miércoles 20.11.2019

Panorama antes de la batalla

Por José Bujalance C. | Lejos de la "verdadera izquierda", me decanto por una coalición de izquierdas que sirva al interés general, contra los gobiernos de la derecha y la convicción de que el acuerdo para poner en práctica políticas de mejora de las condiciones de vida de mucha gente maltratada por las políticas de austeridad y de empobrecimiento sería beneficioso, no solo para esos ciudadanos, sino también para quienes suscribieran acuerdos de cooperación política de estas características.

Lo que distingue a los partidos de gobierno de los que no lo son es que los primeros, desde el poder o desde la oposición, siempre actúan con la perspectiva de que las propuestas y posiciones que formulan puedan llegar a hacerse efectivas.

Las izquierdas útiles deben entablar conversaciones para la creación de un gobierno y llegado el momento, si hace falta, ser proclives a favorecer un gobierno del partido socialista en solitario. No es condición sine qua non formar parte del mismo (renunciando si fuese necesario a asumir esa responsabilidad y participar en el posible desgaste consiguiente) comprometiéndose mediante acuerdos bilaterales firmados con el Partido Socialista, y entre sí, en un programa de gobierno de objetivos mínimos para toda la legislatura que fuese compatible con el mantenimiento de los objetivos máximos específicos de cada uno de ellos.

No se trata de ser infiel a dogmas ni ideología, sino de mantener firmes unas políticas pragmáticas, apostando por reformas de aplicación inmediata en conjunción con el resto de las izquierdas negociadoras, haciendo hincapié en cuestiones de impacto social, postmateriales, como las políticas de género y las políticas a favor de los colectivos LGTBI, entre otras.

Me opongo a las organizaciones que priman la estrategia, cuestiones testimoniales, de posicionamiento, que lanzan proclamas e ideas con la tranquilidad de saber que no les tocará llevarlas a la práctica

Me opongo a las organizaciones que priman la estrategia, cuestiones testimoniales, de posicionamiento, que lanzan proclamas e ideas con la tranquilidad de saber que no les tocará llevarlas a la práctica. Nada me hace pensar que Unidas Podemos quisiera cogobernar ni que esté preparado para ganar las próximas elecciones. El objetivo del actual Podemos, de la mano de su idólatra líder, hace mucho que es más bien protegerse, disociando poder orgánico y resultados electorales, con un equipo de dirección repleto de especialistas en atornillar situaciones de poder interno, designado por el Secretario General, que ha creado las condiciones para no temer por las sucesivas derrotas electorales, desentendiéndose de la tarea de alcanzar el gobierno.

El equipo de Iglesias dice con la boca que su adversario es la derecha y con el resto de su cuerpo se apresta a defender el hecho de ser la verdadera izquierda, aunque no sirva para nada ni nadie, una izquierda populista. Hay una contradicción esencial entre promover ambiciosas reformas, incluso constitucionales, y exigir en la interlocución con el único partido cuyo consentimiento es imprescindible para cualquier cambio de envergadura.

La idea es constituir un gobierno esencialmente parlamentario porque el presumible gobierno socialista necesitará para la puesta en práctica de los acuerdos programáticos y para las nuevas políticas que sea necesario adoptar, del acuerdo y la negociación constante en las Cortes, huyendo de la falsa sensación de inestabilidad y poniendo a prueba la capacidad negociadora de los partidos políticos.

Panorama antes de la batalla