martes 22/9/20

Maldonado: un crimen de Estado

Por omisión, por ocultamiento, por encubrimiento, el Estado es responsable de la muerte de Santiago Maldonado

Finalmente las pericias practicadas al cuerpo hallado en el río Chubut arrojaron el resultado que muchos no hubiésemos deseado. Santiago Maldonado, desaparecido el 1 de agosto durante una brutal represión de Gendarmería contra el pueblo originario mapuche, es una nueva víctima del Estado.

No hace falta ser un iluminado para comprender lo que está sucediendo en Argentina. La derecha que se ha alzado con el poder muestra su cara más perversa, a sabiendas de la impunidad de la que goza. Maldonado es una víctima del nefasto cambio de época que padece el país; un cambio impulsado por un puñado de prepotentes que ha avasallado muchos de los derechos conquistados, y que persiste en su intención de aniquilar cualquier tipo de disidencia.  

Durante los 78 días en los que Maldonado estuvo desaparecido, los medos oficialistas y el gobierno ocultaron información, encubrieron, mintieron y hasta se mofaron en la cara de la familia de Santiago.  El gobierno, amparado por esa realidad falsa que construye desde sus medios de comunicación, se dio el gusto, además, de rechazar los pedidos de los organismos internacionales de Derechos Humanos que le solicitaron interceder en el caso.

Ni la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, ni el mismísimo presidente, Mauricio Macri, pronunciaron una sola palabra durante los primeros días de la desaparición de Maldonado. Y cuando lo hicieron, sostuvieron cientos de disparatadas hipótesis, entre ellas que Maldonado era un subversivo, que había pasado a la clandestinidad, que estaba escondido en Chile; argumentos con los que el Estado pretendió desligarse de su responsabilidad, del hecho concreto de haber emitido una orden de represión cuya consecuencia fue la desaparición de Santiago.

De manera repugnante el Estado y sus medios de comunicación intentaron demonizar a la víctima, con el fin de inocular en los cerebros argentinos menos avispados, un pretexto, una excusa: “Era un subversivo”, artimaña que no había vuelto a utilizarse desde la última y más sangrienta dictadura militar; esa dictadura a cuyos responsables Macri pretendió beneficiar con la ley del 2x1.

El afán de disciplinar que ha caracterizado a este gobierno desde su ascensión, no difiere del que caracteriza a otras derechas. Las medidas antipopulares requieren de mano dura ante la comprensible resistencia de las clases menos favorecidas.  Macri reprimió cada una de las protestas que tuvieron lugar en el país desde 2015; incluso manifestaciones pacíficas como fue la que protagonizaron los docentes en la Plaza de Mayo.

La solidaridad es un hecho subversivo. Santiago Maldonado estuvo del lado de los mapuches cuando éstos reclamaban sólo lo que les pertenece. El 1 de agosto el gobierno decidió proteger los intereses de Benetton, al precio que fuere. Pero Maldonado no era un mapuche, sino un joven solidario cuya desaparición hizo visible una realidad que se repite a diario. Macri es la antítesis de lo argentino. Macri y su gobierno han venido a defender intereses foráneos en este suelo. Y en esa gesta en la que el presidente se encuentra avocado, todo vale. 

Por omisión, por ocultamiento, por encubrimiento, el Estado es responsable de la muerte de Santiago Maldonado. La historia sabrá poner a cada uno en su lugar. Maldonado ya es parte de nuestra historia, y a partir de este instante estará más vivo que nunca. Macri y los suyos no demorarán en ser celebres y tristes cadáveres políticos. 

Maldonado: un crimen de Estado