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¿Qué ha pasado el 28A?

Una cuestión a tener en cuenta en estas elecciones ha sido la atomización de la derecha… Unidas Podemos estuvo a punto de dar el zarpazo electoral al PSOE en 2016 dividiendo el voto de la izquierda y ahora ha vuelto a pasar lo mismo con Ciudadanos y Vox

Por Mario Regidor | El PSOE ha ganado las elecciones generales con 123 escaños. Este número que, en épocas pretéritas obligaba a dimitir a líderes como Joaquín Almunia, bien es cierto que, en contextos muy diferentes, se convierte en los líquidos tiempos democráticos actuales en una victoria sin paliativos de un partido y de un líder político que hace algo más de un año parecían amortizados.

Efectivamente, esta es una victoria política y personal de Pedro Sánchez (al final, va a ser que su libro, ese “Manual de Resistencia”, tiene un título extrañamente vinculado a su persona…) y su resiliencia debe ser recompensada en su justa medida. Sánchez se mantiene en su idea de construir un gobierno de socialistas e independientes y, por ende, gobernar en solitario. Parece evidente que buscará el apoyo de Unidas Podemos y, como mínimo, la abstención de los independentistas catalanes que, por cierto, suman un 6,28% de los escaños del congreso: 22 de 350 diputados. Cualquier otra combinación echaría por tierra un gobierno de izquierdas en el país.

De lo que no cabe duda es de la derrota sin paliativos del PP y, por ende, de su ungido líder, Pablo Casado. El más joven de los 5 contendientes, todos hombres, y el que más esfuerzos había hecho por separarse del centro y abanderar el adalid de un conservadurismo que no se veía, casi, desde el siglo XIX. El hecho de que se hayan quedado fuera del recuento de diputados en el País Vasco, con su jefe de campaña, Javier Maroto, a la cabeza y con las declaraciones del Presidente del PP del País Vasco, Alfonso Alonso pidiendo que el partido volviera a ser aquel “centrado, moderno y abierto” que había ganado las elecciones en su momento.

Esa radicalidad de la derecha, no obstante, ha podido frenar a Vox pero a costa de perder un votante centrista y moderado que, a pesar del escoramiento de Ciudadanos hacia la derecha, le ha permitido crecer en votos y escaños de manera sorpresiva. Rivera se la jugaba y ganó y amarró su puesto en detrimento de una Inés Arrimadas (tendrá que esperar con sus ansias de reemplazar al líder) que no ha logrado incrementar el número de escaños en su comunidad autónoma a pesar del hundimiento del PP en Cataluña de la que sólo su cabeza de lista, Cayetana Álvarez de Toledo, ha conseguido obtener escaño perdiendo 5 de los que mantenían hasta ahora.

Por su parte, Unidas Podemos que ha realizado una buena campaña y, sobre todo, dos buenos debates, ha perdido una treintena de escaños pero es cierto que la sangría podía haber sido mayor y sólo la moderación y el conseguir aparecer como un partido que puede y debe apuntalar un gobierno de izquierdas les ha permitido contener el marasmo y afianzar sus opciones de formar gobierno con el PSOE.

En este aspecto me quería detener unos momentos. Parece que es, relativamente sencillo, formar gobierno con los actuales resultados, pero creo, sinceramente, que se nos escapan un par de variables dignas de ser tenidas en cuenta.

Me explico, la única opción de formar gobierno con dos partidos nacionales la ofrece un pacto PSOE- Ciudadanos que suman 180 escaños, 4 por encima de la mayoría absoluta. Pero Albert Rivera se ha desgañitado en contra de un pacto con el PSOE pasando por alto que muchos de sus cargos políticos a nivel regional y local ven con buenas sensaciones un pacto a otros niveles con el PSOE. Ya hemos dicho que a Rivera le ha salido bien esta estrategia por haberle quitado votos al PP y éste, a su vez, ha perdido gran parte de los escaños que han ido a parar a Vox. Es decir, la estrategia del PP ha sido un desastre a nivel general y su apelación al voto del miedo se ha quedado en una reflexión inconsciente: si queremos un voto del miedo, se lo daremos a Vox, no a la burda copia. En cambio, ese elector moderado que antes votaba al PP ha ido a las urnas a votar a Ciudadanos e, incluso al PSOE, y el efecto de Vox se ha visto mitigado por la afluencia de mujeres a las urnas en ejercicio de un voto consciente en defensa de sus derechos y que, mayoritariamente, han pretendido parar votando a partidos de izquierda.

Mención aparte merece la irrupción de Vox… Es cierto que se esperaba más una treintena de escaños en su debe pero no debemos olvidar el hecho que, desde 1979 no había un partido de extrema derecha en el congreso con la única acta de Blas Piñar en la coalición Unión Nacional y ahora, 40 años después, vuelven a aparecer con ¡¡24 ESCAÑOS!! Es algo que no podemos tomar como algo pintoresco y que, al igual que, como dije con Unidas Podemos y Ciudadanos, han venido para quedarse durante un largo tiempo en el espectro socioelectoral español y, lo que es peor, en su vertiente más ideologizada.

Una cuestión a tener en cuenta en estas elecciones ha sido la atomización de la derecha… Recordemos que Unidas Podemos estuvo a punto de dar el zarpazo electoral al PSOE en 2016 dividiendo el voto de la izquierda y ahora ha vuelto a pasar lo mismo con Ciudadanos (y su desvío a la derecha) y Vox. Simplemente unos datos para ilustrar lo que ha perdido el PP en 3 años escasos: 3.500.000 millones de votos, la mitad de su electorado y, en total 71 diputados. Su peor resultado desde su aparición como partido y que debe hacerles entrar en un período de reflexión y autocrítica notorio. Es cierto que no es bueno mudar de capitán en mitad de unas elecciones municipales, autonómicas y europeas pero el PP en menos de un mes no mejorará los datos a nivel numérico pero sí podría hacerlo en gobiernos de coalición donde la derecha sume por la subida de votos de Ciudadanos y la entrada en parlamentos por parte de Vox lo que podría ayudar a paliar este marasmo y hacerle perder a la izquierda una parte importante de las alcaldías y gobiernos regionales donde ahora hay pactos de progreso.

Todavía hay partido y la confianza en la izquierda no debe nublar el buen juicio y hacer pensar que ya está todo hecho. Para nada, el bloque de derechas no ha sido derrotado y el resultado en estas elecciones generales les incentiva más para acometer cambios de gobierno en ayuntamientos y gobiernos regionales si los números suman. No nos confiemos… Los lobos aguardan su presa…