El G-20 y el pollo antiglobalización

Patricia Bullrich, ministra de Seguridad argentina.
Patricia Bullrich, ministra de Seguridad argentina.

El nivel de paranoia de la ministra Bullrich roza la estupidez y hasta un pollo crudo ha sufrido las consecuencias

A pocas días de que se celebre en Buenos Aires la cumbre del G20, el gobierno argentino no ha cesado en su búsqueda de “terroristas antiglobalización”, poniendo a trabajar a la brigada de explosivos que esta semana ha hecho detonar un pollo crudo, un viejo televisor de 20 pulgadas y un juego de sábanas olvidado en el Aeroparque Jorge Newbery.

A raíz de la visita de 18 mandatarios de distintos países, el Ministerio de Seguridad, a cago de Patricia Bullrich, ha iniciado operativos en pos de detectar posibles “agitadores” que pretendan romper la armonía que el gobierno desea en el desarrollo del G20. Bullrich sostuvo que su cartera tendrá un "cuidado especial" sobre la “expresión de miembros de la sociedad o de otros países del mundo que vengan a tener una posición contraria” a la Cumbre, y aclaró que habrá un “comando unificado” en su ministerio y “comandos tácticos” en las distintas sedes, además de un "comando de enlace internacional" que funcionará en el departamento central de Policía.

La Ministra, que manifestó hace dos semanas que “Argentina es un país libre y el que quiera ir armado puede ir armado”, se avoca ahora a detección de sospechosos de terrorismo, como lo hizo durante la desaparición de Santiago Maldonado, fallecido luego de que Gendarmería reprimiera una protesta pacífica de la comunidad mapuche. Para Patricia Bullrich, existían conexiones entre la comunidad indígena y las FARC colombianas, un disparate que jamás pudo corroborar, como tampoco lo hizo con el vínculo con Hezbollah de los dos jóvenes argentinos musulmanes detenidos esta semana.

El nivel de paranoia de la ministra Bullrich roza la estupidez. El entrenamiento realizado con fuerzas israelíes y el “Estado de alerta máxima” dado por la proximidad del G-20, hicieron que en los últimos días los hechos más normales y cotidianos se tratasen como sucesos de “potencial peligro”. Primero fue un televisor portátil olvidado el jueves en las escaleras de acceso a la galería subterránea de la estación Pellegrini, el viernes las fuerzas de seguridad evacuaron el Aeroparque por un paquete sospechoso que resultó ser una bolsa con un juego de sábanas;  y por último, ayer, la brigada anti explosivos cerró el día detonando una cartera de dama que contenía una compra de pollo crudo en su interior.

Para la Cumbre del G20 el principal objetivo del gobierno es evitar el malestar que la presencia de estos 18 primeros mandatarios despierta en un sector de la sociedad. La recomendación de la ministra Bullrich, respecto de los trastornos que generarán las medidas de seguridad durante la cumbre, fue que “los porteños aprovechen el fin de semana y se vayan de la ciudad”.

UN DESPLIEGUE DE SEGURIDAD SIN PRECEDENTES

El despliegue de seguridad no tiene precedentes en Argentina: 25 mil agentes argentinos, 5 mil extranjeros, 100 millones de pesos en armas y equipos antidisturbios, 6 mil vallas de contención, 3 anillos de seguridad, 23 embarcaciones para monitorear en río.

Donald Trump, Ángela Merkel, Theresa May, Jair Bolsonaro y George Bush, son algunas de las “celebridades” del G20 que aterrizarán en Buenos Aires el próximo viernes 30 de noviembre.  La actividad de manifestantes antiglobalización es la máxima preocupación del gobierno argentino, que pretende dar al mundo una falsa imagen de concordia. Hay planes de contingencia incluso para ataques con armas químicas; Estados Unidos donó carpas y equipos especiales para una emergencia de estas características, pero el foco real de la inquietud oficial es qué sucederá en las calles.

De momento, hasta un pollo crudo ha sufrido las consecuencias de una paranoia que el equipo de gobierno no puede ocultar ni con la protección de una brigada antiparanoicos que, dicho sea de paso, puede que la Ministra decida contratar.