miércoles. 24.07.2024

Malos tiempos para la socialdemocracia

Por Mariola Marrero | Este fin de semana será investido Mariano Rajoy como presidente del gobierno, en representación del Partido Popular (PP).

Sí, el PP de los recortes que ha abierto la gran brecha social, que ha vuelto a instaurar la pobreza como realidad en el país, el que ha mermado derechos a trabajadores, el partido sentado en el banquillo acusado por beneficiarse de la trama Gürtel, salpicado por una docena de casos de corrupción.

Cuando se pone de ejemplo la Gran Coalición Alemana para justificar la abstención, sólo objeto que el partido de Merkel no es lo mismo que el Partido Popular. Quizá fuera menos traumático apoyarla a ella.

La división dentro del partido socialista es lógica. La otra opción es ir a unas terceras elecciones de las cuales habrá parte del electorado que le culpe de que se celebren y le castigará, sin contar con que se va sin secretario general, sin un rostro que represente los valores de la formación, aunque aquí sí hay un culpable, o más bien, diecisiete dimisiones de la Ejecutiva transversal que obligaron a Pedro Sánchez a dimitir.

De lo que el ex secretario general hizo bien o mal, eso que cada cual crea lo conveniente, no es de lo que me ocupo aquí. No expreso mi opinión, solo hechos acaecidos en la historia.

Una cosa está confirmada; Apoyar políticas de derecha no le hace ningún bien a los socialdemócratas, y las alianzas con los partidos conservadores cuestan caro en las urnas a los socialistas que gobiernan con ellos en 12 países de la Unión Europea. Habrá que ver cómo les va y qué futuro se vislumbra después de acercarse a la derecha.

La Socialdemocracia es una ideología que nace para procurar un Estado de bienestar universal y la negociación colectiva dentro de una economía capitalista con idea de asistencia mutua y de solidaridad comunitaria a través de políticas reformistas y participación ciudadana, con preocupación por el medio ambiente y la integración de las minorías sociales, con el fin de crear una democracia moderna con primacía de valores sociales y progresistas.

Pero esta socialdemocracia lleva décadas en continuo retroceso en las urnas y en su proyecto de sociedad ideal. Decrece por la izquierda con el resurgir de nuevos partidos populistas que compiten por su espacio electoral y político y que ganan cada vez más apoyo. La socialdemocracia ha perdido influencia incluso en el plano intelectual, ya no son referencia de escritores, actores, músicos y académicos que, sin moverse de su posición, sienten que son adelantados por la derecha por el partido que les representaba.

Si el máximo objetivo es la igualdad, habrá que procurarla. El tono del discurso puede ser más o menos convincente pero, las acciones lo son todo y es ahí donde flaquea un socialismo incapaz de lograr ese objetivo cuando defienden políticas impopulares para sus bases electorales y sus líderes se venden a los lobbies empresariales para optar por un puesto en los consejos directivos.

Reflexionar si, introspección sí, pero no la de mirarse el ombligo, sino aquello que falla. Por alguna razón, o razones, hemos pasado de gobernar la mayoría de países en la Unión Europea a hacerlo una minoría muy pequeña.

Una de esas razones es la línea que en los años 80 los partidos socialdemócratas tomaron apartándose de sus políticas y adaptándose a principios neoliberales, la ideología dominante durante la construcción de la Unión Europea.

Hacía falta un culpable para justificar la desviación y en este caso fue  la globalización. No se podían seguir políticas expansivas pero, los países donde la tradición socialdemócrata estaba más desarrollada, los países escandinavos eran países bastante globalizados porque al ser pequeños, sus importaciones y exportaciones representaban el porcentaje del PIB más alto de la Unión Europea.

Estos datos echaron por tierra la tesis de culpar a la globalización para un cambio de ideario ya que, un país podía estar muy globalizado y continuar aplicando políticas socialdemócratas.

Hay que hacer memoria, hay que conocer la historia.

El acercamiento de los partidos progresistas y socialdemócratas al neoliberalismo comenzó en EEUU cuando Bill Clinton incumplió todas sus promesas, pasó a ser el presidente del Partido Demócrata más cercano al poder financiero de la historia según su propio ministro de trabajo Robert Reich. Colocó como centro de sus políticas publicas los intereses del capital eliminando la “Ley Glass Steagall” aprobada por Roosevelt en 1933, que prohibía que los bancos comerciales también fueran de inversión y, dejando que la especulación volviera a cebarse con la economía como la que provocó el crack del 29.

Consecuencia: En 1994, el Partido Demócrata es derrotado en las elecciones al Congreso y Senado por el enfado y abstención de la clase trabajadora, que dio control del Congreso al Partido Republicano. ¿Les suena de algo?

El Canciller Schroeder con su programa 2010 en Alemania y las políticas de austeridad pública más graves de la historia, apoyó al capital financiero y al mundo empresarial exportador, a costa del nivel de vida de la clase trabajadora. El SPD, gobierna en Gran Coalición con la canciller cristianodemócrata Angela Merkel y acusa el desgaste del poder y su apoyo al partido conservador en sus políticas cayendo al 20%.

En Francia, la gran esperanza Hollande sufre una crisis de indefinición ideológica tomando decisiones derechistas en temas como la seguridad ante la amenaza yihadista y el problema de los refugiados.

Consecuencia: François Hollande, solo tiene un 13% de apoyo en los últimos sondeos, ni siquiera pasaría a la segunda vuelta en las próximas elecciones.  La líder del Frente Nacional, Marine Le Pen y su Frente Nacional ya cuenta con un 33% y pasará a la segunda vuelta con el candidato de Los Republicanos, ya sea Nicolás Sarkozy o Alain Juppé.

El Pasok que también gobernó Grecia en alternancia con los conservadores durante décadas, consiguió solo un 4% de los votos quedándose sin poder parlamentario en las últimas elecciones.

En Finlandia los socialistas cayeron hasta la cuarta fuerza política, en Polonia, la izquierda desapareció del Parlamento por primera vez desde la caída del comunismo y en Dinamarca, a pesar de ser la fuerza más votada, los socialdemócratas han perdido el gobierno a causa del ascenso del Partido Popular Danés y de la derecha.

En el Reino Unido, Tony Blair, primer ministro del Partido Laborista fue más liberal que la propia Thatcher en algunos temas. Su Ministro de Finanzas, Harold Brown, dio plena independencia al Banco de Inglaterra, desregularizando el mercado financiero y permitiendo que la City, fuera el epicentro para los hedge funds mundiales, permitiendo prácticas irregulares. 

Consecuencia: Las políticas neoliberales del Partido Laborista decepcionan a sus bases y pierde más de la mitad de sus afiliados durante el gobierno Blair, enfadados además con su apuesta por apoyar la guerra de Irak.

Jeremy Corbyn, recientemente reelegido, fue elegido por las bases con un 62%, en cambio no tiene el apoyo de su grupo parlamentario. Pero puede presumir de haber conseguido más afiliados en 20 meses que en los últimos 20 años, actualmente el Labour Party es el partido político de Occidente con más miembros, más de medio millón, aunque las encuestas no le dan el gobierno a corto plazo, Corbyn le ha ganado el pulso al aparato del partido ganándose a esa inmensa militancia gracias a un discurso de izquierdas, regresando al origen de la esencia del laborismo y la Unión sindical.

En 1993, en España, el PSOE cambia sus políticas públicas sociales y económicas aun cuando el déficit de gasto público social había ya sido reducido a la mitad.

Consecuencia: El partido pierde la mayoría en Las Cortes y pacta con la derecha catalana, practicando políticas neoliberales, enfureciendo a sus militantes que protestan contra el aparato y que produce la elección como candidato a la presidencia de Josep Borrell, seguidor de Keynes y que se forjó resistencias dentro y fuera del partido que le obligan a dimitir. Otra clara similitud reciente, ¿Verdad?

Más tarde se crean tres corrientes diferenciadas dentro del partido; la del aparato, que apoyó al candidato más conservador, José Bono, la de sensibilidad keynesiana liderada por Matilde Fernández, y la de compromiso de José Luis Rodríguez Zapatero que gana gracias al apoyo de la izquierda, ganando las elecciones tras la desastrosa gestión del gobierno del PP durante el atentado del 11 de marzo de 2004 y una gran campaña de intelectuales.

Pero Zapatero nombra como Ministro de Economía a Solbes, el mismo que comenzó las políticas neoliberales en 1993 y garante del liberalismo en la Comisión Europea. Para rematar, elige un equipo económico de marcado carácter liberal, con el banquero David Taguas a la cabeza. Así es como Zapatero comenzó a echar a la izquierda de su gobierno.

Está claro que lo que pretendía el presidente era tranquilizar al sistema financiero y por esa razón nombra a Miguel Fernández Ordóñez gobernador del Banco de España, que se pasó toda la legislatura criticando al gobierno que lo había puesto allí, en vez de controlar la aventura de Bankia.

En 2008 el giro a la derecha es ya descaradamente traumático con el apoyo de la derecha nacionalista catalana y con un equipo económico que no tuvo pudor en reducir los derechos laborales y sociales en el país con la excusa de la crisis que nadie vio venir, y provocando la gran protesta y huelga general.

Consecuencia: Derrumbe electoral con Pérez Rubalcaba como Secretario General y mayoría absoluta para los conservadores, gran decepción entre votantes, indignación por la catastrófica gestión de la crisis y la entrega del poder soberano a la Banca Alemana. Aparición de movimientos populares/populistas y ascenso de Podemos que pugna por arrebatar al PSOE su espacio histórico.

En 2015, el PSOE cree encontrar la salida preguntando a esa militancia molesta, aplacando así una desbandada. Primarias, elección de nuevo líder para un nuevo tiempo. Pedro Sánchez pierde dos elecciones consecutivas consiguiendo, en un marco político diferente, con dos partidos más en liza, el 20 de Diciembre 90 escaños, y en  segundas elecciones el 26 de Junio, evitando por los pelos la amenaza del ‘sorpasso’ por parte de Unidos Podemos.

Una cosa está clara, las socialdemocracias de Europa han sufrido un palo electoral del que algunos partidos no han podido recuperarse. La causa es la aplicación de políticas neoliberales. Arrimarse a la derecha solo constata carencia de todo lo que significa ser socialdemócrata. Y no hace falta reflexionar mucho para ver qué es lo que ha llevado a la Europa actual, a sentir gran desapego por las políticas creadas para la mayoría.

El problema de la Eurozona no está en los países periféricos sino en su mismo corazón. Las políticas de austeridad han desembocado en enfado, desaliento, pobreza y el surgimiento de partidos de extrema derecha e izquierda que aprovechan esa indignación ciudadana para beneficio de sus causas.

El endeudamiento de los estados, el escaso crecimiento económico, la globalización, y desarrollos tecnológicos de la información y la comunicación y la libre circulación para bien de la integración europea, han sido gran parte las causas de la caída de la socialdemocracia. Un nuevo mundo donde las clases medias se aburguesan y se alejan de la realidad de los desfavorecidos volviéndose más conservadoras según van ganado estatus social.

Si el electorado no identifica al socialismo como lo que es, sino como muleta para gobiernos conservadores… ¿Qué utilidad tiene un voto para el PSOE? La historia lo dirá. Sus votantes esperamos, con urgencia, que retome la senda de la izquierda.

Malos tiempos para la socialdemocracia