martes 15.10.2019

Lo que nos jugamos

Por David Buxens | Estamos en la recta final de la campaña electoral para las elecciones a Cortes (Congreso y Senado). Se trata de un período atípico, ya que dichas elecciones trascendentales coinciden en el tiempo con otras no menos decisivas, las municipales, Autonómicas (salvo en el caso de Cataluña, Euskadi y Galícia) y las Europeas, que afectan a muchas cuestiones de la vida diaria de los ciudadanos y que éstos ignoran.

Por un lado, nos encontramos a una derecha que, viendo que en Europa desde hace 5 años el discurso de la radicalidad, del odio al diferente, al que necesita ayuda, al que discrepa, ha calado hondo y ha sido rentable electoralmente, quiere ser imitado en España, abandonando la centralidad y el sosiego, a veces excesivo, del que hacía gala Mariano Rajoy, volvemos al “en Política todo vale”, incluso la vergonzosa utilización de las víctimas del terrorismo etarra. Es el Aznarismo después de Aznar, la entronización de las ideas de un mediocre inculto a través del aparato propagandístico del PP, la FAES, que ha creado una hidra reaccionara de tres cabezas, Ciudadanos, VOX y el actual Partido Popular de Pablo Casado.

Por otro lado, las izquierdas siguen divididas, Pablo Iglesias, volvió a cometer el impagable error de incitar veladamente a la abstención, olvidando que “Doña Abstención” y “Don Indiferente” sí van a votar, y votan tradicionalmente derecha y, en esta ocasión, tienen tres maravillosas opciones reaccionarias a elegir. Pedro Sánchez es el que más arriesga en este loco casino en que se convertirá la cita del 28A, se juega el prestigio logrado por un Gobierno que asombró a Europa, primero por la alta cualificación de sus Ministros y sobre todo, de sus Ministras, por retar las erradas políticas económicas dictadas desde Bruselas. Sánchez se juega también, una vez afianzada la hegemonía socialista dentro de la Izquierda española, volver a ser una opción cercana al ciudadano de a pie y sus problemas reales en la cita del 26 de Mayo y por último se juega el seguir avanzando en las reformas sociales que este país necesita para homologarnos a los países europeos con un mayor índice de bienestar.

Lo que nos jugamos, en resumen, es credibilidad, avanzar en nuestro grado de democracia alcanzando una mayor cuota de satisfacción y transparencia. Nos jugamos las conquistas en derechos y apuntalar definitivamente el Estado de Bienestar, nos jugamos progresismo versus reaccionarismo, autoritarismo, conflictividad e insatisfacción, nos jugamos algo que ya nada tiene que ver con “vieja” o “nueva” política, ya que dichos términos son ficción, existen  las políticas efectivas y las políticas afectivas, nos jugamos finalmente no sólo un modelo de Estado, sino el marco de convivencia que queremos adoptar cara a las próximas 2 o 3 décadas.

Concluyo invitando a todo lector a acudir a las urnas informado, que vea qué programa le convence más, que sepa qué es lo que está votando y cuál es el funcionamiento de las Instituciones para las que se presentan los candidatos y por último, una vez votado, exigir individual y colectivamente, que aquella opción votada y sus representantes, primero cumplan mínimamente con lo comprometido y luego ofrezcan explicaciones e informen a los ciudadanos del por qué no se está produciendo la conducta política que defienden, a eso, amigo lector, es a lo que te comprometes cuando vas a votar y eliges una opción, se le llama calidad democrática.

Lo que nos jugamos