viernes 18/9/20

Macri y su extraño concepto de normalidad

Mauricio Macri, procesado por la Justicia, asumió como presidente de la Nación.

Repitiendo el mismo discurso hueco con el que logró conquistar el 51 por ciento de los votos, el ingeniero procesado por la Justicia, Mauricio Macri, oficializó ayer su asunción a la presidencia argentina.

La conflictiva ceremonia de traspaso de mando, que finalmente tuvo que ser resuelta por la Jueza María Servini de Cubría, se celebró ayer en el Congreso de la Nación, escenario en el cual el flamante presidente ofreció un escueto discurso que no varió del que repitió durante su campaña. De modo que la ausencia de una gran parte del bloque del Frente para la Victoria, ahora en la oposición, no fue la única en el acto de asunción de Mauricio Macri.

La repetición del relato con el que conquistó el voto del 51 por ciento de los electores, fue el eje de un discurso que esta vez tuvo un escenario distinto. Macri, en su memorizada comprensión de las recomendaciones de su asesor, Jaime Durán Barba, respetó a rajatablas cada uno de los conceptos de “El Arte de Ganar” (Editorial Debate), obra literaria destinada a la etapa de campaña, sin reflexionar que dicha campaña ya ha finalizado y a partir de este momento deberá enfocarse en otra clase de arte mucho más relevante, que es el de gobernar un país que durante los últimos años ha logrado importantes conquistas sociales. De modo que lugares comunes como por ejemplo “yo quiero pobreza cero” o “seremos un país normal”, deberán inmediatamente materializarse, aun cuando casi el cincuenta por ciento de los argentinos se pregunten qué quiere decir eso de “país normal”, porque si la normalidad es lo que hasta este momento hemos visto u oído de boca de los integrantes del nuevo gobierno, habrá fundamentos suficientes para replantear dicho concepto, mucho más aún si se tiene en cuenta que el ofrecimiento de “normalidad” proviene de un presidente que carga sobre sus espaldas sendos procesos judiciales.

Frases como “la confrontación nos ha llevado por caminos errados, somos pasionales pero a veces se crean conflictos innecesarios” marcaron gran parte de su discurso. Sin embargo esta confrontación que ahora el nuevo presidente pretende erradicar, ha caracterizado los dos mandatos de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Y fueron precisamente miembros del equipo de Mauricio Macri quienes la alentaron apasionadamente, sembrando toda clase de dudas respecto del futuro del país, si éste continuaba en manos del Frente Para la Victoria; especulando acerca de una catástrofe económica que nunca sucedió, sugiriendo toda clase de pronósticos apocalípticos para los argentinos, votando en contra de todas y cada una de las medidas que beneficiaron a gran parte de la población y alentando a su jefe, el Grupo Clarín, a promover la desestabilización de un gobierno que se despidió de pie, aún a pesar de los continuos ataques recibidos.

La palabra “cambio” fue el leit motiv de la campaña del fresco Frente Cambiemos, liderado por el ahora presidente argentino. Y la mitad de los argentinos optaron democráticamente por dicho cambio. La pregunta que surge es qué es lo que sugiere Macri que hay que cambiar. Según sostiene el ingeniero, se trata de la “forma de hacer política”. Quizás el cambio ya haya comenzado. Sus asesores económicos optaron por comunicar sus intenciones a Washington antes de hacerlo a los habitantes de su propio país. Y ese sí que es un cambio significativo. En cuanto a la “corrupción”, Mauricio Macri pretende erradicarla de la política argentina. Algo con lo que todos estamos de acuerdo. Para ello deberá dar un paso importante en esclarecer las múltiples causas en la que él y demás miembros de su partido están involucrados. Y quizás a partir de entonces, podremos convertirnos en un país “normal”. 

Macri y su extraño concepto de normalidad