Nuevatribuna

Nacionalpopulismo, los nuevos fascistas

No puedo dejar de mostrar mi rechazo frontal a estos nacionalpopulistas malsanos y venenosos que son quienes de verdad buscan dividir y romper, a sabiendas que es ahí donde pueden recoger beneficios

Por José Bujalance C. | "Cuando la mediocridad de los demás afecta tu tranquilidad, estás cediendo poder sobre ti".

El nacionalpopulismo lleva tiempo intentando organizarse en la Comarca del Alto Guadalquivir cordobés. Estos ciudadanos son un ardid de la prosapia. Una falsa esperanza, una fraudulenta expectativa, una verdadera burla. No son sino un grupo de oportunistas sin programa político que no declara la ideología, los valores que defienden, las propuestas y los planes de acción, sobre todo porque les da vergüenza reconocerse franquistas y lo ocultan porque carece de prestigio.

Conforman un heterogéneo grupo de populistas con formas de publicidad engañosa que no quieren sino el poder por el poder. Sin más fin que el ego en el mejor caso. Ni siquiera tienen muy claro que es y para que debe servir la política y creo que están muy lejos de poder llamarse grupo político. No puedo dejar de mostrar mi rechazo frontal a estos nacionalpopulistas malsanos y venenosos que son quienes de verdad buscan dividir y romper, a sabiendas que es ahí donde pueden recoger beneficios.

Los argumentos que estos oportunistas van a esgrimir son variopintos; desde la desafección con los partidos tradicionales a los relacionados con los grandes retos de la crisis económica y el desempleo pero, sobre todo, para sacudirse las dependencias y servidumbres respecto de los partidos nacionalistas, como si el nacionalpopulismo de Ciudadanos no fuese execrable y anacrónico, aun cuando parece extenderse como la pólvora el peligroso fascismo ideológico que los sustenta.

No esconden su xenofobia y tratan de azuzar y abrir un debate sobre seguridad, identidad y fronteras. Son populistas y tienen una retórica de extrema derecha cercana al despotismo ilustrado, queriendo todo para el pueblo pero sin acercarse demasiado no sea que se descubra su disfraz de manipuladores e irresponsables. No es lo mismo la opinión de personas acreditadas que argumentos absurdos y disparatados. Las políticas de "tolerancia cero" hacen crecer el "mercado humano" favoreciendo a las mafias esclavistas y generando guetos de marginalidad que terminan en conductas delictivas. Expresiones como estas son un subterfugio para hacer apología del fascismo e incitar a la discriminación, al odio y a la violencia, desde la demagogia y la radicalidad.

En El Carpio, por ejemplo, han presentado sus credenciales de bedel, quejándose del mantenimiento, informando que no se realizan algunos trabajos; no saben desarrollar un programa político y cuando lo presenten ya auguro que será muy mediocre, falto de concreción, sin visión ni recorrido para forjar ideas con las que luchar por un mejor futuro, lo que dejará en evidencia a esta formación de cuneros y paracaidistas.

Los nuevos ciudadanos conforman un grupo absolutamente rancio; típicos patriotas de pulserita y bandera española que pretenden vender nuevas formas de gobernar, no dejando ver que son derecha carpetovetónica que añora el régimen dictatorial y que en algunos casos hacen parecer a los populares sensatos y moderados. Supongo que adoptarán el estilo Trump, diciendo un sinfín de mentiras y gilipolleces, pretendiendo que parezca algo moderno e insultando la inteligencia de algunos con una catarata de embustes y chorradas.

Escondidos tras su ingeniería mediática y enorme propaganda se esconden quienes no defienden precisamente la justicia social y no hay que olvidar sus vínculos con otros partidos y/o asociaciones ciertamente detestables, sin sentido común ni talante democrático, que gustan de recortar derechos, prestaciones sociales e ingresos, enarbolando banderas ya conocidas de odio, rivalidad, rencor, resentimiento y egoísmo, recurriendo una vez más al totalitarismo.

Espero que no lleguen a ocupar espacio político alguno que denote su incapacidad, llevando a algún ayuntamiento a la ingobernabilidad y el desprestigio. La realidad en la mayoría de los municipios de la comarca es triste, muy triste, pero lo es más pretender gobernar desde la insignificancia y la debilidad, sin visión, sin proyecto; con lo que será un programa falso, malo, anodino y servil, vulgar, carente de personalidad, acomodaticio, y lo que es peor, lleno de prejuicios y opuesto a la solidaridad.