jueves 23/9/21

El proteccionismo económico de la era Trump

Por Mario Regidor | El 20 de enero, Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos y desde Herbert Hoover (1929-1933), también republicano, no ha existido otro presidente que haya adoptado medidas de carácter tan proteccionista como el actual inquilino de la Casa Blanca.

Todo parece enmarcarse en un giro copernicano de 180 grados coincidente con la nueva “ideología” que destila ahora el Partido Republicano. Es curioso que un partido con más de 200 años de historia y que ha atesorado a grandes presidentes como Abraham Lincoln haya sufrido tantos vaivenes ideológicos que, en la actualidad, se considere prácticamente irreconocible. Y lo más contradictorio es que, dentro de esa aparente paradoja, tenga a uno de los suyos como presidente contando, además, con mayoría en ambas cámaras legislativas.

Si la coherencia política del gobierno brilla por su ausencia, preconizando un pretendido aislamiento internacional, que Trump se ha saltado con un ataque al gobierno de Bashar al Asad, aunque con cierto beneplácito de la mayor parte de la comunidad internacional a pesar de haber sido ejecutada sin resolución del Consejo de Seguridad de la ONU (Rusia la vetó), no es menos cierto que su coherencia económica en un mundo globalizado como el actual se podría definir como totalmente fuera de lugar. Me explico…

Trump se ha convertido en presidente de los Estados Unidos con un discurso donde situaba a las clases medias y medias bajas en el centro de su política económica (America First y Make America great again) mediante la instauración de una política de aranceles económicos, la construcción de un muro que impidiera el acceso de inmigrantes por tierra desde Latinoamérica (y que, según su idea, iba a pagar México) y la ruptura unilateral de Tratados de Libre Comercio como el NAFTA.

Pero, ¿qué es lo que pretende Trump con esta política? ¿Es que no se da cuenta de que instaurar una etapa de proteccionismo podría conllevar un aumento de la inestabilidad geopolítica en extensas zonas geográficas mundiales? Y, sobre todo, ¿Cómo es posible que China, un país comunista, se esté convirtiendo en adalid del libre comercio debido a la inaccion creciente de Trump en este sentido?

Personalmente, creo que Trump se está dando perfecta cuenta de lo que está haciendo y tiene muy claro el objetivo que pretende… Ya comentamos en un artículo anterior que este hombre está tratando de llevar a cabo su programa, casi desde el día siguiente a su toma de posesión, por medio de las llamadas Órdenes Ejecutivas, una especie de decretos presidenciales que está usando para desmontar toda la herencia demócrata de Obama. El programa público de salud, llamado popularmente Obamacare es un buen ejemplo pero donde se ha ensañado con mayor fervor es en la derogación o renegociación unilateral de los Tratados de libre Comercio.

Valga sea esta exposición para establecer un pequeño inciso y comentar que, es realmente curioso, por no usar otro calificativo que un multimillonario haya llegado a la presidencia de los Estados Unidos con un discurso proteccionista que grandes capas de votantes anteriormente demócratas con bajo poder adquisitivo y desempleados en la actualidad fruto de la pérdida de empleos industriales en los estados del Medio Oeste, le han “comprado” sin dudarlo. El Partido Demócrata haría bien en realizar una profunda y severa autocrítica acerca del por qué esta tipología de votante, tradicionalmente ligada a sus bases sociales, le ha dado la espalda justo después de un gobierno demócrata como el de Obama que ha logrado situar la tasa de desempleo en un encomiable 4,7% después de haber pasado una terrible crisis económica pero donde los índices de desigualdad son mayores que en épocas pretéritas.

Trump ha encontrado aquí un caladero de votos importante y lo está explotando tratando de cumplir lo que dijo en la campaña electoral con propuestas demagógicas, populistas y proteccionistas a nivel económico y, a la vez, en una suerte de nuevo New Deal (política demócrata y neokeynesiana, puesta en práctica por Roosevelt justo después de la nefasta presidencia de Hoover), por medio de una gran inversión plurianual en obra pública e infraestructuras que, en principio, ahondaría en un descenso aún mayor de la tasa de desempleo, una bajada de impuestos a los más pudientes que incidiría en un aumento de la actividad económica (no creo que se lo crea ni él mismo…) y en un aumento de la deuda pública durante su mandato (luego que pague el que venga).

Lo peor de todo esto es que, en sus primeros 4 años de mandato, si no sucede algún acontecimiento de fuerza mayor, es posible que pueda tener un cierto éxito a corto plazo que, en caso de que aspire a un segundo mandato, le podría dar el impulso necesario para lograrlo.

Pero, no nos engañemos, en el peor de los casos, en el segundo mandato se vería la cara B de sus reformas iniciales: el mercado se haría más pequeño, los impuestos subirían, la carga en deuda pública que tendrían que pagar las generaciones venideras se podrían convertir en insostenibles y las posibilidades de nuevos conflictos militares se incrementarían exponencialmente ya que el libre comercio tiende a apaciguar las veleidades militaristas de muchos líderes políticos en pos del beneficio económico propio o, en el mejor de los casos, de la sociedad.

No obstante, ya hay varios comentaristas políticos en Estados Unidos que hacen mención a una posible destitución de Trump o a la posibilidad de que no acabe el mandato. Personalmente, lo veo poco probable. Creo que Trump finalizará su presidencia y, seguramente, se presente a un segundo mandato donde contará ya con 74 años. No sé si lo ganará pero lo que no me cabe duda es que plantará cara y costará mucho que un demócrata, sea el que sea, vuelva a la Casa Blanca el próximo mandato. Toca reflexionar y madurar la estrategia. Siempre es más fácil destruir que construir y Donald Trump lo sabe y ahí está el hombre, destruyendo que es lo suyo aunque piense que está “protegiendo” a los suyos.

El proteccionismo económico de la era Trump