domingo 25.08.2019

Escrúpulos, una isla griega

El presidente argentino, Mauricio Macri, afirmó esta semana que “lo que está en juego en las próximas elecciones es la Democracia”; declaración que describe la estrategia de campaña de un oficialismo sin propuestas, aunque decidido a infundir miedo.

Una vez más el electorado argentino está siendo tironeado entre dos propuestas de gobierno antagónicas. Por un lado Cambiemos (ahora Juntos por el Cambio) con su visión plutocrática. Y por otro el Frente con Todos y su modelo nacional y popular. Sin embargo el escenario es propicio para el frente que encabeza el actual presidente que, con el 90 por ciento de los medios de comunicación a su favor, pretende inocular la trillada idea de una oposición que, de ganar, “instaurará el Comunismo”. 

Entrenados por Jaime Durán Barba  -gurú del marketing propagandístico del oficialismo- el equipo de Cambiemos puso esta semana a desfilar por sus medios a sus figuras más representativas que, ante las cámaras de televisión, dejaron en claro la línea discursiva que caracterizará la campaña electoral. “Fernández es Maduro”, afirmó la diputada y denunciadora serial sin pruebas, Elisa Carrió, en referencia al candidato presidencial del Frente con Todos, Alberto Fernández. La misma estrella mediática de Cambiemos anunció que “Cristina Kirchner se reúne en Cuba con los rusos para el hackeo electoral”. “Axel Kicillof es comunista”, sostuvo el ex peronista Miguel Ángel Pichetto, candidato a vicepresidente en la fórmula encabezada por Mauricio Macri.

El oficialismo acusa con dedo inquisidor a todo aquel que se plante crítico contra su modelo, y está dispuesto a estigmatizar a quien se atreva a poner en duda su gestión

En este enrarecido escenario electoral no hay códigos. Envalentonados por la liviandad de las preguntas formuladas por los militantes del periodismo oficial, Macri y los suyos agudizan su ingenio para demonizar a la oposición que, de momento, sigue arriba en las encuestas. Profundizar la grieta, remarcar lo que no hizo el gobierno anterior, poner el foco en los “riesgos” que conlleva votar al contrincante, es la metodología mediante la que Cambiemos ha conseguido atemorizar al elector indeciso. Macri pretende intimidar. Y para ello está dispuesto a recurrir a una catarata de falacias que saltan a los titulares e impactan en la opinión pública que, en parte, ya ha comenzado a traducir en sentido común. La guerra cultural contra el adversario trasciende los límites de lo partidario. El oficialismo acusa con dedo inquisidor a todo aquel que se plante crítico contra su modelo, y está dispuesto a estigmatizar a quien se atreva a poner en duda su gestión.

"Lo más importante que hicimos fue demoler barreras morales y de valores con los que ya no queremos convivir más: la mentira, el engaño, la corrupción", afirmó el presidente argentino, a sabiendas de que el blindaje del que goza ha reducido a la mínima expresión el listado de mentiras, engaños y hechos de corrupción que no son sino sus rasgos distintivos.

Durante la entrevista concedida esta semana a CNN en Español -y sin ruborizarse- el primer mandatario argentino sostuvo que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner es "predemocrática", e inmediatamente se pronunció a favor de "instituciones democráticas y sólidas, poderes independientes, libertad de prensa e información fidedigna"; pronunciación que pone en evidencia hasta qué límites eleva su cinismo y su hipocresía; al mismo tiempo que revela que “escrúpulos” no es para Macri otra cosa que alguna isla griega.

Escrúpulos, una isla griega