martes 19.11.2019

Terror y lucha de clases

sindicatosHace varios días, reivindicábamos la figura de Máximo Casado, sindicalista de CCOO, comprometido con la justicia social, implicado en el trabajo de reinserción social de las personas privadas de libertad, comprometido con los derechos laborales y sindicales del personal penitenciario.

Máximo fue asesinado por ETA, en su locura “redentora”, violenta, que atentaba contra lo discrepante, lo diferente, e incluso contra quienes “objetaban” de la organización violenta, como en el caso de “Yoyes”.

Máximo era un sindicalista, un trabajador, un representante de la clase trabajadora que día a día ponía todo su empeño en mejorar las condiciones laborales de los trabajadores y las trabajadoras de los servicios penitenciarios; conjugando esto con un claro compromiso con la reinserción social conforme a la constitución, pero para los violentos que se arrogaban el nombre del “pueblo” era un instrumento de lo que ellos llamaban “estado opresor”, eso sí, un objetivo fácil.

Hace 40 años, en Génova, el obrero del metal, delegado sindical de la CGIL y militante del PCI, Guido Rossa, fue asesinado, por un comando de la Brigate Rossa en la puerta de su casa, de varios disparos. El “delito, a ojos de los Brigate Rossa”, de Guido es haberse enfrentado a un miembro del grupo terrorista y haberlo denunciado.

No son los únicos casos, la clase trabajadora, sus representantes, han sufrido más muertes y atentados por parte de quienes mesiánicamente se arrogan el papel de “vanguardia armada” con sus proclamas estereotipadas y dogmáticas, alejadas de la mayoría social y en especial de la clase trabajadora.

La sinrazón, el mesianismo, la barbarie generadora de dolor, bajo ningún concepto puede ser blanqueada con el eufemismo de “lucha armada” porque simple y llanamente es terrorismo, y el terrorismo nada tiene que ver con las luchas sociales, con la transformación social, con la clase trabajadora. El terror, la acción violenta, los atentados no generan transformación, sino lo contrario porque refuerzan los defensores de reorden.

Es preocupante determinados discursos y declaraciones que se dan estos días en algunos sectores banalizando las actuaciones de ETA y Terra Lliure

La lucha por la transformación social tiene que ser de masas, de sumas, de convencimiento y conquista de cada vez mayores espacios de poder, ampliando la democracia puesto que a más democracia mayores son los derechos sociales conquistados.

El combate por la hegemonía, y con ella la transformación necesaria, es intrínsecamente de masas, y el terror es la antítesis puesto que no genera acción organizada de la clase, más bien lo contrario, genera un gran desorden en el seno de la clase trabajadora.

La violencia en general, y específicamente contra exponentes de la clase trabajadora organizada, bajo el pretexto que quieran argumentar, no es otra cosa que un atentado contra quienes trabajan por organizar, por generar acciones de masas.

El mesianismo, con sus acciones violentas, genera dolor y ataca todo aquello que identifican como enemigo, y el sindicalismo de clase, por el papel que juega en la vertebración social, está en confrontación con él. De la violencia no salen lecciones, sólo surge más violencia. La transformación social no será fruto de pistolas, bombas, ni asesinatos.

La clase trabajadora necesita y defiende la democracia porque es el marco político que permite profundizar y avanzar socialmente, en función de las actuaciones organizadas, por este motivo es preocupante determinados discursos y declaraciones que se dan estos días en algunos sectores, banalizando las actuaciones de ETA y TERRA LLIURE.

Terror y lucha de clases