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domingo 22/5/22

Insolidaridad europea

Por Sonia Carrasco | El drama de los refugiados en Europa se agudiza con la llegada del invierno y las bajas temperaturas. Personas que huían de una muerte segura debido al conflicto sirio, al final están encontrando la muerte en nuestra “Europa Solidaria”.

En 2015, al menos, 1,8 millones de refugiados entraron en Europa buscando su salvación y un mundo mejor para ellos y sus hijos. Muchos de ellos viven en campos de “concentración” con muchísimas dificultades para combatir el frío polar que en estos momentos sufre Grecia, Polonia, Italia, Rusia...

La Ola de frío Polar hasta el momento ha acabado con la vida de al menos unos 30 refugiados de los 60.000 que se encuentran a la intemperie... ¡Que paradoja! No querían morir a causa de la guerra y mueren en Europa a causa del frío y de la desidia europea.

La recolocación de los refugiados en los diferentes Estados de la Unión Europea ha fallado y por lo tanto somos responsables de estas muertes. Ninguno de los estados miembros ha cumplido con sus compromisos. Europa viola los Derechos Humanos permitiendo la grave situación de los refugiados. Exponer a estas personas a este trato inhumano, además, viola la Convención Europea de los Derechos Humanos. En suma, mucha burocracia y declaración de intenciones y poca o nula actuación ante la desgracia.

Para colmo, la Comisión Europea alerta sobre el riesgo de los refugiados en Grecia y hace responsable a este país de las consecuencias; cuando en realidad es una responsabilidad de todos y cada uno de los países europeos... Bastante solidaria ha sido Grecia en acoger a miles de refugiados.

Las políticas de los países comunitarios, al no tomar medidas al respecto, están cometiendo una grave negligencia empeorando una situación que, ya de por si, era complicada e insoportable para miles de refugiados. Está claro que Europa necesita más educación y una gran dosis de humanidad para recibir a los refugiados.

Lo que debería de haber sido una situación de transito temporal se ha convertido en una situación de retención indefinida en los diferente campos, donde muchos de los refugiados sobreviven en condiciones extremas, mal alimentados y vestidos y viviendo en tiendas de lonas sin calefacción. Los más afectados, los niños y los efectos que la ola de frío puede desencadenar en ellos, al estar masificados los campos de concentración, hay más riesgo de contraer gripe e infecciones respiratorias graves. Estas condiciones pueden derivar en más muertes.

La actitud europea ante esta crisis es indigna mientras sigan descargando la responsabilidad hacia los países más débiles como es el caso de Grecia. En realidad, el problema no es el frío, sino la ineficacia del resto de países europeos al atrasar el traslado de los refugiados a otros países, como se acordó en su momento.

Las imágenes que hemos visto estos últimos días de las condiciones en las que se encuentran los refugiados, es la vergüenza de Europa, o más bien la desvergüenza. Es volver la cabeza a otro lado, ya saben eso de ojos que no ven corazón que no siente. Pero somos muchos los que vemos las imágenes de la vergüenza, de las muertes por congelación, por el frío.

Siento vergüenza ajena, por estas muertes, por las políticas mal planificadas de la Unión Europea, por los daños generados y que ya no se pueden resarcir. El invierno, el frío polar es algo que no podemos controlar, pero la voluntad política para atender esta crisis si es algo que se puede y se debe controlar, simplemente por humanidad.

Insolidaridad europea