sábado 27/11/21

Pablo Iglesias; en busca del ego perdido

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David Buxens Escorihuela Tiempo llevaba un servidor sin escribir a sus lectores, pero he de reconocer que, ante la turbulencia de los recientes hechos, este artículo era de obligado cumplimiento.

El punto está en que un partido regeneracionista y pretendidamente socialdemócrata, al menos en sus inicios, ha implosionado. La situación ya venía de lejos, pues los resultados de las últimas elecciones a Cortes, en el ya aparentemente lejano 2019, no invitaban al optimismo y se vieron confirmados en las pasadas elecciones autonómicas del 14 de febrero, siendo el descalabro en Cataluña, lugar de nacimiento de Ciudadanos (C’s), de proporciones épicas. Lo errado de las estrategias del partido naranja, se tienen que anotar en el debe de Albert Rivera, ex de las Nuevas Generaciones del PP, foto con saludo falangista en su época incluida. La cercanía de Rivera a la Fundación FAES y, por tanto, al aznarismo más recalcitrante han marcado el paso de esos malos resultados, producto de una sumisión táctica al ritmo autonómico que marcaba el PP en algunas Comunidades Autónomas.

Lo cierto es que su sucesora, Inés Arrimadas, visto el descontento de los “padres” de Ciudadanos y al albur de las reclamaciones de los sectores más moderados de la formación, decide ser coherente con los principios fundamentales de su partido y aprovechando una vez más la corrupción sistémica del PP que, en ningún caso le permite equipararse a las derechas moderadas europeas, pacta una moción de censura para romper toda relación con el partido azul, primero en Murcia, Comunidad Autónoma y Ayuntamiento, fracasando en la primera debido al recurso una vez más de los populares al transfuguismo.

¡Vaya! Tarde y mal, pero parece que los de Arrimadas han entendido que se les abre la posibilidad de ser un partido de corte liberal y quién sabe si pueden establecerse como un verdadero Partido Demócrata de corte europeísta en España. Sería una gran noticia para todos.

Luego vino el sainete de Isabel Díaz Ayuso en Madrid, tras 2 años de continuo enfrentamiento al Gobierno Central y gesticulación que en no pocas ocasiones rozaba lo freak, decide dimitir para evitar la más que necesaria moción de censura, moción que un servidor no entiende por qué tras el desastre de la gestión de Ayuso no presentó Ángel Gabilondo mucho antes, ya que la Presidenta madrileña es un peligro para la sociedad madrileña, para la política y para ella misma. Las inquietantes declaraciones de los líderes de VOX, Rocío Monasterio y Ortega Smith diciendo literalmente que tienen a Ayuso y al ayuntamiento madrileño cogidos por ahí, hacían necesaria una moción que al final se ve subsumida por el momento y salvo disposición judicial, contraria a las elecciones del 4 de mayo.

Y tras todo esto, llegamos a dónde entra Pablo Iglesias, líder de líderes y luz que alumbra a los puros creyentes de izquierdas, note el lector mi ironía. Hablamos de un líder al que han abandonado todos los fundadores de Podemos, Monedero, Bescansa, Errejón y que ha amortizado con creces el “espíritu del 15M” y de las confluencias que le acompañaron en el crecimiento de su partido. Ya sólo quedan “los Comunes” en Cataluña y no sin hondas reticencias de parte de Ada Colau. Pablo Iglesias dijo que se iba a Europa a cambiar la manera de hacer política, porque claro, él nos iba a enseñar cómo hacer una auténtica revolución. Lo cierto es que se debió aburrir mucho y comprendió que el Parlamento Europeo va más allá del culto a la personalidad de un líder más bien mediocre. El resto ya lo saben, delirios de “sorpasso” a los socialistas que no se vieron confirmados en las siguientes 5 convocatorias de elecciones a Cortes y un pacto con el ganador de todas estas elecciones, el Partido Socialista.

Dicho pacto nunca hizo sentir cómodo a un Iglesias que día sí, día también, provocaba discrepancias con el ala socialista del gobierno, teniendo como últimos referentes decir que España no es una democracia plena cuando todos los indicadores a nivel internacional afirman lo contrario, o decir que el cobarde ultraderechista huido, Carles Puigdemont es un exiliado, ninguneando a miles de familias que sí sufrieron la dureza del exilio y la pérdida de familiares en campos de concentración. Pero…¡Tranquilos! ¡Qué nadie se alarme que ahora viene Pablo Iglesias a contaros en qué consiste la memoria histórica!

Para concluir, a bote pronto, un servidor saca tres conclusiones de la presentación de Iglesias como candidato a la Comunidad de Madrid.

La primera es que en el Gobierno Central se respira un poco mejor, ya que Yolanda Díaz, que será nombrada Vicepresidenta Segunda del Gobierno, es mucho más realista y menos propensa al show que el candidato de su partido, con lo que gana la legislatura.

La segunda, este movimiento va a movilizar a la extrema derecha que apoya a Ayuso en Madrid y a la ultraderecha de VOX, la reacción por tanto a esto debe ser una mejora de los resultados por parte de Ciudadanos que le permita reafirmarse, una coalición entre Más Madrid y Podemos que les permita enganchar al electorado más joven y por último una campaña pegada a la realidad de la calle por parte de los socialistas encabezados por el contrastado Ángel Gabilondo.

Tercera y última, Pablo Iglesias realiza este movimiento mirando a Cataluña, dónde los Comunes han realizado una patética danza de cortejo a ERC cuyo resultado ha sido…¡No ser considerados para estar en la Mesa del Parlament! Y si las encuestas son correctas, pintan bastos en un Ayuntamiento tan importante como el de Barcelona a 2 años vista.

Comentado todo lo anterior, queda claro una vez más que los partidos que venían a cambiar nuestra realidad política a día de hoy sólo han logrado bloquear sin avances o pactar sin que la gestión sea relevante al ciudadano. Un servidor espera que las próximas elecciones del 4 de mayo sirvan como acicate para un cambio de modelo Autonómico por uno federal, pero ya sabe el lector que si algo tengo de pecador es mi optimismo irredento.

Pablo Iglesias; en busca del ego perdido