no me interese ni que no me concierna, pues todo el territorio es/debería ser una suerte de red de sinergias, sino que lo conozco menos y no me gusta opinar de lo que no conozco.

Mientras, en Madrid, las cigüeñas no migramos, confinadas o no, en parte atónitas por la incapacidad de la izquierda para combatir esta niebla estacional que dura ya tantos años

En todo caso hoy la opinión sin más me resulta una herida sin sutura posible, de forma que fabularé, para restañarla sin consuelo pero con creatividad. Si IDA tuviera un pájaro en la cabeza sería tal vez un picapinos, vestido de rojo y blanco; de pico afilado y fuerte para martillear incansablemente, con dos pares de garras opuestas en cada pata para aferrarse con fuerza al pelo sin trenzar, en un equilibrio tan difícil como el de mantenerse en un servicio público sin actitud de servicio y sin cuidado por lo público. O tal vez sería un cuclillo tejedor, menos corporativo en su aspecto, pero cercano ideológicamente, que tejería su palacio en la hermosa melena de nuestra virgen de Murillo para vivir cómodo. Mientras, el cuidado de sus huevos estaría externalizado o subcontratado, con cláusulas opacas y difíciles de desentrañar. Cualquier problema con la cría no sería responsabilidad suya y su cucú repetitivo agotaría hasta la extenuación a los reclamantes.

Sobre la reunión de ayer en la sede de la CAM, no era mayo, como en el Romance del prisionero, pero la calandria de Sánchez -tan mimética que no se sabe si es alondra o terrera o cojugada-, por lo que nos ha llegado de la conversación, jugaría al escondite de ser reclamada luciendo ostentosamente su pecho blanco, intentando evitar la actividad parasitaria del cuclillo. Los unos por los otros, el nido sin barrer.

Mientras, en Madrid, las cigüeñas no migramos, confinadas o no, en parte atónitas por la incapacidad de la izquierda para combatir esta niebla estacional que dura ya tantos años.

Pájaros en la cabeza