Nuevatribuna

El domingo de Martín

Martín tiene 9 años recién cumplidos y es uno de esos tantos pibes que engrosan la estadística de pobreza  que se acrecienta en la Argentina de Mauricio Macri

A Martín el hambre lo obliga a confiar en la solidaridad de esas señoras que salen de la misa de las 11. El domingo amaneció gélido en Mar del Plata, y Martín busca tibieza entre los cartones que le sirven de frazada. Las últimas campanadas indican que  la eucaristía ha finalizado. Los primeros fieles inician ya su retirada hacia las escalinatas en donde Martín se acurruca tembloroso. La turba emerge del santo recinto entonando el cántico final. La despedida se prolonga. Hay besos, abrazos y buenos augurios, pero de la solidaridad esperada por Martín, no hay ni una sola muestra.

Hoy el sacerdote ha llamado a la reflexión, pormenorizando en el derecho a la vida, en la irracionalidad de esa ley que pretende la legalización del aborto. “Toda vida es sagrada”, ha dicho una vez más, apuntalando la férrea postura de la institución a la que representa. “Toda vida es sagrada”, han repetido los presentes, persignándose ante el altar.

Las puertas de la catedral se cerraron detrás de los pasos de los últimos fieles. La vida de Martín no parece tan sagrada. El hambre que lo acorrala no ha provocado mayor preocupación de los defensores de la vida. “¿Puede ayudarme con una moneda para comer?”, ha preguntado Martín, sin recibir ni tan siquiera una piadosa mirada de los defensores de la vida.

Martín tiene 9 años recién cumplidos y es uno de esos tantos pibes que engrosan la estadística de pobreza  que se acrecienta en la Argentina de Mauricio Macri.  Es uno de los ocho millones de niños que en los últimos dos años ha experimentado las consecuencias del abandono del Estado. “Los pobres tienen que entender que van a seguir siendo pobres”, dijo Gabriela Michetti, vicepresidenta de la nación, sumándose a otras manifestaciones expresadas sin ningún rubor por los miembros del oficialismo.

Macri utilizó a la pobreza como leit motiv de campaña, en una despreciable muestra de cinismo que ya no se esmera en ocultar. La brutalidad de esta derecha neoliberal empuja a la calle a cientos de miles de familias que ahora pagan con hambre el despilfarro de estos dos primeros años de gestión, en los que el presidente y su equipo hicieron de la Argentina una simple empresa, con pérdidas y ganancias. Sólo basta con conocer las cifras y los nombres de quienes han ganado, para comprender la razón por la que ocho millones han perdido.

Los “defensores de la vida” se llenaron la boca con frases que hubieran ruborizado al mismísimo Mussolini: “Se embarazan para cobrar planes del Estado”, aseguraban -en su inconmensurable ignorancia- al referirse a la protección que el anterior gobierno dispuso sobre la porción más vulnerable de la sociedad. Ahora los defensores de la vida aplauden a la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que aseguró hace dos días que “de nada sirve invertir en universidades públicas, porque ningún pobre llega a la universidad”; omitiendo mencionar que de esas mismas universidades públicas salieron cinco premios Nobel, o que de una privada de renombre egresó Macri, que de momento no ha aprendido a leer de corrido.  

Martín espera la solidaridad de los “defensores de la vida” o al menos alguna señal de esa promesa que Macri hizo en campaña.  Pero la misa terminó y los fieles de fueron a sus casas en donde el noticiero muestra imágenes del presidente jugando al golf.