Nuevatribuna

Cero en democracia

Foto: Confederación de Trabajadores de la Economía Popular CTEP
Foto: Confederación de Trabajadores de la Economía Popular CTEP

Nunca en 34 años de democracia se había visto la ciudad de Buenos Aires militarizada. Ya se comienza hablar de un posible Estado de Sitio.

La Reforma Previsional que no es otra cosa que un recorte sustancial al sueldo que perciben los trabajadores pasivos

La militarización del Congreso de la Nación es un hecho inaudito en la historia de la democracia argentina.  Pero la imagen de gendarmes rodeando el recinto en el que iba a votarse ayer la reforma previsional, se corresponde perfectamente con el ciclo que el 15 de diciembre de 2015 ha iniciado el gobierno de Mauricio Macri.

Se trata de un clima de época que pretende a la fuerza llevarse por delante los derechos adquiridos y acallar cualquier voz opositora, aunque tenga que ser a fuerza de balas y gases lacrimógenos. El inicio de esta debacle de la democracia comenzó el 22 de diciembre de 2015 cuando Gendarmería reprimió una manifestación de trabajadores de Cresta Roja. Desde entonces, y durante estos dos años, hubo 111 hechos represivos contra conflictos sociales. Uno cada siete días.

Como si se tratase de un modus operandi –a estas alturas ya no hay quien lo dude, excepto el propio gobierno- las fuerzas de seguridad recibieron la orden de reprimir todos y cada uno de los reclamos de los distintos grupos sociales. Apenas a once días de asumir como presidente Mauricio Macri, los trabajadores de Cresta Roja mantuvieron un corte parcial en la autopista Ricchieri en reclamo por el pago atrasado de salarios. La gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, dijo que el gobierno provincial iba a apoyar a los trabajadores. Sin embargo la respuesta estatal llegó de parte de Gendarmería que el 23 de diciembre avanzó con carros hidrantes y disparó balas de goma, hiriendo a empleados de la empresa.

Ese fue la génesis de un proceso que en estos dos años no ha cesado y que ayer quedó expuesto a los ojos del mundo que, quizás por primera vez, sospecha que la democracia de Mauricio Macri –tan preocupado por la violación de los Derechos Humanos en Venezuela- se asemeja más a una dictadura.  

Apurado por el requerimiento del Fondo Monetario Internacional, el oficialismo pretendió ayer votar la Reforma Previsional que no es otra cosa que un recorte sustancial al sueldo que perciben los trabajadores pasivos. Más de tres mil gendarmes rodearon el Congreso, en una maniobra nunca antes vista en democracia. Quienes se atrevieron a alzar la voz contra este proyecto de ley recibieron gases y balas de goma, y se reportaron más de treinta personas detenidas. Las cargas policiales no hicieron distinción entre manifestantes y parlamentarios, que recibieron por igual gas pimienta en los ojos y tuvieron que ser atendidos en la enfermería del Congreso.

El plan económico de Macri sólo cierra con represión. Como una suerte de Robin Hood a contramano, el presidente argentino ha decidido quitarles poder adquisitivo a los pobres y trasladárselo a los ricos. El consumo de leche y productos básicos ha descendido notablemente, y la venta de coches de alta gama se ha incrementado de manera exponencial. Es el neoliberalismo que nuevamente arremete contra las clases más vulnerables, como ya lo ha hecho en ocasiones anteriores. Algunos argentinos no olvidan la tragedia en la que acabó la experiencia neoliberal de los ’90; aunque a Macri y su equipo parece importarles poco.