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martes 24/5/22

“Volver a empezar”

Por Sonia Carrasco | Mientras los medios de comunicación, militantes y simpatizantes del PSOE y otros partidos están a la espera de un nuevo Congreso, de la Gestora, etc; mientras nos echamos en cara cosas los unos a los otros en público sin ningún pudor, mientras unos ya están de Ruta por los Rincones de España y otras por Bruselas buscando ambos protagonismo, creando una guerra interna, pensando en ellos mismos, no en el futuro de los ciudadanos, sin pensar en un nuevo modelo socialista, un nuevo modelo con el que las personas se vean identificadas y volvamos a ganar su confianza; otros pensamos en “Volver a Empezar”. 

¿De qué manera? Les voy a contar una historia.

La AAVV “La Unidad” de la Barriada de El Trébol, en Sevilla, un barrio periférico de la ciudad, de origen humilde, de obreros, fue creada por un grupo de entre 20 y 30 socialistas del barrio, entre ellos Guillermo Gutiérrez Crespo, que muchos años más tarde fue Consejero de Industria de la Junta de Andalucía y Primer Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de Sevilla con Manuel del Valle; José Ferreiro, Manuel Parrado León, Manuel Mallén, Antonio Palomo, Joaquín Peñalosa (El Escayola), Andrés Mariscal, Antonio Zabala, Ramón Casado, José Luca de Tena, El Cordobés, y mi padre Rafael Carrasco (El Farmacia), y muchos compañeros que se quedan atrás porque la memoria de mi padre va fallando (pido disculpas).

Esta AAVV nació a raíz de una estafa que le quisieron hacer a los vecinos del barrio la Inmobiliaria EACESA (Empresa Andaluza de Construcciones Económicas, S.A.), ya desaparecida. 

La estafa consistió en que los pisos se pagaban al contado, todos los vecinos firmaron una letra de 455.000 pesetas y esa letra fue canjeable por otras 150 letras a 3.750 pesetas; después la inmobiliaria las negoció todas, y les cobraban el doble a los vecinos.

Este grupo de personas se reunían junto a más vecinos y de noche con velas caminaban juntos hasta el Ayuntamiento como medio de protesta, se manifestaban en la Junta de Andalucía y lucharon por ellos y por todos sus vecinos hasta que lograron que se tomaran cartas en el asunto y les retiraran las letras de más que la empresa pretendía cobrar. De esta manera en junio de 1974, cuatro meses después de mi nacimiento, se conformó la AAVV y con ella La Casa del Pueblo.

Tenían un ambigú, con sus tapitas, cervecitas, refrescos para los niños, mesas para jugar al dominó, hablar de los temas del barrio y un salón de actos donde se enseñaba a leer y a escribir a los que no sabían; actualmente en ese salón de actos se dan clases particulares para los niños, yoga, incluso hay un coro!!!

La Casa del Pueblo siempre estaba abierta, de 10 de la mañana a 3 de la tarde y de 5 de la tarde a 11 de la noche, en verano cerraban más tarde. En ella, también ayudaban a buscar trabajo a las personas del barrio desempleadas, a pagar entre todos una factura de la luz de un vecino en problemas; todos se ayudaban entre todos y a todos, estaban para el barrio, para los vecinos.

Me cuenta mi padre, que en el año 1978, el Ayuntamiento nos cortaba la luz de la calle trasera del barrio porque decían que se trataba de una calle privada y el Mal Peinao, uno de los compañeros, cogía y enganchaba la luz para el barrio. Inmediatamente venía la policía al barrio buscando a un tal José Báez y todos ellos, sus compañeros y vecinos lo escondían y les contestaban a la policía que allí no se sabían los apellidos de la gente, sino la forma de llamarlos, como El Farmacia, El Escayola, El Mal Peinao, etc... y que no sabían quién era ese tal José y se iban.

Organizaban las velas del barrio, y las Cabalgatas de Reyes del día 06 de enero para todos los niños del barrio, buscaban el dinero pidiendo colaboración a los bares del barrio, a las tiendas, haciendo rifas, etc. El Ayuntamiento ponía la banda de música para el día de Reyes, recuerdo despertar ese día con los tambores y trompetas al compás de “El patio de mi casa” y se compraban juguetes y comida para que a ningún niño del barrio les faltara nada.

Había vecinos que sentían vergüenza de ir a pedir algo y todas esas personas recorrían las casas de los vecinos preguntando que tal iban las cosas y ayudando a todo aquel que lo necesitaba.

Lo que les quiero decir con esta pequeña historia real, porque en la casa del pueblo y en la AAVV La Unidad pasaron más cosas y muchas de ellas bellas de contar, es que hemos perdido la esencia de lo que significa tener una casa del pueblo. La mayoría de las agrupaciones hoy en día permanecen cerradas. Sólo se abren para algún que otro trámite administrativo y cuando hay que votar para algo y eso es triste. Estoy segura que hemos perdido la confianza de mucha gente porque ya no somos cercanos a ellos, ni siquiera a nuestros vecinos, ni nos apoyamos los unos a los otros en lo cotidiano.

Por eso, entiendo que antes de proyectos personalistas, lo que hay que hacer es “Volver a Empezar”, desde abajo, desde los barrios, desde las casas del pueblo, por y para el pueblo.

Desde aquí mi recuerdo a todos ellos, a mis vecinos, al barrio donde me crié, donde aprendí ciertos valores y principios de los que estoy muy orgullosa.

“Volver a empezar”