domingo 25.08.2019

Piensa en verde

Este año es importante que nadie se quede en casa el 26 de mayo y votemos en las elecciones europeas pues el avance de la extrema derecha también va a traer efectos negativos para el medio ambiente

Por Conchy González | Al ver la película Vice (Vicio de poder), con ese maravilloso Christian Bale en la piel de Dick Cheney (Vicepresidente de Estados Unidos en los tiempos de George Bush hijo) me quedé pensando en una escena que, aunque puede pasar desapercibida, tiene un gran significado. Resulta que en 1979 el Presidente demócrata Jimmy Carter instaló unos paneles solares en el tejado de la Casa Blanca, treinta y dos panales para ser exactos, paneles que luego el Presidente Reagan retiró en 1986 con la excusa de unas humedades en el tejado y que no fueron repuestos hasta que llegó Obama al poder.

Escuchar a Jimmy Carter hablando de sostenibilidad ambiental y de recursos naturales limitados, en los años setenta, no debería sorprenderme viniendo de alguien que antes había luchado contra la discriminación racial en el profundo Sur norteamericano. Escuchar a Carter me recordó también a Al Gore y lo distintas que habrían sido las cosas si éste hubiera ocupado el despacho oval con su Verdad incómoda, en vez de ese otro sureño que ponía los pies sobre la mesa mientras llamaba a sus amigos para ir a las Azores a hablar de armas de destrucción masiva.

Lo que me sorprende es que, como nací en 1978, yo tenía un año cuando Jimmy Carter ordenó colocar esos paneles solares y ahora, a mis cuarenta años, veo a Donald Trump negando el cambio climático y apostando otra vez por sus amigos de las petroleras. ¿Cómo es posible que ese retroceso nos lo hayan vendido como progreso? Entonces, la siguiente pregunta que me hice al salir del cine fue la misma que se hizo el año pasado una jovencita sueca de quince años, ¿qué demonios hemos estado haciendo todos estos años?

Esa jovencita de rubias trenzas se llama Greta Thunberg y con su movimiento juvenil de huelga escolar por el cambio climático ha conseguido lo que muchos llevamos intentando desde hace años, que los más jóvenes tomen conciencia del mundo que les estamos dejando porque son ellos los que van a disfrutar o sufrir los efectos de las decisiones que tomemos hoy los supuestos mayores de edad. Y es que sin medio ambiente no hay futuro. Así de sencillo, así de claro, así de directo.

Greta recientemente le sacó los colores a Jean Claude Juncker, Presidente de la Comisión Europea, al recordarle que no estamos haciendo todo lo que deberíamos para reducir el calentamiento global. Sin embargo, no podemos olvidar que la Unión Europea ha sido siempre pionera en la defensa del medio ambiente y hoy la lucha contra el cambio climático es transversal, es decir, que debe ser tenido en cuenta en todas las políticas comunitarias. Así que no es un mero un brindis al sol, de hecho, el artículo 191 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea establece la lucha contra el cambio climático como uno de los objetivos de la política medioambiental comunitaria. Pero esos objetivos se quedarán en nada si no tenemos a la gente adecuada que los lleve a cabo.

Por ello, este año es importante que nadie se quede en casa el 26 de mayo y votemos en las elecciones europeas pues el avance de la extrema derecha también va a traer efectos negativos para el medio ambiente, con gente que tiene como modelo a seguir a Donald Trump, negando el cambio climático (como Le Pen negó el Holocausto) y saliendo del Acuerdo de París, arrastrando con él a países tan importantes como Brasil con sus pulmones del Amazonas en peligro con Jair Bolsonaro.

Necesitamos más que nunca eurodiputados y comisarios que defiendan con valentía nuestros derechos sociales frente a los intereses de las multinacionales y, entre esos derechos, se encuentra nuestro derecho a un medio ambiente adecuado. Deberán también decidir cómo gestionar la llegada de un nuevo tipo de refugiados, los refugiados climáticos, los cuales huyen de los estragos causados en su país de origen por los efectos del cambio climático. Y en todo caso deberán trabajar para que la normativa medioambiental comunitaria se aplique por igual en todos los países europeos para evitar la deslocalización de empresas hacia Estados miembros con normativas nacionales medioambientales más permisivas.

Así que, como dice Greta, todavía nos queda mucho por hacer. Y no sabemos todavía la dimensión y duración que tendrá este movimiento juvenil que ya está llegando a España gracias al poder de las redes sociales, si será una moda pasajera o no, lo que sí es cierto es que Greta pone el acento en asuntos tan esenciales como que los políticos deben escuchar más a los científicos. Y Greta nos sorprende por su aparente madurez, cuando yo a su edad ni había oído hablar del reciclaje, como mucho me negaba a comprar aerosoles por aquello del agujero de la capa de ozono y plantaba árboles. Pero quizás lo que más me llama la atención de Greta es que, a pesar de padecer síndrome de Asperger, está más conectada con los problemas reales de este mundo que muchos que se creen libres de todo mal. Son ellos, los autistas y no ella, los que no quieren ver que el problema ya lo tenemos en casa, en nuestro aire, en nuestros ríos, en el pescado que llega a nuestras mesas con el microplástico como ingrediente de serie. Somos autistas cuando no queremos entender que este mundo no nos pertenece, que estamos en él de paso como eternos inquilinos porque sus dueños son las generaciones futuras y frente a ellos tendremos que rendir cuentas. Piensa bien lo que vas a contarles en tu defensa. Piensa en verde.

Piensa en verde