lunes 25/1/21

Nuevos espacios de desahogo en la arquitectura post Covid19

Foto: Archigram
Foto: Archigram

Por Mariola Marrero | Durante el confinamiento, las azoteas, terrazas, patios y jardines privados fueron el gran desahogo de muchos ciudadanos, sobre todo, en el momento del confinamiento. Salir al balcón a aplaudir a los sanitarios y sanitarias cada tarde era, para algunos, la única forma de interactuar con los vecinos, de dejar que el aire les despeinara y olvidar por un momento que estaban entre cuatro paredes.

Para los que tienen la suerte de tener una parcela de jardín, un patio, azotea o una buena terraza, la restricción no fue tan dura, pero, para aquellos hacinados en pisos de 70 metros cuadrados o menos, se convirtió en una pena de cárcel, más cuando ese reducido espacio vital se compartía con múltiples personas, aunque fueran seres queridos.

El gran desaprovechamiento que existe de las azoteas en éste país es incomprensible, cuando tenemos el clima más amable de Europa. Los edificios no se diseñan para que la cubierta sea útil en general, aparte de ser el soporte de las obsoletas antenas de televisión y cobijo de palomas. Los tenemos como un espacio común sin beneficio para nadie.

El terrado abandonado a su suerte tiene una segunda oportunidad producida por la necesidad de tener un espacio libre del encerramiento en casa, sea por ley o voluntario. Muchos han recuperado ese espacio vertical y le han dado forma de libertad, lo dotan de vida verde y de tranquilidad con una silla y un libro, o de conversación con el vecino que apenas saludaban antes en el descansillo, y todo porque un virus nos ha recordado que hay otro ritmo, otra forma de enfrentarnos al día a día. La arquitectura sostenible opta por cubiertas verdes, y ya existen ejemplos de mecanismos de aprovechamiento energético que logran reducir la temperatura y absorber el agua de la lluvia para llegar a formar parte del paisaje que las rodea, pero su implantación y mantenimiento aún es complejo.

Debemos poner en práctica, no solo los planes urbanísticos que transforman una ciudad en más sostenible y accesible, sino también, viviendas flexibles y cómodas donde conciliar lo familiar con lo laboral, porque después de todo, el hogar es el refugio del guerrero

En artículos anteriores señalamos que el urbanismo tiene un reto post pandemia: Transformarse, ser más flexible, verde y asequible, más saludable, en suma. La arquitectura residencial también debe tener en cuenta estos cambios en sus diseños. Las viviendas interiores y los pisos diminutos ya no tendrán demanda si interiorizamos lo padecido en el 2020. Pero existen algunos escollos: Los promotores de viviendas intentan no incluir las terrazas en sus diseños porque las encarecen, los balcones suelen ser simbólicos, las azoteas privadas solo las encontramos en viviendas unifamiliares y los edificios no permiten que se transite por ellas.

Algunos arquitectos ya piensan en adoptar las escaleras de incendio que conocemos de las películas norteamericanas como opción de espacio libre para algunos edificios ya construidos. Por su ligereza, algunos incluso las conciben desplegables, como esos espacios extra en una auto caravana. Otra alternativa son construcciones con largos corredores como el edificio donde vivo y que nos alivió durante el tiempo de confinamiento. La arquitectura, y los arquitectos, deben tener claro que se demanda otro tipo de residencia, con espacios para el ocio y el trabajo. La primera medida sería adecuar las entradas para que cuenten con zonas de fácil desinfección, no una cámara de desinfección de laboratorio, sino una zona de descarga y limpieza; una suerte de exclusa sanitaria doméstica. La zona común debe ser flexible para ser zona de juegos, gimnasio, cine, comedor, escuela, etc. Un ejemplo de posibilidades espaciales en las viviendas del futuro está en El Informe Habitar de Blanca Lleó y Carlos Sambricio que reflexiona sobre alternativas contemporáneas de la vivienda colectiva.

Hay que tener en cuenta que el teletrabajo se está afianzando y requiere de espacios en el hogar donde se pueda desarrollar con todas las garantías y no mientras los niños corretean entre las sillas o la vecina nos visita. Es necesario estar aislado de “lo doméstico” para producir en el hogar, un adecuado lugar de trabajo en casa con toda la tecnología necesaria para uso de Internet, videoconferencias, etc. algo que los escandinavos llevan años incorporando a su vida diaria y que, como tantas cosas, cuesta adoptar en los países latinos.

El grupo londinense, Archigram, con sus utópicos diseños de edificios con una máxima capacidad de adaptación al medio fueron fuentes de inspiración de trabajos posteriores como el Centro Georges Pompidou en 1971. Esa flexibilidad de los centros de exposiciones contemporáneos de hoy, también hay que trasladarla a las viviendas.

Debemos poner en práctica, no solo los planes urbanísticos que transforman una ciudad en más sostenible y accesible, sino también, viviendas flexibles y cómodas donde conciliar lo familiar con lo laboral, porque después de todo, el hogar es el refugio del guerrero y el castillo en el que cada uno de nosotros habitamos.

Nuevos espacios de desahogo en la arquitectura post Covid19