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El juicio del “procés”: la solución debe ser política

La pelota debe estar en el tejado de las instituciones políticas, tejado del que, por cierto, nunca debió haber salido, ni haberse judicializado

Por Mario Regidor | Esta semana comienza el juicio del “Procés”. No cabe duda de la importancia del también llamado Juicio del Siglo, en especial, por las implicaciones políticas que tiene y lo que está influyendo en cuestiones capitales como la aprobación de los presupuestos estatales para el presente año. ¿O es que alguien duda del aumento de presión que han incentivado tanto el PDCAT como ERC con sus enmiendas a la totalidad en pos de “tener un juicio justo”? A este órdago ha respondido el gobierno con la amenaza, todavía inconclusa, de convocar elecciones generales anticipadas, antes incluso que las municipales y autonómicas previstas para el 26 de mayo.

A todo esto debemos sumar la estrategia de VOX, muy similar a la de UPyD en su momento ejerciendo el papel de acusación particular en procesos ligados a la corrupción en el caso de éste último partido y que ahora parece querer coger el testigo VOX pero no en procesos de corrupción como UPyD sino en procesos en donde su actuación les supone un rédito político innegable (que, en muy pocas ocasiones, consiguió rentabilizar UPyD) y un altavoz mediático durante varios meses digno de ser tenido en cuenta justo a 3 meses de unas elecciones municipales, autonómicas y europeas que devienen en cruciales para el futuro de este país, sin olvidar la sombra de unas elecciones generales anticipadas que planea en el imaginario político colectivo, tal y como dijimos en el párrafo anterior.

Otro aspecto importante de este proceso es el seguimiento que realizará la sociedad de sus alegatos, intervenciones, el hecho de que sea abierto al público y que pueda ser retransmitido e, incluso, lo sucedido con el presidente del tribunal, el Juez Marchena que denegó el honor de ser presidente del Tribunal Supremo por la jactancia en un grupo de Whatsapp de controlar este tribunal por parte de Ignacio Cosidó, incomprensiblemente, todavía portavoz del PP en el Senado.

Lo comentado en el párrafo anterior, es evidente que ha tenido su correlación y su influencia en el impacto mediático que lleva pululando en torno a este proceso y todo lo que conlleva por parte de los diferentes medios de comunicación que, en función de su línea editorial o, más bien, de sus fuentes de financiación (de los diferentes medios, me refiero…), hacen los editoriales y publican las noticias que consideran convenientes.

En suma, este proceso va a llegar hasta el verano y la sentencia no se hará pública hasta pasado el mes de agosto. La situación, se mire como se mire, es muy complicada de gestionar porque lo que deberían hacer los jueces es, simplemente, ceñirse a los hechos y determinar si hay rebelión, como pide la acusación particular (VOX, en este caso), si sólo hay sedición, como pide la Abogacía del Estado o la absolución, como piden las defensas de los procesados.

En cualquier caso, pase lo que pase, muchas partes quedarán descontentas y la agitación social continuará o, incluso, se incrementará. Todo ello, reitero, en mitad de una convocatoria electoral municipal, autonómica y europea con unas generales que, si no se aprueban los presupuestos (lo que yo veo muy lejano), se acercará en el tiempo, bien sea en abril o en otoño dicha convocatoria anticipada de elecciones.

De todos modos, me gustaría recalcar que la paja no debería de ser óbice para no ver el trigo. Ahora tenemos un juicio porque, supuestamente, los 12 procesados cometieron actos ilegales, ya veremos en qué proporción y de qué manera, pero el propio Juez Marchena, presidente de este tribunal y perteneciente a la Asociación Profesional de la Magistratura (asociación mayoritaria y conservadora de los jueces en España) ya comentó la necesidad de “dar una solución política” a este asunto.

Es decir, que la pelota debe estar en el tejado de las instituciones políticas, tejado del que, por cierto, nunca debió haber salido, ni haberse judicializado.

No obstante, hay que reconocer que muchas personas y muchos partidos tienen la culpa de que la situación actual en Cataluña esté tan enquistada y el auge del independentismo haya llegado a la mitad según las encuestas que, además, en porcentaje de voto se asemeja a la correlación actual de fuerzas en el Parlament.

Para empezar, el órdago realizado por Artur Mas en el año 2012 para conseguir una mejor financiación para Cataluña en mitad de una crisis económica galopante que afectaba a todo el país. Seguida de la posición de “Don Tancredo” de Mariano Rajoy de ver, escuchar y pasar de todo, germen inicial de la inacción del estado y de la sugerencia de empezar a dejar todo para un arreglo judicial. La actitud de Rajoy y el hecho de “tirarse al monte” en la Diada por parte de Artur Mas galvanizó a gran parte de la sociedad catalana para sentirse maltratada por Madrid y empezar a caldear el jugo del independentismo que antes no atisbaba, siquiera, el 20% en el sentimiento de la población y que ahora se acerca al 50%.

Sinceramente, pase lo que pase en este proceso judicial, coincido con el juez Marchena, la solución pasa por el diálogo y por el enaltecimiento de la política. Algo que el presidente Sánchez lleva intentando desde que asumió la presidencia del gobierno pero que, lamentablemente, y en contra del consenso que llevó a cabo la Transición en su momento, la derecha y el independentismo no parecen estar por la labor de atemperar presiones y sentarse en una mesa a hablar y encontrar una solución conjunta.

La verdad es que, todo esto, lo que demuestra es que no tenemos líderes políticos como los que alumbraron la Transición en una de las épocas más oscuras de nuestra historia contemporánea.