miércoles 27.05.2020

Chile, pandemia y el hambre

Las ollas comunes contrarrestan el abandono del Estado y exponen el desastre del modelo neoliberal

Desde octubre a diciembre de 2019 las imágenes de la violencia institucional ejercida contra el pueblo chileno se habían convertido en material de prensa. Las protestas multitudinarias que comenzaron tras el decreto gubernamental del incremento del pasaje del metro, ocuparon la primera plana de los principales diarios del mundo. Pero detrás de lo que parecía ser una reacción desmedida de trabajadores y estudiantes se escondía una realidad que Sebastián Piñera se esmeraba en ignorar.  La desigualdad social se hacía evidente en los distritos más poblados del país; y dos de cada cinco chilenos malvivían debajo del umbral de la pobreza.

El 33 por ciento del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1 por ciento más rico de la población. Quizás esto explique el impacto que la crisis sanitaria ha producido en el país que hasta hace algunos meses se jactaba de ser modelo en la región

La crisis sanitaria ha dejado en evidencia la brutalidad del modelo chileno. En pleno Santiago, miles de personas están sobreviviendo gracias a las “ollas comunes”, una realidad que no se había vuelto a ver desde la época de Augusto Pinochet. El Estado no llega a las barriadas populares, en donde el hambre ya es tan amenazante como el virus.

Chile es un país desigual, pero esta desigualdad no es solo de ingresos, sino también de género, de étnica, territorial y cultural. La desigualdad es el sello distintivo, es lo que en octubre desató la ola de protestas que Piñera tomó como una declaración de guerra. El descontento de entonces instaló el lema “No son 30 pesos, son 30 años”, estandarte con el cual cientos de miles de chilenos se volcaron a las calles aún a costa de perder la vida.

A la pobreza estructural generada por las políticas neoliberales se le suma ahora el abandono del Estado que ignora el hambre que se ceba con la facción de la sociedad más desfavorecida. “Cada día vienen más familias pidiendo un plato de comida, porque se han quedado sin trabajo. Y sobre todo ahora que nos extendieron la cuarentena hay muchas personas que ya no tienen nada, y tampoco pueden salir a buscarse la vida”; relataba esta semana una dirigente vecinal de la Villa Marta Brunet.

El 33 por ciento del ingreso que genera la economía chilena lo capta el 1 por ciento más rico de la población. Quizás esto explique el impacto que la crisis sanitaria ha producido en el país que hasta hace algunos meses se jactaba de ser modelo en la región.

Más artículos de Walter Medina en nuevatribuna

  

Chile, pandemia y el hambre