martes 24/11/20

Morir en la frontera

Según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), en 2019 han muerto más de 600 inmigrantes en la frontera entre Estados Unidos y México

El endurecimiento de la política migratoria por parte del gobierno de Donald Trump se ha amalgamado con el creciente odio hacia el inmigrante, naturalizado en el discurso del presidente norteamericano.

Como resultado de esta conjunción más de 600 inmigrantes han perdido la vida en su intento por llegar a Estados Unidos. Algunos han fallecido ahogados en el Río Bravo; otros han sido víctimas de la brutalidad con la que actúan los guardias voluntarios de frontera que, con la complicidad del Estado y de los medios de comunicación que silencian sus crímenes, disparan contra el inmigrante, convencidos de estar respondiendo a un llamado patriótico.

En 2019 el “sueño americano” se cobró más de 600 vidas. Y el racismo crece en paralelo a este trágico fenómeno

El pasado mes de octubre el presidente norteamericano sugirió disparar a las piernas de los inmigrantes, sugerencia que sumó a las que ya había manifestado meses antes: "En privado, el presidente había hablado frecuentemente de fortalecer un muro fronterizo con una trinchera llena de agua y de culebras o caimanes, lo que llevó a sus asesores a presupuestar el costo. Quería que el muro fuera electrificado, con puntas encima que pudieran atravesar carne humana", señalaron en un informe los periodistas del New York Times, Michael Shear y Julie Davis.

Milicianos armados, civiles y pertenecientes a grupos de ultraderecha, han sido responsables de más de cuarenta asesinaros aún no investigados. Larry Hopkins, de 69 años, es el líder de United Constitutional Patriots, un grupo de civiles que, con armas de guerra, se ha instalado en la localidad de Sunland Park, un suburbio al oeste de El Paso, en territorio de Nuevo México. Esa zona ha visto crecer la llegada de familias con niños centroamericanos que se entregan a la policía para pedir asilo, una crisis que según la policía de fronteras está desbordando los recursos del país para atender la migración. El presidente Donald Trump califica este drama como una invasión de pandilleros y narcotraficantes que pone en peligro la seguridad de las ciudades norteamericanas.

La estigmatización del inmigrante ha crecido en paralelo al odio expresado por partidarios del presidente norteamericano que nunca ocultó su xenofobia.  “No queremos que su raza se mezcle con la nuestra. Estamos viviendo una invasión. Y si el gobierno no reacciona, seremos nosotros los encargados de detenerla”, sostuvo el líder de United Constitutional Patriots a un medio texano.

2018 dejó una postal que a las claras expone el lado más inhumano de la administración Trump. “Si los padres entran ilegalmente, hay que apartar a sus hijos”, señaló el presidente estadounidense, antes de decretar el encierro de niños inmigrantes en jaulas alambradas.

En 2019 el “sueño americano” se cobró más de 600 vidas. Y el racismo crece en paralelo a este trágico fenómeno.

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