miércoles 23/9/20

Como en 1930 vuelven las colas del pan en Estados Unidos

Nada podía hacer imaginar que el país que se jacta de ser el más rico y próspero del mundo tendría hoy a 30 millones de personas haciendo largas filas para adquirir paquetes de alimentos y otros productos básicos. “No alcanzan las raciones. Los paquetes de alimentos son insuficientes. No podemos darle de comer a todos”, relataba esta semana uno de los  coordinadores del banco de alimentos improvisado en el United Center, sede de los Chicago Bulls, reconvertido desde el 10 de abril en un gran centro de almacenamiento de productos de primera necesidad.

El pasado miércoles la Reserva Federal advirtió que las consecuencias serán “las más devastadoras desde 1930”

La crisis económica desatada por la pandemia del Covid -19 ha dado a luz un escenario sin precedentes en la historia de los Estados Unidos. El pasado miércoles la Reserva Federal advirtió que las consecuencias serán “las más devastadoras desde 1930”. De hecho las imágenes de filas interminables de estadounidenses aguardando por raciones de alimento remiten a los años del crash financiero, cuando los recursos del estado fueron insuficientes para paliar el hambre que asoló a la población tras el desastre bursátil.

La escena se repite en Florida, California, Luisiana, Pensilvania, Washington y New York. Las similitudes con la pobreza y el hambre que padecieron millones de estadounidenses  durante la Gran Depresión son tan impactantes que el diario británico The Guardian, poniendo el objetivo en las cientos de miles de personas que aguardan hasta un día entero para recibir alimento, trazó un paralelismo con las llamadas bredlines (colas del pan), que en la década del ’30 se convirtieron en la postal de cada día.

La prensa conservadora norteamericana se desmarca, no arriesga comparaciones. Es el mismo poder comunicacional hegemónico que, sin embargo, no ha dudado nunca a la hora de titular con grandes rótulos el “caos”, la “ineficiencia” o el “desastre”cuando el hambre sacude a los países no alineados con los intereses de los Estados Unidos.

La pandemia del coronavirus ha agudizado una realidad que, hasta el momento, no había sido narrada ni fotografiada. Mucho tiempo antes de la crisis sanitaria millones de estadounidenses sufrían inseguridad alimentaria. Solo en el Bronx, el barrio más pobre de New York, el 37 por ciento de los habitantes padecían hambre cada día. En marzo de 2019, la agrupación “Children´s Defense Fund” había denunciado que la pobreza estaba golpeando a 12, 8 millones de niños norteamericanos.

El informe titulado “Poniendo Fin a la Pobreza Infantil Ahora” (“Ending Child Poverty Now”) -que no fue publicado en los medios masivos de comunicación-  finalizaba solicitando al gobierno de Donald Trump una inversión de 52.300 millones de dólares (el 1,4% del presupuesto federal) que se financiarían mediante un aumento en los impuestos a los ricos y un recorte del 10% en el presupuesto militar. “Es una vergüenza moral y una profunda amenaza económica que uno de cada cinco niños sea pobre en la nación más rica de la tierra”, había manifestado en esa oportunidad Marian Wright Edelman, fundadora y presidenta emérita de Children’s Defense Fund.

Como en 1930 vuelven las colas del pan en Estados Unidos