domingo 25.08.2019

Callando cacerolas

Argentina se encuentra ahora en la misma encrucijada de los países en los que los adalides del neoliberalismo han llegado al poder

Para la posteridad dejó Mahatma Gandhi su reflexión acerca de la relación entre los idiotas y sus representados. “Si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron están bien representados”. Sin embargo bien cabe la posibilidad de exculpar al idiota elector, o al menos de comprender las motivaciones que lo impulsaron a cometer una auténtica idiotez que atenta contra su propia persona.

La sentencia del líder del Movimiento de Independencia Indio revive en estos días en que los idiotas con poder manifiestan su peligrosidad sin tapujo alguno; transparentando sus consecuencias, naturalizando su efectividad y -quizás el efecto menos deseado- conminando conscientemente a las rezagadas hordas de idiotas que darán rienda a su idiotez, a sabiendas de la impunidad de la que gozan desde que uno de ellos logró convertirse en presidente.

Los discursos de los líderes de la derecha neoliberal solo pueden ser considerados válidos por su idiota elector cuando el raciocinio ha quedado extinto como consecuencia del bombardeo de falsedades que los medios del establishment le han inoculado. De este modo el idiota elector se complace en digerir la sarta de incongruencias que emergen de las bocas de su elegido, como si necesitase que éste legitime esa convicción que cree poseer y que de tanto en tanto lo hace ensayar absurdas comparaciones del tipo “Yo no quiero que mi país se transforme en Venezuela”.

Pero si a la sentencia de Gandhi hay otra que bien puede completarla, es la que firmó el Nobel de Literatura Bertrand Russel: “El problema de la Humanidad es que los estúpidos están seguros de todo y los inteligentes están llenos de dudas”. Y por el mero vicio de parafrasear, se me antoja que bastan estas dos sesudas reflexiones para comprender los motivos por los cuales el rumbo al desastre es, en estas instancias, un hecho inevitable. Al igual que lo hace Mariano Rajoy en España, Mauricio Macri repite las consignas del Manual Neoliberal, invocando los fantasmas de una izquierda que pretende desestabilizar la democracia, argumentando a discreción el peso de la herencia recibida, y lamentándose por las difíciles decisiones que –debido a lo antedicho- debe tomar. Consignas que sólo un idiota lleno de certezas y sin registro alguno de su propia historia, puede tragar.

De este modo Argentina se encuentra ahora en la misma encrucijada de los países en los que los adalides del neoliberalismo han llegado al poder. No importa lo que puedan haber prometido en campaña, porque el idiota elector sabrá comprender que ahora lo importante es la defensa de la democracia, y saldrá a defenderla a capa y espada sin sospechar ni por un instante que, como consecuencia de su idiotez, le ha entregado un arma a su propio verdugo.   

Ayer volvieron a sonar las cacerolas en todo el país; esta vez en reclamo por la aprobación de la Reforma Previsional que atenta contra el colectivo más vulnerable de la sociedad. Macri no las escuchó, y  tampoco lo hizo el más idiota de sus electores; porque éste ya se acostumbró a que la cacerola debe sonar sólo cuando se lo ordenan los medios de comunicación con los que se droga a diario. “Queremos que nos dejen comprar dólares… yo no puedo ir a Miami”, reclamaban durante el gobierno anterior, que le había puesto un cepo a la moneda estadounidense. “Espero que la presidenta escuche este reclamo”, escribía el actual presidente en su cuenta de Twitter.

Cientos de miles de personas salieron a la calle y la cacerola se hizo escuchar en todo el país. Los medios del poder invisibilizaron el reclamo; y el elector idiota no supo comprender a qué se debía tanto alboroto; aunque sí estuvo seguro –como no puede ser de otra manera debido a su naturaleza- que su presidente lo está protegiendo. “Tengo dos ejes prioritarios.. la niñez y cuidar a nuestros jubilados”, dijo Macri sin sonrojarse, el mismo día que con una ley los condenó a la pobreza.  Y de este modo su elector reafirmó su seguridad. Y también su idiotez.     

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